Monarquía y Nobleza

Carlos II de Navarra el Malo

Rey titular de Navarra, conde de Evreux. Nació en 1332. Reinó desde el 7 de octubre de 1349 hasta 1387, año de su muerte.

Era hijo de Juana II, reina de Navarra y de Felipe, Conde de Evreux. Con él se inaugura en Navarra la Casa de Evreux. Sucedió a su madre a los 17 años de edad. Vino a Navarra en mayo de 1350, aunque sus disposiciones regias son anteriores, como aquella por la que, hallándose en Conflans, nombró gobernador de Navarra a Juan de Conflans, mariscal de Champagne (7 oct. 1349). Inauguró su reinado con el episodio de los enforcados de Miluze, castigo ejemplar (1351) a los que habían conspirado durante el reinado de su madre y ausencia suya: "las juntas y hermandades de Navarra se levantaron en mal son; e fue fecha justicia de algunos", dice el Príncipe de Viana lacónicamente.

Se coronó al adolescente Carlos en la catedral de Santa M.ª de Pamplona el 27 de junio de 1350. Una de sus primeras decisiones fue ratificar el tratado de alianza y ayuda mutua (5 de junio de 1350) concertado por su madre con Pedro IV el Ceremonioso de Aragón. No quiso, sin embargo, malquistarse con el peor enemigo del Ceremonioso, Pedro I de Castilla, con el que confirmó paces en Burgos (1351). En agosto de 1351 partió hacia sus posesiones transpirenaicas dejando por gobernador a García Diániz. Iniciaba así su política a escala europea que le llevaría a ser uno de los estadistas más importantes de la Europa prerrenacentista y protagonista directo de la Guerra de los Cien Años.

La enemistad con Juan II "El Bueno" de Francia, 1353-1354, Juan II (1350-1364), con cuya hija Juana casó Don Carlos en 1352, no respetó los derechos del navarro a sus bienes patrimoniales en el hexágono. Así fue como entregó (23 dic. 1350) el ducado de Angulema a su favorito, el condestable Carlos de España, hijo de Alfonso de la Cerda. Los padres de Carlos II habían adquirido Angulema a cambio de Champagne y Brie, ya que éstos últimos, patrimonio de Doña Juana, le estaban vedados por la ley sálica francesa. Recusando la aplicación de una ley foránea, Carlos reclamó estos bienes y, al serle denegada la petición, envió una comisión secreta, a modo de comando -los caballeros navarros Corbarán de Lehet, Juan Ramírez de Arellano, barones de Garro y Artieda y Rodrigo Uriz- que acabó con el favorito en su propio lecho (Laigle, 1354). El hecho suscitó la ira del rey de Francia. La guerra estalla en Normandía, posesión navarra. Carlos fue convocado, como vasallo de Juan en sus pertenencias francesas, a comparecer ante el Parlamento de París, cosa que el navarro, caballerosamente, hizo arrostrando la pena capital. Conmutada luego ésta por una gruesa suma de dinero, Carlos volvió a Navarra en abril de 1354. Desde entonces el odio a muerte entre ambos monarcas fue eterno. Carlos busca la alianza con el peor enemigo del francés: Inglaterra. Se estipularía un reparto de Francia, quedando Normandía, Champagne, Brie, Chartres, Languedoc y Bigorra para Carlos.

La campaña de Normandía, prisión real (1355-1357). Hacia julio de 1355, Carlos II parte a encabezar la campaña de Normandía, posesión suya amenazada por el francés. 2.000 navarros embarcados en Baiona y otros puntos de la costa vasca aterrizan en Cherbourg (agosto) afianzando las plazas normandas que no habían caído en poder galo. Pero el rey francés logró apoderarse de Carlos (5 abril 1356), esta vez mediante una treta ("convidado a yantar", dice el Príncipe de Viana) y lo encerró en la prisión de Louvre, primero, y en el castillo de Arleux-le-Palluel, después. No obstante, los asuntos de Juan II iban de mal en peor; rotas las hostilidades con Inglaterra, éste fue vencido en Poitiers (17 sept. 1356) por el Príncipe Negro y llevado a Londres. Quedó en su lugar el delfín Carlos, con el que tampoco se entendió el navarro, pese a las apariencias iniciales. La burguesía de París se subleva (14 enero 1357), pide la liberación de Carlos, la convocación regular de los Estados, etc. Se trata de una revolución parlamentaria y urbana (en este caso parisina). La libertad de Carlos es decretada en marzo de 1357, según documento reproducido por Yanguas, pero no debió de hacerse efectiva, ya que la noche del 8 al 9 de noviembre de este año, un grupo de nobles navarros -entre ellos Jacques de la Rue- y de burgueses de Amiens, disfrazados de carboneros, logró libertar al monarca. "Entonces negoció, sin duda -dice Campión- un tratado con Eduardo II de Inglaterra por el que lograba la restitución de Champagne y Brie y quedaba en suspenso la del ducado de Normandía, del bailiazgo de Amiens y del condado de Chartres, hasta que ambos soberanos se aviniesen". El delfín asignó a Don Carlos 10.000 libras en la senescalía de Toulouse y condado de Bigorra como indemnización por los 18 meses de encierro.

Carlos II, Etienne Marcel y la jacquerie, 1357-1358. Etienne Marcel, preboste de los mercaderes de París, el cargo más importante de la burguesía comercial parisina, toma el liderato de esta clase cansada de las aventuras militares y financieras de una nobleza inoperante y derrotada. Su portavoz es el obispo de Laon, Robert de Coq, partidario acérrimo de Carlos II. Mientras, el infante Don Luis, hermano del navarro, parte con una tropa de cerca de 1.500 vascos que desfilan en Hondarribia y Donibane Lohitzune. Los encabezan Miguel García, Juan Martínez de Medrano, Bort de Agramont, Machín de Vergara, Martín Enríquez, Juan Ramírez de Arellano, el Señor de Luxe y Auger de Mauleón. Carlos II hace una entrada triunfal en París, el 29 de noviembre de 1357, "llevando, entre otros naipes de su baraja, el de ser hijo de una reina desposeída por la primera aplicación de la ley sálica (Campión)".

