Pintoreak

Sanz Ramírez, Carlos

Pintor, artista y poeta vasco, perteneciente a la corriente figurativista que surge en Guipúzcoa en los últimos años de la década de 1960. Nacido en San Sebastián (1943), falleció en esta ciudad el 22 de enero de 1987, víctima de un derrame cerebral, que ponía fin a una vida artística y personal, marcada por un talante cívico e intelectual de gran personalidad y una vida interior doliente, fruto de la hemofilia severa que le causó de por vida infinidad de preocupaciones.

Fruto de esta situación personal, y como consecuencia de esa vida interior sobre la que pesaba el dolor de la enfermedad, su pintura, escultura, poemas y su obra literaria narrativa, son expresión patente de esa desgarradura, que le llevó en ocasiones a afirmar que su obra no era sino un permanente autorretrato. Desde niño comienza su relación con la pintura, asistiendo, a sus diez años, a las clases que el pintor Ascensio Martiarena impartía en San Sebastián, y cuyo taller-escuela supuso el fundamental centro de formación de muchos pintores guipuzcoanos. Era éste de Martiarena el único magisterio que reconocía Carlos Sanz, quien llegó a decir: "Don Ascensio me aconsejaba: dibuja todo lo que veas; esta señora, tus pies, tus manos, lo que divises desde el balcón; te sales a la calle con el bloc y lo dibujas todo. Don Ascensio era una maravillosa persona" (1984).

Aunque desde 1960 a 1964 interrumpió la pintura, a partir de esa fecha dedica su tarea intelectual a conformar un mundo particular, configurando un arte donde la abstracción no era sino una forma encubierta de realismo mágico. Si bien su gran interés estuvo siempre en haber estudiado Filosofía y Letras, al no existir esta disciplina en sus años en San Sebastián, optó por realizar la carrera de Derecho, en la que se licenció. La abogacía fue con el tiempo una actividad marginal para él, pues su enfermedad le exigió siempre una vida recluida, que volcó por entero en la creación artística y literaria. El hecho de haberse quedado en su ciudad natal para realizar los estudios, supuso, como reconoció en varias ocasiones, una oportunidad para ir creando su obra. De hecho, los últimos años sesenta y primeros de la década de mil novecientos setenta, suponen la aparición de un grupo cualificado de pintores y pintoras en Guipúzcoa, convocados formalmente en torno al Gran Premio de Pintura Vasca, que por entonces se concedía en San Sebastián. En ese grupo de pintores jóvenes, se encuentran Juan Luis Goenaga, Ramón Zurriarain o el mismo Carlos Sanz, que hacen de la figuración lenguaje común. Como ha reconocido la esteta Maya Aguiriano, que ha estudiado este grupo en el contexto espacial y temporal, tanto estos pintores, como Vicente Ameztoy o Marta Cárdenas -aunque éstos se decantarán por un realismo más acusado-, surgen temporalmente al unísono de otros movimientos internacionales, como el nuevo realismo francés.

"El escurridizo matiz -ha escrito Maya Aguiriano- que define dónde acaba la figuración y dónde empieza el realismo, tan difícil y hasta imposible de precisar en muchas ocasiones, es el hilo finísimo en que se mueve la pintura de Carlos Sanz. No es un encasillamiento más o menos acertado lo que trato de explicar, sino una tensión que está en la propia pintura, y que le es hasta tal punto consustancial que a ella debe su inconfundible personalidad".

Carlos Sanz, que mostró toda su personal encarnadura a través de sus óleos, dibujos y "collages" (expresión esta última por la que tenía una especial predilección en los últimos años), realizó varias exposiciones en distintas capitales vascas y españolas. Sus últimas exposiciones tuvieron lugar en la Galería 16, de San Sebastián (1984) y en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (1985), donde expuso pinturas y dibujos pertenecientes a la etapa 1978-1985. Su primera exposición individual había tenido lugar en 1967, en la galería Barandiarán de su ciudad natal, sala que se convirtió en aquellos años en centro de reunión de la más importante vanguardia artística y foco de concienciación política para muchos ciudadanos vascos. Sanz, que obtuvo diversas menciones y premios en distintos concursos nacionales, obtuvo el primer premio en 1969, en el certamen anual "Alavesa de Artes Plásticas". En 1973, recibió, ex-aequo, el primer premio del Primer Certamen Vasco-Navarro de Pintura, celebrado en Bilbao. Pero si la pintura y la escultura (que en este último caso se manifestó en composiciones de pequeño tamaño, diseñadas y creadas a partir de materiales de deshecho principalmente), fueron los cauces de expresión de sus inquietudes artísticas, la pasión más señalada de Carlos Sanz fue la literatura.

Cultivado en muy variadas lecturas desde su niñez, Sanz declaró en muchas ocasiones que, de tener la oportunidad de realizar una película o escribir una novela, dejaría de pintar. En un texto suyo, publicado en la revista "Kurpil" (1974), para acompañar a una colección de dibujos del mismo autor, Sanz expresaba con rotundidad esa decantación por la obra escrita:

"Pinto porque me gusta -aseguraba entonces Carlos Sanz- como quizá no me gusta nada en el mundo. Pinto porque -a pesar de una higiénica y metódica desconfianza en mí mismo, algunos críticos, varios compañeros, bastantes amigos y quizá un imperdonable espejismo, me han dado alientos hasta ahora para perseverar. Pero sobre todo pinto porque no sé hacer otra cosa... quiero decir que no siento el menor orgullo de ser pintor, bueno o malo... Quiero decir que si estuviese en condiciones y fuese capaz de escribir una novela o dirigir cine dejaría de pintar, aunque me tuviera a mí mismo por el mejor pintor del mundo". "Siempre he tendido a considerar -añadía entonces Sanz- que el capítulo de una novela o la secuencia de una película tiene más poder comunicante que diez cuadros. Y si algo hay en el verdadero arte, antes que ninguna otra cosa, es comunicación".

Carlos Sanz dejó escritos varios relatos y un conjunto de poemas, que en su mayor parte fueron escritos en los últimos años sesenta, momento en que su conciencia personal y política le lleva a militar en el Partido Comunista de España. Como miembro de esta formación política participó en los movimientos estudiantiles y sociales de oposición al franquismo y, aunque dejaría la militancia antes de 1968, en 1977, con las primeras elecciones democráticas, manifestó su intención de apoyar a los comunistas vascos. En 1979 participó en el grupo de intelectuales que pidieron publicamente el apoyo para el Estatuto de Autonomía de Gernika. Su inquietud por el desarrollo político le mantenía permanentemente preocupado por el presente y el devenir de la sociedad vasca. Esa inquietud quedó reflejada en algunos textos narrativos, en su diario personal, que escribió durante toda su vida, y en los ya citados poemas. Algunos de éstos fueron vertidos al euskera por Gabriel Aresti y, aunque su propio autor tenía poca consideración sobre los mismos, su poesía está a la misma altura de su obra pictórica y, de forma evidente, la clarifica, superponiendo los planos de una misma expresión. Algunos de estos poemas han aparecido en antologías, como es la publicada con el título 23, editada por Hórdago (1981). Miembro de la Asociación Artística de Guipúzcoa, de la que fue dirigente durante cierto tiempo, participó en el desarrollo de un ambiente cultural en la década de los años sesenta, a través de tertulias, convocadas en la citada institución o en la cueva "Espelunca". En los últimos años era miembro de la junta directiva del Ateneo Guipuzcoano. La Diputación Foral de Guipúzcoa ha preparado un libro que, bajo el título Carlos Sanz, por dentro, aportará una visión de la rica y compleja personalidad artística de este pintor y creador vasco.