Compositores

Isasi Linares, Andrés

Compositor y poeta. Bilbao, 1890 - Getxo, 1940. Uno de los más destacados sinfonistas de la música vasca; autor asimismo de numerosos Lieder y de abundante obra pianística, camerística y coral. Su estilo cosmopolita y su acusada personalidad artística lo singularizan como una de las figuras más sobresalientes de su generación, a pesar de la escasa popularidad de su obra.

Huérfano desde muy niño, se crió junto a su abuelo Andrés Isasi Zulueta, notable financiero y político local, oriundo de Álava. Éste había sido nombrado Marqués de Barambio por Amadeo I de Saboya (1872), título que heredaría el compositor, aunque siempre rehusó dicho tratamiento. En Bilbao, estudió piano con Miguel Unceta, destacando pronto por su talento y su inequívoca vocación musical. En 1908 se revela como compositor prolífico y precoz: tras presentar dos Bocetos para chelo y piano en la Sociedad Filármonica de Bilbao la editorial bilbaína Lazcano y Mar le publica siete álbumes de obra diversa, para cuya promoción organiza otros dos "Conciertos Isasi" en la misma Filarmónica.

Finalizado el bachillerato en 1909, se traslada a Berlín, donde estudia composición con Engelbert Humperdinck, y piano con Karl Kämpf. Isasi se adapta con éxito a la cultura y el ambiente germanos, que marcarán su trayectoria posterior. Según María Nagore, ya en 1910 proyectaba el estreno de su Primera Sinfonía en Düsseldorf. Un año después, la Sociedad de Cuartetos de Bilbao estrenó en la Filarmónica bilbaína su Cuarteto en Sol mayor. Esta obra llegaría a interpretarla en Estocolmo el Cuarteto de Julius Ruthströhm, en 1914. En febrero de 1913 se estrena en la sala Blüthner de Berlín el poema sinfónico Zharufa, con Bruno Weyersberg al frente de la Blüthner Orchester. El éxito es muy halagüeño y abre la puerta al estreno berlinés de nuevos poemas, como El Pecado y Amor dormido (25-01-1914). Zharufa, de inspiración morisca, es galardonada en 1914 con el 2º premio del Concurso Internacional organizado por el Conservatorio de Malmö (Suecia).

Durante estos años (c. 1911-1915) trabaja también en la composición de Lekobide, "tríptico legendario de cuadros lírico-vascos", sobre una leyenda de Juan de Araquistáin. El libreto, de orientación marcadamente nacionalista, era obra de Emiliano de Arriaga, traducida al euskera por Manuel Arrandiaga. Este proyecto coincidía con el mayor auge del movimiento en pro de la ópera vasca en Bilbao; sin embargo, el compositor sólo completó la partitura del acto primero, que no se ha conservado.

Al estallar la 1ª Guerra Mundial, Isasi regresa a Bilbao. Avalado por sus logros internacionales, comienza a adquirir renombre y prestigio en España. En 1915 la Orquesta de la Asociación Musical de Bilbao, dirigida por José Sáinz Basabe, presenta Amor dormido en el Teatro Campos Elíseos de la villa (11-03-1915). Meses más tarde, el compositor se convierte en uno de los protagonistas del ciclo de "conciertos populares" que el Orfeón Euskeria organizó en la Filarmónica bilbaína (octubre-1915/abril-16). En ellos dio a conocer su Berceuse heroica y varios de sus Lieder sobre poemas de Heine, acompañándolos él mismo al piano. Además, se escuchó de nuevo el Cuarteto en Sol, programado junto a seis Preludios vascos del P. Donostia y un fragmento del Urlo de Azkue, entre otras piezas de repertorio clásico y romántico.

