Historiadores

Garibay y Zamalloa, Esteban de

Historiador y cronista real, nació en Mondragón (Gipuzkoa) en 1533 y murió en Madrid, según parece, en el otoño de 1599.

El linaje de los Garibay era de "parientes mayores", originario de Oñate, según recoge con un cierto regusto el mismo cronista e historiador; pero tenemos que su padre usó como primer apellido el de Zamalloa, que lo era de una bisabuela del historiador, y que podría dar pie a sospechar -según parece insinuar J. Caro Baroja (Los vascos y la historia a través de Garibay. Ensayo de biografía antropológica, San Sebastián 1972, pp. 74-75 en nota)- un posible entronque de nuestro hombre en una categoría social inferior, tal cual la de los arrieros o acemileros. Quede en claro, de todas maneras, que la familia del cronista no pertenecía a la rama que había quedado en posesión de la casa torre de Garibay, sita en Oñati y que se mantiene en pie todavía, aunque muy transformada.

Sabemos del padre del historiador, que luchó con el emperador Carlos V en las guerras de Italia, que se halló presente en el famoso sitio de Fuenterrabía, y que, por lo demás, se mostró afecto a gentes y cosas de Iglesia, manteniendo algún tiempo relaciones de amistad con Iñigo de Loyola y Francisco de Borja. De su madre D.ª Catalina de Sagurdia nos dirá Garibay, entre otras cosas, que era "deuda de sus deudos y de gran memoria en la cosa de sus pasados y de las de su marido [...], algunas dellas de haber visto y otras por tradición de sus mayores", al afirmar lo cual nos da quizá el futuro historiador de las cosas del país la clave sobre la procedencia de algunas de sus informaciones sobre las guerras de bandos, cuando recoge fragmentariamente, aprendidos probablemente de su boca, las elegías, las endechas y los cantos de guerra que, compuestos o improvisados en proporción considerable -según parece- por las mujeres vascongadas, eran por ellas conservados vivos en la memoria de las gentes del país.

Garibay asistió a la escuela del escribano Bidazábal y, posteriormente, de Albistur y Arriola, aprendiendo latines según el arte de Nebrija. En 1544 fue ordenado de prima por el obispo de Calahorra, pasando el mismo año a la villa de Oñate a estudiar Derecho Civil y Canónico. Más tarde lo vemos estudiando en Vitoria con cierto bachiller Ibarra, y asimismo en Santo Domingo de la Calzada con el maestro Lastra.

Persuadidos sus padres por un pariente materno sobre la inconveniencia de los estudios de Derecho para la salvación del alma, hubo de tomar el joven Garibay el camino de Castilla a probar fortuna. En 1552 enfermó gravemente, hallándose en Toledo, afirmándose su inclinación por los estudios de Historia en la forzada inactividad a que ello lo condujo.

En 1554 lo vemos nuevamente en Mondragón casándolo sus padres en 1556 con D.ª Catalina de Asurduy, de la que tuvo un hijo. De este tiempo datan sus propósitos y sus primeros trabajos para suplir "la carencia de una historia general y universal" de España, de los que lo sacó la guerra surgida entre Felipe II y Enrique II de Francia, para la que fue nombrado alférez de hijosdalgo. En 1559 obtuvo una familiatura del Santo Oficio, revelándose católico celoso, a la manera española de la época, en varias de sus actuaciones. A continuación evacuó una comisión que, al parecer, le fue confiada, de rebatir la tesis expuesta por Pedro de Alcocer, contador del Duque del Infantado, según la cual D. Alfonso VIII de Castilla habría tomado por conquista a Guipúzcoa, de Sancho el Fuerte de Navarra.

Los años siguientes registran una actividad febril del cronista por reunir documentación para su gran obra, emprendiendo con tal motivo largos viajes por Castilla y Extremadura (1561) y llegando incluso hasta Portugal, donde recoge abundantísimo material. Fue a partir de 1563 cuando empezó a organizar sus papeles, concediendo por este tiempo extraordinaria importancia al esclarecimiento de la historia de Navarra, que -según él mismo confiesa le costó más esfuerzos que todo el resto de su obra primera y dos períodos de estancia en el viejo reino (la segunda vez en 1566), pasando también a La Rioja. Concluida su obra en 1566, Garibay no podrá publicarla hasta verlos años más tarde, registrándose en este espacio diversas gestiones infructuosas del mondragonés para allegar fondos para su publicación (ante Felipe II, la Junta de Guipúzcoa, etc.). Lo vemos como alcalde de Mondragón entre 1568 y 1569, acumulándosele la vara de la alcaldía de sacas de la frontera.