Allí se dirige demagógicamente a las masas reunidas hasta llegar a provocar les larmes et les pleurs du peuple. Pretende al trono francés como nieto en doble instancia de San Luis de Francia: por su padre Felipe de Evreux y por su madre Juana, hija de Luis el Hutin. Capeto más directo que Juan II "El Bueno". Su prestigio crece vertiginosamente, mientras las tropas navarras se acercan a París. Etienne Marcel hace que se reconozcan a Carlos todos sus bienes franceses (3 de diciembre), tras lo cual, éste, parte a Normandía en una verdadera gira electoral. R. Pernoud cree ver en ella, por primera vez en la Historia, el uso de la propaganda personal. Marcel se erige en dictador municipal de París (22 de febrero de 1358) con la ayudade Carlos, cuyas tropas entran en París (23 febrero), pero el 25 de marzo, el Delfín logra evadirse de París y pasar a la contraofensiva. Carlos II hace entonces de intermediario entre éste, rey poderoso en la provincia, y un Cronwell, amo de París.

Cuando el enfrentamiento armado era inevitable, estalla la famosa sublevación campesina denominada jacquerie (1358), cuyas aguas Marcel trata en vano de llevar a su molino. Carlos "El Malo", movido por un ineludible reflejo de clase, se opone "a que la hidalguía perezca" (Luce) a manos de los jacques y masacra al ejército campesino, el 10 de junio de 1358, cerca de Clermont. Marcel hace proclamar al navarro "capitán de París". Pero la hora de este caudillo de la burguesía tocaba a su fin. Los partidarios de Juan -nobleza, burguesía de toga, provincia en general-, aprovechando la inseguridad de los rebeldes, se reorganizan. Días después de la discreta retirada del navarro, Etienne Marcel es asesinado (31 de julio) y sus compañeros arrestados. Las caperuzas rojas de los partidarios del rey de Navarra furent dorénavant délaissés et bien cachés (Venette).

La paz con Francia. Vuelta del rey a Navarra, 1360-1361. Navarra era regida mientras tanto por el hermano del rey, el infante D. Luis de Evreux. Hechas las paces con el francés (octubre de 1360), Carlos regresa a su reino el 2 de noviembre de 1361. Había embarcado en Cherbourg en la nave de un tal Esteban de Carranza. Este año (22 de julio 1361) nace en Mantes su hijo primogénito, futuro Carlos III. Carlos reparte limosnas entre diversos conventos de Pamplona -predicadores de Pamplona, San Agustín, Carmen, Merced y los hospitales de dicha ciudad. Durante su estancia en Navarra, las Grandes Compañías o "Tardevenidos", licenciadas de los reyes que las habían empleado -rey de Navarra, rey de Inglaterra- asolaron Francia (1361).

Pacto con Pedro I de Castilla y guerra con Aragón, 1362. Navarra, reino europeo, no sólo moldeó la historia de Francia durante este reinado, también jugó un papel importante en la península. A sus espaldas se hallaban Castilla y Aragón. En la primera, Pero I y su hermano Enrique de Trastamara se hacían una guerra sangrienta que no dejaba de salpicar al reino pirenaico; aliado Pedro, en 1362, con Eduardo II de Inglaterra (Tratado de Londres), su hermano Enrique consigue la alianza con el francés, implicándose así la península en la Guerra de los Cien Años (1339-1453). Por otra parte, su otro real colega, Pedro IV el Ceremonioso de Aragón, se hallaba enzarzado a su vez en una "lucha atroz" (Raynaldo) con el monarca castellano "por donde D. Carlos, que se movía entre ellos, no se pudo inhibir del sangriento pleito. Practicó la política de los convenios, sin sinceridad concertados con cualquiera de los dos peligrosos vecinos que más le apretase en el momento. Quería conservar la libertad de sus brazos, pero a veces las circunstancias se sobrepusieron a la intención (Campión: Navarra en su ..., p. 251)".El 22 de mayo de 1362 se reunieron en Estella los apoderados de Castilla -Iñigo Ortiz de las Cuevas y Gil Velázquez- y los de Navarra -Arnalt Remon de Agramont y Ramiro de Arellano- y ante D. Carlos acordaron según expresa Yanguas: Que ambos reyes fuesen amigos de amigos y enemigos de enemigos; que si el de Navarra fuese preso en su reino o fuera de él, en el señorío de Aragón o en cualesquiera otras tierras a veinte leguas en derredor de Navarra, o cercada su persona, o hubiese de haber batalla contra otro rey o enemigo, o cercándole alguna ciudad, o si sus súbditos se le alzasen o le fuesen rebeldes, el de Castilla sería obligado a ir por su cuerpo y con todo su poder y a su costa en ayuda de D. Carlos. Que si cualquiera de las cosas sobredichas sucediese en Normandía o en Francia, el rey de Castilla enviaría al de Navarra la ayuda que pudiese por mar y por tierra a su costa por cuatro meses, los tres de servicio y el uno de ida; y que si más lo hubiese menester, el rey de Navarra pagase el gasto, según pagaba a sus naturales, siguiendo entonces la gente castellana en ayuda de Navarra cuanto fuese necesario. Que si el rey de Navarra tuviese guerra con el de Aragón u otra persona, el de Castilla la tuviese también contra los enemigos de Navarra con todo su poder. Que el castellano dejaría pasar por su tierra a las tropas de Navarra que fuesen a hacer la guerra a sus enemigos, pagando los víveres que tomasen, pero que sólo entrasen en los pueblos los caudillos del ejército con 50 hombres a caballo y otros 50 a pie, quedando los demás acampados; que en su tránsito por los lugares y puentes, sólo fuesen en compañías de a 200 hombres, sin pasar los segundos hasta haberlo hecho los primeros. Que si la guerra fuese en Normandía, fuera de los casos declarados, el rey de Castilla enviaría 1.500 hombres de a pie en sus propios navíos por cuatro meses. Que si algún enemigo de Navarra pasase a Castilla se le aprehendiese y entregase al rey D. Carlos para que hiciese de él a su voluntad. Que en cualquiera guerra en que el rey D. Pedro ayudase a D. Carlos, no pudiera éste hacer la paz ni tregua sin consejo de aquel monarca. Y el rey de Navarra se obligó, por su parte, a lo mismo con respecto a Castilla. Este acuerdo fue ratificado el 2 de junio por Pedro I en Carrascosa. En consecuencia, el día 14 el rey de Navarra declaró la guerra al de Aragón. En julio era sitiada Salvatierra de Aragón que cayó en manos navarras, así como Ruesta.

