Monarquía y Nobleza

Juana I de Navarra y de Francia

Reina de Navarra (1274 a 1305).

Hija de Enrique I "el Gordo"de Navarra y de Blanca de Artois, sobrina del rey Luis IX de Francia. Nació en Bar-sur-Seine (Champaña-Ardenas) y ascendió al trono de Navarra, tras la muerte de su padre, con alrededor de un año y medio de edad. Su madre actuó como regente hasta que alcanzó los 12 años en 1284, edad en la que contrajo matrimonio.

La regencia tuvo que enfrentarse a una serie de dificultades. En primer lugar, parte de la nobleza y de los infanzones navarros eran contrarios a la administración francesa que habían introducido los monarcas predecesores de la Casa de Champaña (Teobaldo I y Teobaldo II). Por otra parte, las cancillerías aragonesa, castellana y francesa barajaban la posibilidad de casar a alguno de sus herederos con la joven reina e incluir así a Navarra bajo su influencia.

La primera disposición de Blanca de Artois fue realizar la convocatoria a Cortes en la Catedral de Pamplona. En esta reunión, celebrada el 27 de agosto de 1274, se nombró gobernador general del reino a Pedro Sánchez de Monteagudo, señor de Cascante. El gobernador juró respetar los fueros y anular las decisiones injustamente tomadas por el rey Enrique I y sus antecesores.

Ante la situación de incertidumbre e inseguridad del reino, los representantes de las villas asistentes al acto acordaron, en ese mismo lugar, prestarse ayuda mutua para defender los fueros en el caso de que no fuesen respetados por el gobernador. Igualmente acordaron que este pacto, formalizado por un plazo de 30 años, fuese renovado periódicamente cada siete por los vecinos de sus villas mayores de doce años. También dispusieron que cada tres meses acudiesen a Olite dos hombres buenos por cada una de las villas con el fin de reunirse y tratar sobre el estado de distintos asuntos del reino.

Tanto el rey de Castilla como el de Aragón pretendían casar a un descendiente de su familia con la reina Juana, y ambos reyes contaban además con sus partidarios dentro del reino de Navarra. El rey Enrique I había concertado en 1273 el enlace de Juana con el príncipe Enrique, primogénito de Eduardo I de Inglaterra, si bien, el monarca inglés no entró en esta disputa por la mano de la reina navarra. Según Lacarra, el rey de Inglaterra adoptó esta posición debido a su supeditación al rey de Francia.

El rey Jaime I de Aragón alegó razones hereditarias para solicitar a los navarros la unión de la reina Juana con alguno de sus descendientes, y realizó una campaña de negociaciones para que distintos ricoshombres y villas le apoyasen en su propósito. El 1 de noviembre de 1274 el gobernador Pedro Sánchez de Monteagudo y otros caballeros reunidos en Cortes en Olite, determinaron que jurarían y prestarían homenaje al infante Pedro, hijo primogénito de Jaime I, tan pronto como éste se presentase en Navarra a recibir la jura y los homenajes, según las condiciones convenidas entre el infante y los hombres del reino.

El candidato propuesto por Alfonso X de Castilla era su primogénito, Fernando de la Cerda. El rey castellano no podía presentar mejores títulos que el monarca aragonés y, en lugar de utilizar la vía diplomática como Jaime I, invadió la frontera sur de Navarra. Los castellanos llegaron a atacar Viana y ocuparon Mendavia. Ante estos sucesos los navarros rechazaron pronto la candidatura del rey de Castilla.

Los navarros se sentían agraviados por la ofensiva militar de Alfonso I de Castilla, pero también se encontraban molestos por la injerencia del reino de Aragón. Diversos sectores de la nobleza e infanzones navarros rechazaron el acuerdo adoptado en las Cortes a favor del infante Pedro y las fuerzas se fueron agrupando en torno a la pequeña reina.

La regente Blanca de Artois, una vez nombrado al gobernador general del reino, Pedro Sánchez de Monteagudo, viajó a Francia para solicitar la protección a su primo Felipe III "el Atrevido". La regente realizó el debido homenaje al rey francés por el ducado de Champaña y posteriormente, en mayo del año 1275, acordaron el matrimonio entre Juana y el segundo hijo de Felipe III, también llamado Felipe. A partir de este momento Juana pasaría a educarse en la Corte de Francia y el reino de Navarra quedaba bajo protección francesa. Esta solución tampoco fue del agrado de todos los navarros, pues algunas facciones interpretaron la protección de Francia como la asimilación de Navarra a este reino.