Habiendo terminado sus funciones como alcalde, en 1570 lo vemos en Bilbao, embarcándose con destino a Flandes con objeto de imprimir allí su obra. Llegó a Amberes en la primavera de 1570, luego de recorrer por tierra, a partir de Nantes, gran parte de la Francia septentrional. Introducido por Benito Arias Montano en relaciones con el célebre impresor Plantin, pudo al cabo ver ultimados los trabajos de impresión de los cuatro volúmenes en folio de Los XL libros del Compendio historial de las chronicas y universal historia de todos los reynos de España, en julio de 1571, año de peste en Amberes. En el viaje de vuelta apenas se detuvo dos días en París, ocasión en la que pudo conocer al célebre teólogo jesuita Maldonado y al no menos célebre Padre Mariana; y, al cabo de unas azarosas y accidentadas jornadas, pudo al cabo pasar el Bidasoa, pidiéndole a Dios -según escribe- "que nunca su divina Magestad permitiese que yo tornase a atravesar tierra de tantas herejías y maldades sin justicia" (cit. por J. Caro Baroja: o.c., p. 99).

De nuevo entre los suyos, Garibay hubo de hacer frente a las cuantiosas deudas que contrajo por la impresión, encuadernación y envío por mar de la obra a tierras lejanas, y fue obedeciendo a esta necesidad como emprendió rápidamente el camino de la corte en marzo de 1572. Viajó nuevamente a Andalucía, para gestionar, entre otros objetivos, el envío de ejemplares de su obra a Nueva España, relacionándose en esta ocasión ampliamente con los paisanos que mercaban por aquellas latitudes. De vuelta a Madrid, contrajo nuevo matrimonio con una joven toledana en 1574 (era viudo desde finales de 1572), asentándose los años siguientes en la capital imperial y dedicándose, entre otras cosas, a la composición de su gran obra genealógica, a asesorar a la provincia de Guipúzcoa en algunas comisiones y a corresponderse con varios eruditos y señores respecto a temas genealógicos y de historia general. Por esta época Garibay aparece ya totalmente metido en el mundillo de secretarios, escribanos y administradores públicos vascongados, que tanta influencia tuvieron en los días de Carlos V y de Felipe II y en los reinados subsiguientes, hasta las postrimerías del Antiguo Régimen.

Pero fueron, sobre todo, sus trabajos genealógicos los que le valieron la atención de las personas de significación, pudiendo sostenerse "que lo que no obtuvo por haber publicado el "Compendio historial", llegó a obtenerlo, al fin, como genealogista cerca del mismo Felipe II" (O. c., p. 112). Más aliviado económicamente por los favores de que fue objeto por parte de Felipe II, vemos en los años subsiguientes al historiador mondragonés "ocupado en algunas cosas tocantes al servicio del Rey" (al parecer, investigaciones relativas a los títulos que podría alegar el rey de España para pretender a la sucesión del rey Enrique III de Francia), algunas empresas de piedad, etc. Fue recibido diversas veces por el monarca para colacionar con él sobre asuntos genealógicos, y al cabo en abril de 1592 le fue otorgado el tantas veces solicitado puesto de cronista real, que debió, sobre todo, a la influencia de los Idiáquez y a sus trabajos sobre los aludidos títulos de Felipe II a la corona de Francia.

En los años postreros de su vida, convertido ya en cronista cortesano, Garibay continuó preocupándose por los asuntos de Guipúzcoa, y así, hacia 1593, secundado o instigado por los Idiáquez, movió unas gestiones para que se restituyera a la provincia el título de reino, que aparecía usado en documentos de la época de Enrique IV de Castilla y aún después, lo que, empero, fue contradicho por gentes de la misma Guipúzcoa, que, tras la honra y el título, recelaban compromisos de otra índole. En 1596 aparece, por fin, ultimada su obra Ilustraciones Genealógicas de los Catholicos Reyes de las Españas, y de los Christianissimos de Francia, y de los Emperadores de Constantinopla, hasta el Catholico Rey nuestro señor don Philipe el II, y sus serenissimos hijos, que fue impreso por Luis Sánchez en Madrid.

Garibay había de continuar todavía trabajando hasta el fin de sus días, dejando una copiosa obra manuscrita, entre la que destacaremos los varios tomos de Grandezas y las Memorias. Murió Garibay en el otoño de 1599, unos meses después de que lo hiciera Felipe II, cuyo ideal monárquico sirvió el mondragonés con absoluta dedicación a lo largo de su vida.