La cuestión de Borgoña, 1363. A la muerte del último titular (21 nov. 1361), Juan II "El Bueno" se apodera del ducado de Borgoña y se lo traspasa a su hijo (6 sept. 1363), Felipe el Atrevido, dando así comienzo la Casa de los Valois de Borgoña, que rigieron un territorio semiindependiente muy semejante a la antigua Lotaringia. Carlos II, como nieto de Margarita, hija del duque de Borgoña Roberto II, protestó airadamente. "El nabarro -relata Campión azuzó entonces a las Grandes Compañías", de cuyos capitanes era amigo o patrono, y las echó sobre Francia. Juan Jouel, Miguel de Villanueva, Wauter Strael, Juan de Tilly, Guillermo de la Haya y otros temibles caudillos salen a campaña. Juan de Grailly, captal del Buch, primo del rey, se encamina a Normandía, mandando tropas numerosas. El Delfín se defiende, dando un golpe; confisca los feudos que en Francia poseía D. Carlos y encarga a Beltrán du Guesclin de la ejecución de este decreto.

Prosigue la guerra con Aragón, 1362. Tras una guerra auténtica en la que los navarros se apoderan de un rico botín en tierras aragonesas, tiene lugar un simulacro bélico entre ambos vecinos. El astuto Ceremonioso había conseguido ser nombrado árbitro entre Francia y Navarra, con lo que desvió a Carlos de su trayectoria pro-castellana. En las diversas escaramuzas participaron el infante D. Luis y Juan de Grailly, captal del Buch. El 19 de abril de 1363 partió el fiel infante llegando hasta Murviedro. Para dar más visos de verosimilitud a las acciones, D. Luis se hizo coger prisionero, se practicaron embargos de bienes de aragoneses y navarros en ambas monarquías, etc.

Pacto secreto de defensa mutua entre Aragón y Navarra, 1363. Sin dejar de simular la guerra, se concertó en Uncastillo un pacto el 25 de agosto de 1363; Pedro IV y Carlos II se obligaban a ayuda mutua contra castellanos y franceses. También se estipuló "que procurarían el matrimonio de D. Juan, primogénito de D. Pedro, con D.ª Juana, hermana de D. Carlos, dándole éste igual dote que se dio a D.ª María, mujer del mismo D. Pedro. Al día siguiente convinieron los dos monarcas en el modo de partirse el reino de Castilla si llegasen a conquistarlo; adjudicábanse a Navarra, Soria, Ágreda, Vizcaya y las tierras que antiguamente fueron del mismo reino, Burgos et tota la tierra que es apellada Castilla, Soria, Ágreda, la tierra de Vizcaya, et las altres que antiguament foren del royaulme de Navarra, quedando para Aragón, Murcia y Toledo; que si el conde de Trastamara se opusiese a esto se ayudasen ambos monarcas para obligarle. Además, el rey de Aragón prometió al de Navarra que si éste consiguiese hacer morir o prender al de Castilla, le daría Jaca con sus pertenencias, así de la montaña como del canal, Sos, Uncastillo y Ejea; estos pueblos de Aragón se entregaron en rehenes al rey de Navarra para el cumplimiento de lo tratado, saliendo fiador el conde de Ribagorza (Yanguas: "Diccionario...").

Carlos II amplía su clientela, 1363-1364. El mismo día del pacto Carlos recibió el homenaje del conde de Ribagorza y Denia, que juró cumplir el pacto en lo que a él le concernía: Item le comte de Denia jurará de consentiment del rey de Aragon, sobre el cors de nostre senior Jesucristi, tenir é fer tenir et complir, de son poder, todas las cosas de sus dictas, el renunciará á todas dispensaciones, haudes et por haber; et en cas que el rey de Aragon será de fallen en fer, et complir las cosas desus dictas, lo dit comte será de la part del rey de Nav. contra lo dit rey de Aragon. Para afianzar la lealtad de los que rodeaban al rey de Aragón, Carlos asignó a su secretario l00 florines anuales. Pero no se contentó con esto sólo; gascones, guipuzcoanos, ingleses, etc., ampliaron la clientela política carlina. Así fue cómo le prestaron homenaje el señor de Muxidan, Seguin de Mortaut, Menanton de Villeres, Menduc de Pauxader, Dalmán, vizconde de Rocabertin, Guillén de Azpalau, Juan de Murua, Pedro López de Urquiola y Miguel Ibáñez de Uzquiola, guipuzcoanos estos tres, que abandonaron su tierra para servir al rey de Navarra, 42 años apenas después de la batalla de Beotibar. Entre los ingleses que juzaron fidelidad a Carlos se hallaban Juan Karferval, Guillén Boatller y Norman Suinford. El 26 de febrero de 1364 es Arnalt Amanieu, Señor de Labrit y de Tartas, quien ajustaba un homenaje y pacto de ayuda mutua con el navarro.