Las diferencias y disputas por el poder fueron creciendo en el interior del reino de Navarra. Por un lado, los intereses del rey de Castilla se hacían presentes a través de García Almoravid, noble que ejercía su control y dominio en la cuenca de Pamplona. Este noble se encontraba a la cabeza de una facción nobiliaria que no reconocía la autoridad del gobernador general Pedro Sánchez y su intención era deponerlo, para ocupar él su lugar. Por otro lado, Pedro Sánchez era un reconocido partidario del reino de Aragón. Además de la facción pro-castellana, otra parte de la nobleza se hallaba descontenta por la tutela que ejercía el reino francés.

En esta coyuntura García Almoravid dio un paso más y se introdujo en las controversias que enfrentaban a los barrios del Burgo y de la Navarrería de la ciudad de Pamplona, apoyando la causa de la Navarrería. Las diferencias entre estos barrios habían sido utilizadas por las luchas entre la corona y el Obispo de Pamplona para hacer presente y fortalecer su autoridad en la ciudad. Enrique I concedió autorización a la Navarrería para erigir fortalezas, y los habitantes de este barrio, apoyados entre otros nobles por Almoravid, comenzaron a levantar fortalezas para dirigirse en contra de los burgos de la ciudad poblados por los francos. Estos hechos provocaron la dimisión de Pedro Sánchez ante una asamblea formada por distintos personajes de la nobleza navarra.

Ante esta situación, fueron enviados a París dos comisionados para dar cuenta de los acontecimientos a Felipe III, y el monarca francés resolvió nombrar gobernador a Eustaquio de Beaumarchais o Bellamarca. El nuevo gobernador procedió a jurar los fueros según la costumbre y solicitó juramentos de fidelidad y adhesión a villas y nobles.

Beaumarchais fue capaz de frenar temporalmente a Castilla por medio de la negociación; entabló pactos con Lope Díaz de Haro III y con otros magnates castellanos que se encontraban descontentos con el rey castellano, si bien, no pudo acabar con el conflicto entre los habitantes de Pamplona. La mayor parte de los nobles navarros y el obispo de Pamplona se unieron en contra del gobernador, entre ellos García Almoravid y Pedro Sánchez de Monteagudo, y se opusieron a él apoyando a la Navarrería. Un emisario del rey entró en la Navarrería para entablar un diálogo entre las partes pero fue amenazado y tuvo que huir del lugar. El gobernador se refugió en el Burgo, con población de mayoría franca. Allí fue asediado y comenzó la guerra entre los barrios (1276).

En la contienda entre los habitantes de Pamplona, Pedro Sánchez de Monteagudo fue asesinado por Almoravid. La noticia de su muerte llegó a Felipe III de Francia y este rey, enterado también de la actitud de los pobladores de la Navarrería y de las gestiones del obispo en Castilla para conseguir refuerzos militares, ordenó a su ejército la entrada en Navarra. El ejército francés arrasó la Navarrería y otros focos de resistencia. A partir de este momento las aspiraciones de aragoneses y castellanos se fueron retirando y la monarquía navarra se incorporaba como satélite del reino francés. Aquellos nobles que se encontraban entre los sublevados y que lograron huir, fueron expropiados. Por otro lado, los cargos de la administración y de gobierno del reino fueron ocupados por funcionarios de origen francés.

El 16 de agosto de 1284 la reina Juana contrajo matrimonio con Felipe "el Hermoso", hijo de Felipe III. Un año más tarde falleció el monarca francés y Felipe "el Hermoso" heredó la corona de Francia, pasando a gobernar como Felipe IV. De esta forma Juana, además de ser reina de Navarra y condesa palatina de Champaña y de Brie, se convierte en reina de Francia.

Juana residió en París y en ningún momento viajó a Navarra para conocer el estado de su reino. Gobernó Navarra a través de una serie de gobernadores, tenientes, lugartenientes y merinos, la mayor parte de ellos franceses, y los asuntos administrativos llevados por estos funcionarios eran supervisados por el rey desde París. Felipe IV también se encargaba de resolver las peticiones o solicitudes que eran enviadas al monarca, resoluciones que se ejecutaban en el reino por medio de los gobernadores.

