Compositores

Gaztambide Garbayo, Joaquín Romualdo

Compositor navarro. Nació en Tudela, el 7 de febrero de 1822. Murió en Madrid, el 18 de marzo de 1870.

Cuando tenía ocho años de edad, mostró disposiciones para la música, y Pablo Rubla, maestro de capilla de la Catedral tudelana, lo inició en los estudios de solfeo. Lo enviaron a Pamplona y José Guelbenzu lo aleccionó en el piano y armonía. Hasta la edad de veinte años permaneció en la capital de Navarra, donde estudió contrapunto y fuga con Mariano García; para atender a su sustento daba lecciones de solfeo y piano y, habiendo aprendido el contrabajo, lo tocaba en la orquesta del teatro

Posteriormente se trasladó a Madrid; frecuentó el Conservatorio y concurrió a las clases de Pedro Albéniz (piano) y Ramón Carnicer (composición); en ellas encontró a Francisco Asenjo Barbieri, con quien se relacionó íntimamente, amistad que duró toda la vida y fue fecunda para la zarzuela.

Como en Pamplona, el contrabajo le ayudó a subsistir y perteneció a las orquestas de los teatros del Príncipe, de la Cruz y del Circo, lo que le sirvió para conocer óperas y tonadillas. Para los conjuntos instrumentales que integraba compuso sus primeras páginas; viajó por España como maestro de coros de compañías de ópera y como pianista acompañante de los solistas de flauta y oboe Soler y Pedro Sarmiento, respectivamente. En 1846 le nombraron director de los coros del teatro de la Cruz, lo que le supuso sensible mejoramiento económico y dejar de tocar el contrabajo; tal cargo le hizo factible un viaje a París, donde conoció el teatro lírico francés.

De regreso, dirigió unos conciertos en los que intervino el famoso violinista Antonio Bazzini (Gaztambide se destacó como director sinfónico) y estrenó La mensajera, su primera obra. El año 1850, el maestro tudelano, con Rafael Hernando y Barbieri, compartió la dirección del teatro de los Basilios; dio a conocer sus zarzuelas A última hora y Las señas del archiduque. En Variedades, en colaboración con Hernando, Oudrid y Barbieri, estrenó Escenas de Chamberí. Las producciones nombradas, junto con otras de Oudrid, Hernando y Barbieri, constituyen los cimientos de la zarzuela.

El 23 de octubre de 1854 obtuvo Gaztambide, con Catalina, obra en tres actos, su primer triunfo completo, precursor de los que alcanzó con El valle de Andorra, Los Magyares, El juramento, Una vieja, etc., que le proporcionaron la fama de valioso compositor teatral. Alcanzó la cifra de cuarenta y cuatro Zarzuelas, en las que se encuentran toda clase de páginas, desde la portadora de melodía italiana, hasta la que está basada en el folklore español.

Tan amplia obra, unida a sus triunfos directoriales -dirigió por primera vez en la península las oberturas de Tannhäuser y de Ruy Blas, de Wagner y Mendelssohn, respectivamente, y estrenó la ópera El profeta, de Meyerbeer-, le deparó gloria, pero no una situación económica brillante -fue también empresario-, por lo que en busca de un mejoramiento material, formó una compañía y marchó con ella a La Habana. Debutó en el teatro Tacón con su zarzuela La conquista de Madrid, que produjo entusiasmo y proporcionó ingresos importantes, pero entonces estalló la insurrección de Yara, que llevó consigo el cierre de los espectáculos. Se extendió la guerra a toda Cuba y se trasladó el maestro con su compañía a Méjico, teniendo una acogida entusiasta. Para corresponder a ella, compuso un hermoso y vibrante Himno a Méjico, pero las penalidades y disgustos sufridos, unidos a la insalubridad de aquellos climas, hicieron al compositor enfermar seriamente del hígado. Tuvo que dar la gira por terminada, no sin antes dirigir un concierto en Veracruz, el último de su vida.

Embarcó de vuelta y llegó a Cádiz a principios de 1870. Le recibieron su esposa e hijos, que advirtieron lo gravemente enfermo que regresaba. Una vez reconocido por varios doctores, emprendió viaje a Madrid; en la corte, las eminencias médicas dictaminaron que había que someterle a una operación quirúrgica con la que no se logró el resultado apetecido, y Gaztambide falleció a los cuarenta y ocho años de edad. Su muerte constituyó una fecha luctuosa para el entonces joven género de la zarzuela. Joaquín Gaztambide, que al morir era Caballero de la Orden de Carlos III, comendador de Isabel la Católica y profesor honorario del Conservatorio, ha legado un apellido de imprescindible cita en la historias de la Zarzuela y del movimiento sinfónico nacional.

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El estilo de Gaztambide puede calificarse como propio, en especial por la elaboración de sus números musicales en escenas abiertas muchas veces, lo que proporciona una gran agilidad y coherencia dramática a sus obras. Fue capaz de conciliar estos avances y hacer obras de calidad captando a la vez los gustos del público. Además de casi una cincuentena de zarzuelas, también compuso para orquesta, voz y piano, música de cámara, piano y música religiosa.

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