Pacto con Enrique de Trastamara, 25 de abril de 1364. Tiene lugar en Tudela entre el representante navarro, Juan Remírez de Arellano y el castellano Pedro Díaz. Para garantizar la no agresión Carlos II debía de dar en rehenes a su sobrino Carlos, hijo de D. Luis, así como a los hijos de algunos nobles navarros. El castellano, a su vez, a su hija D.ª Leonor y otros nobles. Sin embargo, el navarro no se comprometió a hacerle la guerra a Pedro "El Cruel", enemigo de Enrique. Su atención se hallaba fijada en Normandía, donde había fallecido su hermano D. Felipe, y donde los franceses irrumpían a sangre y fuego.

El desengaño de Cocherel, 16 de mayo de 1364. Desde enero de 1364 Carlos II hace acopio de recursos para enviar un cuerpo expedicionario navarro que engrose las fuerzas anglonormandas que se enfrentan a las francesas en la Normandía invadida. Mantes y Meulan habían caído en manos de Guesclin, que las había saqueado inicuamente. Reclutado entre enero y febrero, apresta un ejército navarro de alrededor de los 800 hombres -para su composición, v. el art. de Larráyoz de Zarranz: Eco de la..., en "Príncipe de Viana."-. Carlos contrata el 20 de febrero a una de las Grandes Compañías, pero no puede ir a Normandía personalmente, ya que los ejércitos de los reyes de Aragón y de Castilla se hallan muy cerca y siente sus espaldas amenazadas. En tal situación, el primo de D. Carlos, Juan de Grailly, captal del Buch, desembarcó en Cherbourg para salir al paso de las tropelías de du Guesclin en las tierras normandas de soberanía navarra. "Es el más bizarro, galante y gentil caballero de Aquitania. Le rodean -relata Campión- los facinerosos de las Grandes Compañías y los ingleses mercenarios: el Baskón de Mareuil, Sancho López, López de San Julián, Juan Jouel, Balduino de Baulaz, Juan Gansel, Pedro de Aigremont, Roberto de Chesnel, Roberto Sercot, Jacobo Plantín: águila real en compañía de buitres (Luce: Hist. de B. du Guesclin, París, 1882, pp. 392-393, citado por Campión)". Las tropas del captal, compuestas por navarros, ingleses y normandos, salen de Evreux y se sitúan en Cocherel. Inferiores en número, sufren un terrible descalabro, siendo apresados los principales caudillos junto con el primo del rey. "Herida mortal a la causa de Carlos II en Francia. Al león le habían arrancado las uñas: quedaba la astucia del raposo, la industria de la araña; pero las redes y las simulaciones de los tratados resultaron ineficaces, como no fuesen para alimentar los recelos y la mala fama (Campión)". Sin embargo, D. Carlos se halla en la plenitud de la vida -32 años-; comienza un preparativo relámpago para frenar el desastre: pide, urge dinero a todos los estamentos del reino, prepara un nuevo ejército. El 3 de junio se concierta con las Grandes Compañías de Foix y el 8 nombra capitán de Normandía al ricohombre D. Rodrigo de Uriz. Parte del ejército sale de Baiona el 2 de agosto. Eran sus jefes y contingente:

Gente dea piea caballo
Mossen Rodrigo de Uriz, ricohombre160 40
Pedro López de Urquiola40 -
Miguel López Murua10 -
Juan Remírez de Asian, escudero30 -
Sancho García de Goñi, escudero20 -
Sanzol de Urquiola10 -
Centol de Murua25 -
Lope Ocho de Murua12 -
Lope Ochoa, escudero14 -
García Périz Dax, señor de Navart54 -

El infante D. Luis sale con el resto de Donapaleu (Saint-Palais, Baja Navarra) hacia Borgoña, el día 6. En 1365 Carlos II firma una paz desventajosa con Francia.

Nuevo pacto con Pedro I de Castilla. 19 de octubre de 1364. Apartándose del Ceremonioso, Carlos II pacta con el castellano un nuevo tratado en el Casal de Habibi. Yanguas lo reseña como sigue: "que si acaeciese haber motivo de disensiones por prendas, marcas, hurtos, aguas o regadíos entre los súbditos de ambos reinos, se decidiesen por comisarios nombrados por ambos monarcas y no pudiéndose avenir aquéllos, se remitiese al conocimiento del rey de Inglaterra o del príncipe de Gales, como amigos y parientes, sin que pudieran hacerse guerra hasta la decisión de aquéllos, y quedando obligados ambos reyes a pasar por ella, la cual debería ser arreglada al fuero de España, y en su defecto al derecho común. Que el rey de Castilla no hiciese paz con el de Aragón ni con su hijo sin comprender en ella al de Navarra y al suyo; que tampoco pudiese hacer amistad con el de Francia en perjuicio del de Navarra; que cuando éste necesitase enviar o traer por mar gentes o armas para la guerra en Francia, el de Castilla le diese lugar en el puerto de Fuenterrabía y de Oyarzun para cargar y descargar, pudiendo fletar, por sus dineros, hasta diez navíos en el señorío de Castilla; que en el caso de que la mar los echase a otros puertos de Castilla fuesen acogidos; que hubiese comercio libre recíproco entre los súbditos de ambos reinos, no llevando géneros vedados y pagando los derechos de costumbre. Los concejos de Vitoria, Burgos, Logroño y Calahorra juraron por medio de apoderados, ante los procuradores del rey de Navarra, que harían lo que pudiesen para que D. Pedro de Castilla guardase y cumpliese lo pactado".

Creación de la Cámara de Comptos Reales, 1365. A fin de reorganizar sus castigadas finanzas, Carlos II decidió el 18 de febrero de 1365, la organización de un ministerio de hacienda y de cuentas reales regular, con personal adecuado fijo.