En 1917, Amor dormido es aplaudido con entusiasmo en Madrid, donde lo estrena Bartolomé Pérez Casas con su joven Orquesta Filarmónica (Teatro Price, 2-03-1917). Reclamada por la Sociedad Coral de Bilbao para celebrar la inauguración de su nueva sede, la misma Orquesta interpretará este poema en el Coliseo Albia de Bilbao, tres meses más tarde (30-05-1917). Fue éste el primero de tres conciertos benéficos en los que se rindió homenaje, en días sucesivos, a Isasi, Guridi y el P. Donostia, respectivamente.

Por fin, el triunfo rotundo de su Segunda Sinfonía (1918) consagra definitivamente al autor, que es felicitado por la reina María Cristina y elogiado sin reservas por críticos como Margarita Nelken. Ciento veinte profesores asociados a la Orquesta Sinfónica de Madrid participaron en este estreno, bajo la batuta de Enrique Fernández Arbós (Teatro Odeón, 6-03-1918). La misma formación revalidó su éxito pocos días después en el Teatro Real (16-03), y al año siguiente en el Coliseo Albia bilbaíno (28-05-1919), de nuevo por invitación de la Sociedad Coral. Además, los mismos intérpretes volvieron a programar el scherzo y final de esta sinfonía en la conmemoración del XXV aniversario de la Sociedad Filarmónica de Bilbao, junto a la Sinfonía en Re de Arriaga y la Leyenda vasca de Guridi (20-05-1921).

Casado desde 1916 con Inés Olascoaga Amann, con la que tuvo cuatro hijos, Isasi se instaló en su villa familiar del barrio getxotarra de Algorta. Alejado de la vida pública, compone y revisa su obra sin presiones externas y con un alto grado de autoexigencia, lo que hace descender drásticamente sus estrenos. Su propio cuñado, Ignacio Olascoaga, se convertiría en el copista habitual de sus partituras.

Algunas de sus piezas pianísticas fueron difundidas por el virtuoso húngaro Emeric Stefaniai, y editadas en Budapest por la casa Rózsavölgyi & Co. En 1925, por ejemplo, Stefaniai estrenó sus tres Baladas en el Teatro Arriaga de Bilbao (26-02-1925), con más éxito de crítica que de público. Un mes más tarde, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por Armand Marsick, estrenó en la Sociedad Filarmónica el poema sinfónico Mendigos al sol (29-04-1925), que logró una acogida moderadamente cálida. Mayor indiferencia causó esta obra en Madrid, donde la presentó Arbós con su Sinfónica bajo el título Vendimión y Madre Ceniza (23-12-1925), en alusión a un poema de Eduardo Marquina.

En 1930 el compositor obtuvo un importante éxito con el estreno en la Academia de Música de Budapest del tríptico coral Angelus, que fue radiado. Su dedicatario, Desiderius Démeny, dirigió esta primera audición al coro de la catedral de San Esteban de Budapest, que incorporó la obra a su repertorio habitual. Durante esta década, también interpretaron su música religiosa la Capilla musical del Santuario de Arantzazu, que dirigía José María Arregui, y la bilbaína Schola Cantorum Santa Cecila, de Víctor de Zubizarreta. Personalmente, Isasi fue hombre de profunda espiritualidad católica. El P. Pablo Bilbao lo recuerda improvisando al órgano de la iglesia getxotarra de San Ignacio, cuya construcción había promovido el propio abuelo del compositor en 1878.

Gran amante y observador de la naturaleza, a menudo trabajaba fuera de su estudio, en el campo o en su jardín. Durante más de una década (c. 1925-1937) transcribió y recopiló multitud de cantos de pájaros, con vistas a la elaboración de un tratado de Ornitología, que nunca vio la luz. También fue notable su afición por el dibujo y por la fotografía artística (gomas bicromatadas). De personalidad reservada y discreta, Isasi se relacionó principalmente con un círculo íntimo de amigos, artistas e intelectuales como Joaquín Zuazagoitia, Esteban Calle Iturrino, José de Arriaga, Pablo Bilbao Arístegui o Juan María Uruñuela. Además, mantuvo contacto y amistad con diversos músicos europeos. Entre sus escasos discípulos, cabe mencionar a Sabino Ruiz Jalón y a Vicente Pérez-Jorge.