La hermandad constituida por los buenos hombres de las villas siguió manteniendo sus reuniones y, por otro lado, también se reanudaron las juntas nobiliarias. En el año 1281 volvió a celebrarse la junta de infanzones en Obanos. El gobernador real Guerin de Amplepuis intentó impedir estas reuniones pues, en la consideración de los gobernadores, estas juntas eran un obstáculo para el libre ejercicio de la autoridad real. Ese mismo año el gobernador requirió una encuesta informativa con la finalidad de demostrar la ilegalidad de las asambleas, y el año 1289 al menos unos 21 nobles fueron coaccionados bajo la pérdida de todos sus bienes para que no formasen parte de ellas. En la junta de este año de 1289, entraron a formar parte de ella algunos miembros nuevos, mientras que otros caballeros, entre ellos Sancho Aznárez de Murguia, Sancho Sánchez de Leoz, Semen Périz de Ilurdoz y Pedro Périz d'Oarritz, salieron de ella asegurando no volver a realizar un juramento sin la autorización del rey o del gobernador.

El año 1283 se celebró otra junta en Olite a la que asistieron los diputados de Pamplona, Estella, Sangüesa, Olite, Puente la Reina, Laguardia, Los Arcos y Roncesvalles. En esta reunión se decidió que aquellos individuos llamados a juntas que no acudiesen, correrían con los gastos de los demás individuos. En 1294 varios concejos de villas como Pamplona, Estella, Tudela y Sangüesa, elevaron sus quejas sobre el gobernador del reino a los monarcas. Se quejaban de la actuación del gobernador en materia de justicia, y concretamente de que detenía a personas y las apresaba sin cumplir las garantías establecidas, contraviniendo los fueros, privilegios y libertades.

Para el año 1289 las villas constituían una sola hermandad, y en el año 1297 formalizaron su unión. En esta fecha los hombres de las villas y los infanzones de Obanos se coaligaron y realizaron el juramento de prestarse ayuda mutua para defender el reino contra los ataques de los poderosos. Al año siguiente volvieron a reunirse, en Pamplona, y en esta ocasión asistieron a la asamblea distintos cargos eclesiásticos como el obispo de ciudad, el obispo de Calahorra, el prior de Roncesvalles y el abad de Irache. Los congregados se comprometieron a no prestar ayuda a aquellos que no se adhiriesen a la petición realizada a los monarcas sobre el respeto de sus usos, fueros y costumbres.

En el interior del reino de Navarra el malestar contra el gobierno de Juana y Felipe IV era generalizado, si bien, la autoridad real logró mantenerse. Las juntas organizadas en Navarra pretendían que la reina Juana accediese a realizar el juramento de los fueros. De hecho, estaban dispuestas a enviar a París a los procuradores para recibir dicho juramento y también para rendirle fidelidad.

Por otro lado, las juntas redactaron para este acto una fórmula por la que el rey Felipe reconocía al príncipe Luis Hutín como heredero de la corona de Navarra. Luis, hijo de Juana con el rey francés, había nacido sólo unos pocos años antes, y al depositar la corona en él y no en su padre, el rey consorte, los navarros mantenían la posibilidad de que la monarquía francesa no asimilase el reino de Navarra como un territorio más de su corona. Por esta fórmula Felipe IV habría de comprometerse, en primer lugar, a entregar el gobierno del reino de Navarra a Luis, una vez fallecida Juana, cuando el hijo de ambos alcanzase la edad de 21 años. Asimismo debería entregarle la corona, aún en vida de Juana, si así era la voluntad de ella. En el caso de que la reina muriese sin dejar herederos de él, el monarca francés debía comprometerse a dejar el reino en manos de los "Tres Estados" para que éstos decidiesen y deliberasen sobre el heredero legítimo al trono.

Según Yanguas, los reyes llegaron a prestar el juramento de los fueros delante de los obispos de Pamplona, Acx, Bayona, Calahorra y Tarazona, los cuales se trasladaron a París para este acto. Este mismo autor afirma que el rey Felipe accedió a reconocer a Luis Hutín como heredero de Navarra. Por contra, en opinión de Lacarra no hay seguridad de que los reyes llegasen a efectuar el juramento de la forma y con las condiciones que habían sido dispuestas por las juntas.

La reina Juana falleció el mes de abril del año 1305, en Vincennes, con alrededor de 33 años de edad. En las disposiciones del testamento de Juana, fechado en marzo de 1304, la reina dispuso un solar en París para la fundación de una institución de enseñanza que llevase el nombre de "Colegio de Navarra". Su hijo Luis Hutín le sucedió en el trono de Navarra como Luís I y posteriormente sucedería también a su padre, en el trono de Francia, como Luis X.

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