Tras el desastre de Cocherel, Carlos se ve obligado a firmar un tratado (6 marzo) que no llegó a cumplirse plenamente. Carlos II perdía Mantes y Meulan, así como el condado de Longueville, recibiendo a cambio la baronía de Montpellier.

El paso de las Grandes Compañias, 1365-1366. La tregua entre Francia e Inglaterra dejó a las Grandes Compañías que empleaba el rey de Francia, cesantes. Carlos V de Francia, hijo de Juan "El Bueno", las canaliza, a fin de desembarazarse de ellas, hacia la península, en ayuda del Trastamara. Ello supuso un trastorno imprevisto para D. Carlos, ya que se veía obligado ya sea a presentarles cara ya a traicionar el tratado con D. Pedro, cuya tinta se hallaba aún fresca. Una vez más se vio obligado al simulacro. Tras un pequeño encuentro en Roncesvalles con la guardia navarra, du Guesclin penetra en el reino y, en marzo de 1366, se presenta en Tudela rumbo a Castilla. Pedro I huye ocupando su trono el bastardo Enrique.

Prometen devolver los antiguos territorios navarros, 1366-1367. Pedro I, destronado, trata desesperadamente de asegurarse la amistad navarra. Para ello prometió en Livourne, el 23 de setiembre de 1366, la restitución al reino de Navarra, para siempre, de "las tierras de Guip. con las villas cercadas y aforadas de Tolosa, Segura, Mondragón, Oyarzun, Fuenterrabia, San Sebastián, Guetaria y Motrico, con todos los otros castillos y con todo el derecho que la tierra de Guip. debía haber en España, y además, las villas de Vitoria, Salvatierra, Alfaro, Navarrete, Logroño, Fitero, Tudugén y Calahorra, con sus castillos y aldeas, y dio orden a sus habitantes para que reconociesen por su rey a D. Carlos. Al mismo tiempo, para obligar más a D. Carlos a la alianza de D. Pedro, el príncipe de Gales, protector de éste, prometía a aquél, desde San Melión, el 27 del mismo mes de setiembre, que respetaría la cesión hecha por D. Pedro "El Cruel" y que no ocuparía ningún castillo, ni plaza, cuando el príncipe viniese con sus gentes en ayuda de D. Pedro contra D. Enrique. Manifestaba el príncipe que tenía en rehenes tres hijos del rey D. Pedro para el cumplimiento de lo que había prometido a los de Inglaterra y Nav. (Yanguas: Diccionario ...)". Enrique de Trastamara quiso paliar la amenaza que se cernía sobre él desde lo de Livourne; también él prometió en la entrevista celebrada con D. Carlos en Santa Cruz de Campezo (enero 1367) la restitución de estas tierras patrimoniales del reino vasco. En noviembre de este año entra en este doble juego Pedro IV de Aragón, el día 21 de este mes acuerdan ambos monarcas anunciar su ayuda a Pedro I de Castilla y a continuación hacer lo mismo con el Trastamara. Las circunstancias eran peligrosas para los dos reinos implicados en la guerra fratricida; el doble juego era práctica obligada.

Recuperación de parte de Rioja, Álava y Gipuzkoa, 1367-1368. En compromiso con ambos contendientes; Carlos se vio obligado a elegir: en enero de 1367 el Príncipe Negro pide paso por Navarra. Mediante el tácito acuerdo del monarca pasan el duque de Lancaster, el condestable de Aquitania y sus señores, Chaudros, el Príncipe de Gales,, el rey Pedro I, etcétera, con sus respectivas tropas que derrotan al Trastamara en Nájera el 3 de abril de dicho año. Carlos II ve llegado el momento de cumplir una vieja aspiración: la reconquista de las tierras del reino anexionadas antaño por Castilla. Aprovechando la lucha (1368) entre castellanos, recupera Logroño -donde Arnaud Lupo, señor de Luxe, es el primero en clavar el pendón de Navarra: Vitoria, Salvatierra de Álava, Contrasta, Rentería y Villafranca de Ordizia. Para poder hacer frente a los gastos que le ocasionó la reconquista se vio obligado a vender bienes en Sangüesa, Pamplona, Laguardia, Cintruénigo, Lizoain, Agoncillo, Lazagorría, Bierlas, Estella, Torralba, Viana, Aguilar, Espronceda, Los Arcos, etc.:

para pagar é retener las gentes de armas, que nos convino tener por cobrar las tierras de Álava et otras que antiguament fueron de la corona é reino de Navarra... que conquistamos de nuevo, y para pagar á los vecinos de Viana 2.500 florines que importaban las provisiones que les tomaron los oficiales del rey para gasto de su hostal, cuando tenia su real delante de logroño [Comptos].

Nuevo paso de du Guesclin: Enrique II rey de Castilla, 1169. Las Compañías Blancas de du Guesclin vuelven a atravesar Navarra saqueando y destruyendo sembrados y casas e incluso ocupando algunas localidades navarras como Valtierra. Tras la batalla de Montiel, Enrique de Trastamara mata (23 marzo 1369) a su hermano Pedro I. Tanto para Navarra como para Aragón es un alivio ver despejarse esta incógnita.

Tratados de paz con Aragón: 1369 y 1370. Ambos reyes, D. Carlos y D. Pedro IV, firman un primer tratado el 30 de abril de 1369, intercambiándose las conquistas respectivas de la última guerra. El segundo tratado, firmado el 4 de febrero de 1370, fue más sustancial. Según recoge Yanguas:

"hicieron nueva alianza contra todos sus enemigos, exceptuando al Papa, reyes de Francia y de Inglaterra, Portugal, Sicilia, Granada y Benamarín, al Príncipe de Gales y sus hijos y al conde de Fox; éstos por el de Aragón, y por el de Navarra a los mismos y a los duques de Durazo y de Bretaña. Acordaron que si D. Enrique de Castilla hiciese guerra contra Aragón o Navarra, se ayudasen mutuamente con todo su poder; que si se cercase alguna villa o castillo de Aragón o debiese haber batalla, el rey de Navarra ayudase a D. Pedro con su propia persona y poder; que estando impedido enviase su pendón, y que esto mismo hiciese D. Pedro si D. Enrique de Castilla sitiase algún castillo de Navarra".