El compositor murió en Getxo cuando aún no había cumplido los cincuenta años de edad, aquejado de problemas cardio-respiratorios crónicos. Cuatro años antes había recibido su último homenaje en vida, al dirigir Jesús Arámbarri su Segunda Sinfonía a la Orquesta Sinfónica de Bilbao, en dos conciertos consecutivos. Todavía en 1938, la pianista Clara Bernal interpretaba en la Filarmónica de Bilbao dos de sus Films, "impresiones para la juventud" que ya habían sido dadas a conocer previamente en Ginebra.

Entre los proyectos que quedaron inacabados a su muerte, destaca por su originalidad la pastorela Jinete de abril, "drama en miniatura para un teatro de cartón", con guión del propio autor. Isasi llegó a escribir tres números de música incidental para esta pieza, que debía acompañarse de imágenes mudas filmadas con una cámara doméstica.

El conjunto de su producción puede dividirse en tres grandes etapas: obras de adolescencia, ciclo germánico y última madurez. De la primera de ellas, se ha conservado sólo una pequeña parte, a juzgar por las numeraciones de catálogo del propio músico. Este repertorio lo integran diversas piezas y canciones para piano solista o acompañante, y un primer cuarteto de cuerda. Resulta clara la influencia de Edvard Grieg, su compositor predilecto durante estos años, y, en menor medida, de Enrique Granados, a quien dedicó su Carnaval para piano. No obstante, Isasi se revela ya como autor con inventiva propia, de escritura elegante, y a veces virtusosística.

Su segunda etapa arranca de sus años de formación en Berlín y se alarga durante aproximadamente una década. Es entonces cuando compone el grueso de su producción sinfónica: 6 poemas sinfónicos, 2 sinfonías, 2 suites y 2 obras concertantes (para violín y piano, respectivamente), además de los catorce Lieder sobre poemas de Heine, el Cuarteto en Sol y la Sonata para violín y piano. Fueron éstas las obras que gozaron de mayor aceptación en vida del músico. Este repertorio, de buena factura, aparece imbuido del posromanticismo centroeuropeo, en la línea poswagneriana de su maestro Humperdinck.

Por último, el compositor fue desarrollando un lenguaje más concentrado y personal a lo largo de sus años de casi retiro en Getxo. En esta época abandona su predilección por las grandes formas orquestales, dejando inacabada su Sinfonía nº 3. No obstante, aún debió de realizar ensayos en este campo, pues fuentes contemporáneas mencionan repetidamente la elaboración de hasta cuatro sinfonías y algunos poemas sinfónicos hoy desconocidos. Tras un período dedicado a la elaboración de sus cuatro últimos cuartetos de cuerda, se centra en la composición de piezas para piano y, ya en sus últimos años, Lieder para voz y piano. El propio Isasi escribió los versos de estas canciones, que en conjunto constituyen una de las facetas más características y sobresalientes de su producción. También es destacable su breve repertorio de música religiosa, para coro a capella o acompañado de órgano. Se concilian en él las directrices del Motu proprio de Pío X con una conducción de voces novedosa y de intensa expresividad.

En las partituras de esta última etapa asoman reminiscencias del impresionismo francés y de la música modal de Béla Bártok, principalmente. Sin embargo, el estilo final de Isasi es de una gran originalidad, fruto de sus propias experimentaciones tímbricas y armónicas, progresivamente refinadas. Su interés por el estudio de los cantos de los pájaros, que imitó en algunas composiciones, establece un curioso vínculo con la figura de Olivier Messiaen, con el que también coincidía en su fervor católico.