Viaje de Carlos a Normandía e Inglaterra, 1369-1370. Tras la subida al trono del Trastamara, Carlos se halla atenazado por la entente franco-castellana. Para impugnar el tratado de 1365 marcha a Cherbourg en junio de 1369. Ante la negativa del francés, pasa a Claredón (Inglaterra, agosto 1370), donde se entrevista con Eduardo II, llegando a un acuerdo muy sustancial (Rymer, t. VI, p. 662), pero que no quiso ser ratificado por el Príncipe de Gales.

Dª Juana acuerda una tregua con Enrique II, 1370. El Papa Urbano V intervino en octubre de 1370 pidiéndole la disolución de los grupos armados que prepara en Navarra y Aragón. La reina consorte, D.ª Juana, acuerda entonces una tregua (26 octubre) con el Trastamara, que intenta apoderarse de las tierras recuperadas por Navarra en 1367-1368. La tregua se concertó hasta agosto del año 1371.

El Tratado de Vernon, 25 de marzo de 1371. Carlos II se resigna a perder Mantes y Meulan, así como Longueville al ratificar en la entrevista de Vernon (Delachenal: Histoire..., t. III, p. 491) el acuerdo de 1365 y al jurar "fe, lealtad y obediencia" al rey de Francia por sus posesiones francesas. Agasajado en París, la paz parecía firmada para siempre. En noviembre de 1371, un representante suyo, Ligier d'Orgessin, recibía Montpellier a fuer de posesión navarra. Carlos visitaría su nuevo dominio en marzo del siguiente año.

(1371-1373). Navarra pierde con ella Rioja y Álava. El 6 de octubre de 1371 Carlos II se ve obligado a aceptar la mediación del Papa en relación a los territorios vascos recuperados entre 1367-1368. El 4 de agosto de 1373 el cardenal Guido de Bolonia dio a conocer el veredicto papal que, como era de esperar, dirimía la cuestión a favor del más fuerte: Castilla y su aliada Francia. Se conjuraba a ambos monarcas a guardar la paz, a que el infante D. Carlos casase con la infanta D.ª Leonor y a que Navarra devolviera Rioja y Álava. Las Cortes de Navarra de 1373 ratificaron la sentencia obligándose a cumplirla. En este contexto se sitúa la expedición del infante don Luis a Grecia y Albania.

Prisión del infante en Francia y guerra con Castilla (1376-1379.) El matrimonio apenas sirvió de tapadera a las apetencias imperialistas de Enrique de Trastamara, que no dejó de hacer preparativos bélicos y no dudó en recurrir al soborno de algunos caballeros navarros. Los años y los reveses habían vuelto desconfiado a D. Carlos, que ni siquiera asistió a la boda (Soria, 27-5-1375) de su primogénito con la bella infanta castellana. Un veterano servidor del rey, D. Rodrigo de Uriz pagó con su vida (1376) las sospechas del soberano de que tenía tratos secretos con el Trastamara para entregarle Tudela y Caparroso. Pero la chispa que hizo estallar la guerra brotó en Francia, cuando Carlos V apresó a varios dignatarios navarros que acompañaban al infante Carlos en su visita a Montpellier, Normandía y otras posesiones navarras (1378). Carlos V vio -o quiso ver- la mano invisible de Inglaterra tras la documentación que portaban Jacques de la Rue, chambelán del rey de Navarra y Pierres de Utrarte. Los dos murieron en el suplicio (21 mayo 1378), según Yanguas, aunque el Príncipe de Viana cita también a Fernando de Ayanz como víctima del francés. Los infantes D. Carlos, D. Pedro y D.ª Bona fueron encerrados y las tierras navarras en Francia invadidas. Delachenal publica el interrogatorio en el cual De la Rue habría "confesado" el intento de envenenamiento del rey francés (apéndice, t. III, pp. 291-293). El asunto hizo que se rompieran nuevamente las hostilidades, sumándose rápidamente Castilla al bando francés. Navarra perdió en esta guerra sus posesiones provenzales. La expulsión de los navarros de Normandía no fue posible, sin embargo, debido a la resistencia de Cherbourg y a la ayuda inglesa. Ricardo II de Inglaterra pactó con el navarro contra sus proverbiales enemigos: franceses y castellanos. El 1 de julio Carlos II pasó revista a sus tropas en Olite. En enero de 1379 campaba ante Soria, pero le falló la recuperación de Logroño, ya que Pedro Manrique, adelantado de Castilla al mando de la fortaleza, le traicionó después de haberse dejado sobornar. Navarros y gascones de la guarnición logroñesa cayeron prisioneros logrando apenas huir Mosen Martín Enríquez de Lacarra y algunos pocos. La situación se agravó al ser invadida Navarra por el primogénito de Enrique, Don Juan. Caen Funes, Mendavia, Larraga, Tiebas, Viana, Beriain, Villatuerta, Falces, etc. Retumban por primera vez, en esta guerra, los cañones navarros. Atacado por dos frentes, Carlos no puede resistir a los embates.

Paz de Briones, 31 de marzo de 1379. Se firma esta paz a la desesperada, mascando Carlos su dura humillación y amargura. Castilla impuso sus condiciones pisando fuerte. Tudela, Estella, San Vicente, Larraga, Lerín, Miranda, etc., fueron dadas en rehenes a Castilla durante 10 años. Carlos se comprometió a no casar a ninguno de sus hijos con infantes ingleses. Tudela fue entregada al infante D. Juan el 22 de abril de 1379, que exigió este mismo año (29 de junio), siendo ya rey, la entrega del resto y la desnaturalización de sus vecinos, cosa que se verificó el 29 de julio del mismo año. Durante el transcurso de esta guerra tuvo lugar la doble elección de Urbano VI, por Roma, y de Clemente VII, por Avignon, con lo que se iniciaba el Gran Cisma en el que Carlos no quiso tomar partido.

Vuelta del infante Carlos y revisión del Tratado de Briones, 1382-1383. Resentido física y moralmente quedó D. Carlos a partir de 1379, contando apenas con 47 años de edad. El desastre de Briones vino a ser algo así como el último desaire que le proporcionara una fortuna constantemente adversa. Yanguas expresa con decimonónica sencillez lo que debió ser un tremendo trauma psíquico: «parece ser que la desgracia que acompañó siempre a todas sus empresas, fue superior a la violencia de su carácter y que hasta su organización física participó del choque de los infortunios con la vehemencia de sus deseos de subordinarlo todo a su voluntad». Cayó, pues, enfermo de cierta gravedad. Mientras, era libertado el infante Carlos y el nuevo rey de Francia, Carlos VI, le devolvía los bienes confiscados por Juan «El Bueno». En diciembre de 1382 se hallaba ya con su padre -probablemente recuperado-, que ostentó el día de la llegada de su hijo un chapel de fierro guarnecido en otro de perlas y una flor de lis con piedras (Comptos). En su viaje a Castilla, el infante Carlos proporcionó otra alegría a su padre: logró la rectificación del Tratado de Briones mediante el llamado Tratado de El Espinal (19 de octubre 1383). Por él se acordó que Juan I de Castilla abandonara los castillos que tenía en prenda menos Tudela y San Vicente, que en éstos pudiera el navarro designar a los alcaides, que el infante ayudara personalmente y con gentes al castellano en su guerra por la sucesión de Portugal, y otros detalles. Meses después marchaba el infante Carlos a Portugal (enero de 1384).

Las Capitulaciones de Estella, 1386. Carlos II trató de enderezar su situación tanto en el norte como en el sur del reino. Para el primer asunto participó en las treguas de Boulogne, firmadas entre Francia e Inglaterra el 14 de setiembre de 1384. En 1385 envió al escudero Arnanton de Saumon a Inglaterra para gestionar la devolución de Gherbourg. Pero el rey de Francia, Carlos VI, revocó, el 20 de marzo de 1385, la devolución de los bienes navarros que había efectuado en la persona del infante Carlos. Este, mientras tanto, se hallaba enzarzado en la guerra de Portugal a la que había vuelto a partir de julio de 1385. Vuelto de la misma, Castilla y Navarra dieron un nuevo paso hacia el restablecimiento de unas relaciones amistosas. El 16 de enero de 1386 tuvieron lugar en Estella unos capitulados firmados por don Pedro de Luna, cardenal de Aragón, y Gonzalo Moro, procurador del rey de Castilla, por una parte, y el prior de Roncesvalles y D. Carlos II por otra. Castilla ratificaba lo acordado al infante Carlos en 1383. Los castillos y lugares citados en El Espinal fueron devueltos. Tudela y San Vicente permanecieron un año aún bajo tutela castellana.

Muerte de Don Carlos, 1 de enero de 1387. Cuando ésta acaeció, a los 38 años de reinado y 55 de edad, se halla el infante en Castilla, quedando de gobernadores el obispo de Bayona, D. García de Eugui y el alférez de Navarra, Carlos de Beaumont. Carlos murió en el palacio de San Pedro o del Obispo (actual Gob. Militar); sus vísceras se repartieron entre Ujué (corazón) y Roncesvalles (intestinos) y su cuerpo embalsamado fue inhumado en el coro de la catedral de Pamplona.

Tuvo con doña Juana al primogénito Carlos, a D. Felipe, D. Pedro, D.ª María, D.ª Juana, D.ª Blanca y D.ª Bona. Con una dama llamada Catalina de Lizaso tuvo a D. Lionel de Navarra, fundador de la casa de los mariscales del reino. Hija bastarda suya fue D.ª Juana.

"Era el rey pequeño de cuerpo, pero de mucho ingenio y atrevimiento, de mirada viva y de elocuencia tan persuasiva que en los demás metía su voluntad; avezado en el arte de hacerse querer y, por ello, muy querido del pueblo",

dice el monje de Saint-Denis (Grandes Chroniques de France ).

"Poseía todas las buenas cualidades que un mal carácter hace perniciosas: la energía, la elocuencia, la osadía, el ingenio, la liberalidad",

agrega Mercier (Portraits des rois de France ). Simeon Luce (B. Du Guesclin et son époque, París, 1888, p. 240), como buen decimonónico, carga las tintas:

"hombrecillo de ademanes felinos, de ojos brillantes, de mirada ubicua, de facundia inagotable (que) participaba de la naturaleza de la serpiente y del tigre".

Los historiadores franceses le llamaron "El Malo", contraponiéndolo, muy a la francesa, a su propio soberano al que llamaron "El Bueno", aunque no falta quien piense (Duverge) que el remoquete sea relativamente moderno debiéndose a la pluma resentida de Avalos de la Piscina. De todas formas, razón tiene Moret cuando comenta que en dicho apodo "tuvieron tanta parte los odios ajenos como los defectos propios". Se ha querido ver en Carlos II el equivalente masculino de la célebre Locustra; pero, la historiografía gala olvida que entre los siglos XI al XV se produce una auténtica proliferación de obras dedicadas a los tóxicos (ej. Maimónides), lo que demuestra que el envenenamiento era una práctica frecuente, sobre todo en quien podía pagarse un buen envenenador. Pocos serán los dramas de Shakespeare -que reconstruye épocas anteriores a la del poeta- en los que no surja este insidioso instrumento de muerte. Sin ir más lejos, ¿cómo murieron el Príncipe de Viana, Lope García de Salazar, D.ª Blanca de Navarra, Francisco Febo, etc.?