Autor de técnica avanzada para su tiempo, su catálogo evidencia una clara predilección por la música de carácter programático o descriptivo, incluso en composiciones de apariencia más formal. En este sentido, la temática y el espíritu de muchas de sus obras musicales entroncan con las corrientes estéticas del Modernismo finisecular. Este movimiento estaba ya en decadencia al final de la vida de Isasi, pero continuaba vigente aún en la segunda década del s. XX: así, el exotismo magrebí de Zharufa es comparable al que por los mismos años exhibía Usandizaga en obras como Hassan y Melihah (1912) o La llama (1915), por ejemplo. La misma influencia modernista se percibe también en los textos poéticos de sus Lieder, que no fueron dados a conocer hasta 1955.

La recepción de la obra de Isasi ha resultado históricamente problemática y contradictoria. Su escasa repercusión póstuma contrasta tanto con la difusión internacional de algunas de sus composiciones, en vida del autor, como con su propia envergadura y calidad. Los primeros triunfos del compositor dentro y fuera de Bilbao fueron saludados con entusiasmo en su villa natal, que veía en él uno de los valores más prometedores de la renaciente música vasca. Sin embargo, su figura quedó pronto relegada a un segundo plano, ante la aparente impasibilidad tanto del propio compositor como de la sociedad que lo rodeaba.

Su posición acomodada le permitió dedicarse a la composición con independencia y libertad totales, aun al margen de las demandas culturales de su entorno. En este sentido, toda su creación constituye un ejercicio aristocrático de "arte por el arte", en el sentido más literal de la expresión. Por un lado, Isasi se desentendió de las doctrinas del nacionalismo musical, que en su tiempo era percibido casi unánimemente como imperativo estético, e incluso social. Tampoco llegó a cultivar la música teatral, de mayor repercusión entre el gran público del momento. Hay que tener en cuenta, además, que nunca estuvo asociado como docente ni intérprete a instituciones musicales que pudieran servirle de altavoz, o para crear escuela.

Aun así, Isasi fue un compositor conocido y respetado por la intelectualidad de su tiempo. Su Segunda Sinfonía y el poema Amor dormido han sido repertorio ocasional de la Orquesta Sinfónica de Bilbao desde su primera temporada estable (1922-23), aunque de un modo muy esporádico, y a veces fragmentario. En 1952, por ejemplo, Jesús Arámbarri incluyó el scherzo de la Segunda Sinfonía en el concierto extraordinario de música vasca que organizó el Ayuntamiento de Bilbao en el Teatro de la Zarzuela de Madrid (20-05). También la Agrupación Nacional de Cámara interpretó algunos de sus cuartetos durante las décadas centrales del s. XX.

El músico ha sido homenajeado póstumamente en diversas ocasiones y escenarios: Teatro Arriaga (1940), Sociedad Filarmónica de Bilbao (1965, 1980), Musikaste de Rentería (1974, 1990), Conservatorio "Andrés Isasi" de Getxo (1994). Durante años, el carillón de la sede de la Caja de Ahorros Vizcaína en Bilbao repicó las notas de su Angelus, por iniciativa de José María Olaizola. Por otro lado, en la década de 1980 la música de sus Films sirvió como carta de ajuste habitual de las emisiones de Televisión Española, en interpretación del pianista Juan Padrosa.

La recuperación y revaloración de la obra de Isasi ha avanzado paulatinamente desde finales del siglo XX, gracias, en parte, al impulso del músico getxotarra Javier de Solaún, apoderado de este legado. En este sentido, cabe destacar la creación del fondo "Andrés Isasi" en la biblioteca del Conservatorio-Escuela de Música municipal de Getxo, que lleva su nombre (1993). Por primera vez, además, se han realizado grabaciones comerciales de una parte significativa de su obra. En 2009, el cuarteto vasco-alemán Novalis pasó a denominarse Cuarteto Isasi, tras grabar la integral de su obra cuartetística para el sello internacional Naxos.