"Su fama de utilizar como arma el veneno -al parecer comprobada en algunos casos- hizo que se le atribuyeran crímenes imaginarios. Por otra parte, una larga historiografía oficial, totalmente adversa, contribuyó a dar por cierto lo que sólo era fruto de una propaganda inteligente

(Lacarra: Historia política del..., p. 151).

En resumidas cuentas que le llamaron malo los poderosos porque no se dejó "noblemente" despojar y porque no tuvo un erario lo suficientemente rico como para alimentar a unos cuantos mercenarios de la pluma, ávidos de protección oficial. Pero ¿qué pensaban de él los nobles alto y bajonavarros, guipuzcoanos, alaveses y gascones que le sirvieron con fidelidad a toda prueba? ¿Qué el clero que le proporcionó motu propio ayuda material en 1357 y el pueblo que lo hizo en 1359? ¿Qué los beneficiados por su testamento de 1361, y los conventos e iglesias agraciadas por sus magníficos regalos, y los labradores a los que perdonó las pechas compadecido de su pobreza (1368 todos los del reino, 1386 los del valle de Allín, 1362 todos, 1376 los musulmanes de Tudela...)? Sin caer en la crítica beata cabría decir con Castro:

"no es justo personalizar en el navarro todos los vicios, violencias, deslealtades y perjurios que caracterizaron la época en que le tocó vivir"

(Carlos II "El Noble", rey de Navarra. Pamplona, 1967, p. 15).

Carlos II, amante de la cultura y del arte. El siglo XIV es la edad de oro del arte navarro; pintura, escultura, música y arquitectura siguen nuevos itinerarios en el terreno de la sofisticación y de la delicadeza.

"En el arte sigue predominando la influencia francesa. La arquitectura religiosa echa atrás la ascética capucha y se adorna con la elegante toca de las damas cortesanas. La piedra compite con el encaje de Malinas...",

dice Campión refiriéndose al reinado de dos Carlos, padre e hijo. Del reinado del primero datan la iglesia de Ujué, el claustro de Santa María de Los Arcos, la iglesia parroquial de Obanos, San Pedro de Puente la Reina, etc. Cupo también a Carlos II la gloria de tener a su servicio al mejor músico de su época, Guillaume de Machaut (1300-1377) -maestro eximio del ars nova-, desde que inició su reinado.

"El mismo hecho que Guillaume de Machaut, el músico por antonomasia del siglo XIV, se hubiera enamorado tan pronto de la figura simpática del joven monarca, indica que Carlos II era un enamorado ferviente y a natura un real mecenas del arte musical"

(H. Anglés).

Ese año (1349) escribe para él el Jugement dou rois de Navarre y en octubre de 1357 dedica Le confort d'ami a su joven amigo el rey, para consolarle en las mazmorras de Arleux. Otros músicos suyos fueron Guillem y Llorens, trompeteros, Guillot Bertrán y Guyón, ministriles bayoneses, Bonxaffos y su hijo Gento, juglares, Perrin de Badet, Juan de Romans, ministriles, Pierre du Bar y su hijo, juglares de arpa, etcétera. Sin embargo, Higinio Anglés no cree que tuviera una capilla musical para ejecutar música polifónica como solían tener otros monarcas. Los músicos de la Corte de Foix, los de Aragón y los de Castilla solían visitar con frecuencia la Corte navarra, donde era afamado el recibimiento que se les hacía. A su vez, el traslado del rey ocasionaba el de sus ministriles y juglares, como documentadamente demuestra Anglés. Fue la música francesa, campeona en la refinada Europa prerrenacentista, la que se oía en los salones de Carlos II; en ellos campeaba el arpa, muy usada en Pamplona y otras ciudades de residencia real. Conforme con este sentido estético, también se preocupó Carlos por los nuevos libros. Así fue cómo hizo llegar a Navarra el conocido De Regimine Principium y la Gramática, de Donato, y recompensó a Juan de la Esclusa (1383) por haber escrito el libro Confort D'ami. En guerra con Castilla (1378) le impidió llevar a consecución uno de sus proyectos más caros: fundar una Universidad en Ujué.

Como muchas personalidades sensibles y dinámicas a la vez, Carlos era un gran amante de los animales. Tal es así, que «mandó hacer unas andas para conducirlos a dondequiera que el rey fuese (Yanguas)». Su favorita era una mona que le entretenía en medio de sus pesadumbres y maquinaciones. El rey de Aragón le regaló una leona (1384) y, más tarde (1385), un león.

Rigiendo un país principalmente agropecuario, ambas cosas preocuparon a D. Carlos, en especial la implantación de una buena industria pañera. Yanguas recoge al respecto:

"En 1376 prestó 500 libras al concejo de Larraga para hacer una presa en el río Arga. En 1366 mandó alquilar una casa en Estella para un pelaire, un tinturero y un tejedor, que había mandado venir de Aragón para fabricar paños, y que el baile y el recibidor les pagasen sin excusa los jornales que les señalaba, so pena de hacerlo de sus bolsillos. En 1372 mandó pagar 30 florines a Miguel de Mazas, pelaire, a Valero de Zaragoza, pilatero, y al maestro Bernar, tinturero, a los cuales había hecho venir desde Zaragoza por divisar en quoal lugar de su regno se podrían facer bonament painos, principalmente en Pamplona, Puente la Reina y Estella. Al mismo tiempo envió a Zaragoza a don Ponz Eslava y a Zalema Zaragozano, moro, para examinar en quoal manera eran fechos los molinos, calderas, tiradores é otros artificios, con que se facen los painos. En 1376 mandó hacer un batán para adobar los paños en el molino del puente de Tudela".

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