Literatos

Antoñana Chasco, Pablo

Escritor navarro. Nacido en Viana, el 29 de octubre de 1927. Fallece en Pamplona, el 15 de agosto de 2009.

Su padre, maestro en Viana, emigró a Guinea Ecuatorial por motivos económicos. Durante su infancia conoció bien el ambiente rural del peonaje, de los mayorales y de las familias hacendadas que tan vivamente reflejaría luego en sus novelas.

Estudió Magisterio en Logroño y Derecho en la Universidad de Zaragoza, ciudad donde publicó sus primeros trabajos literarios en periódicos y revistas de la época. En 1953 obtuvo la plaza de secretario de ayuntamiento de Sansol, Desojo y El Busto. Posteriormente también de Viana y Los Arcos, hasta su jubilación en 1988.

En 2007 la Fundación Irujo Etxea le concedió el Premio Manuel de Irujo en reconocimiento a su trabajo literario.

A los 32 años escribe su primera novela, El capitán Cassou, con la que obtuvo el premio "Acento" de novela corta. En el contexto de la gran guerra europea se relata la historia de un militar francés que, después de haber ordenado fusilar a su ordenanza, queda a merced de los remordimientos y abocado a la locura. Dos años después Antoñana recibe el premio "Sésamo" con la novela No estamos solos (Madrid, edición A.U.L.A., 1963), en la que plantea la desintegración de una partida carlista tras la derrota militar, argumento que le sirve para abordar la tragedia del vencido de guerra, su humillación y persecución. Ese mismo año queda finalista del premio "Nadal" con La cuerda rota (Pamplona, Pamiela, 1995), en la que se narra la historia de cuatro emigrantes portugueses que intentan llegar a Francia en busca de trabajo. Novela sobre la pobreza y la clandestinidad que no sería publicada hasta 1995.

En 1964 se editaba, sin embargo, su segunda novela El sumario, subtitulada El dilema de un juez (Barcelona, Plaza y Janés, 1964), que reconstruye retrospectivamente los motivos y circunstancias del asesinato de Cornelio, cuyo cadáver aparece abandonado en la orilla del río. A partir de aquí Antoñana dejaría pasar 9 años antes de publicar otra obra narrativa, Pequeña crónica, que obtiene el Premio Ciudad de San Sebastián de novela corta (Donostia, "Kurpil", 1975; reed. en Pamplona, Pamiela, 1984). En 1976 se le concederá el premio "Ciudad de Tudela" de cuentos y en 1978 el premio "Navarra de novela corta" con su Relato cruento (Iruña-Pamplona, Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, 1978), donde novela el final de la familia aristocrática de los Vignecourt. En ella, el lelo Gerardo, niño subnormal y último descendiente de la familia, es elemento nuclear y símbolo de la destrucción del señorío.

Entre 1962 y 1977 Antoñana mantuvo la sección dominical "Las tierras y los hombres" en el periódico "Diario de Navarra", algunos de cuyos textos se recogieron en el libro Patrañas y otros extravíos (Pamplona, Pamiela, 1985), obra miscelánea que engloba cuentos, semblanzas y evocaciones, y en Botín y fuego y otros relatos (Pamplona, Pamiela, 1985). Entre los años 1983 y 1986 colabora con "Navarra hoy" y posteriormente lo hace en "Diario de Navarra" y "Diario de Noticias".

En 1990 publica Noticias de la Segunda Guerra Carlista (Pamplona, Dirección General de Cultura) y en 1993 reúne en La vieja dama y otros desvaríos (Pamplona, Dirección General de Cultura), varios relatos y dos novelas cortas, entre ellas El capitán Cassou, que permanecía inédita, y Cartas guineanas. Un año después Pamiela recupera La cuerda rota, con la que fue finalista del premio Nadal en 1962.

En 1996 recibe el Premio Príncipe de Viana, reconocimiento que le valdrá la reedición de algunas obras y la compilación de una colección de artículos personales y de entrevistas titulada Textos y Pretextos (Bermingham, 1996), así como un conjunto de reflexiones reunidas bajo el título Memoria, divagación, periodismo (Pamplona, Pamiela, 1996). Un año después salía Despropósitos (Pamplona, Pamiela, 1997), treinta y tres nuevos relatos cortos, algunos condensados en una decena de líneas, en los que Antoñana vuelve a los tiempos de las guerras carlistas y las coloniales o a su querida "República de Ioar", evocados con antojadiza mezcla de ficción e historia.

En 1999 reúne cerca de cincuenta relatos en el libro Extraña visita y otras historias (Pamplona, Pamiela, 1999), con temas habituales del escritor: la guerra, la derrota, el fracaso, la inmigración de principios de siglo o la decadencia; y en 2001 recopila en Último viaje y otras fábulas (Donostia, Ttharttalo, 2001), una colección de textos narrativos aparecidos en prensa cuyo tema común es nuevamente la guerra, con la crueldad y la desesperanza como paisaje de fondo de todos los relatos.

En febrero de 2008 presenta el que sería su último libro, Aquellos tiempos, una recopilación de más de 60 artículos costumbristas publicados a lo largo de 6 años en la revista "Orbela" en los que repasa anécdotas, gentes y tradiciones perdidas.

Los temas de Antoñana. Para este autor la literatura es "compromiso con la hora y el tiempo que se vive". La novela es testimonio, denuncia y cauce de los problemas sociales. De ahí su insistencia en hablar de la guerra, la injusticia, la maldad, el fracaso o la pobreza. Ambientadas en un universo rural, Antoñana recoge bien la vida triste de los peones, campesinos asalariados y jornaleros, que enfrenta al poder de caciques y terratenientes. En todas sus novelas aparecen dos grupos dialécticos enfrentados e irreconciliables: los poseedores y los desposeídos. Inscrito en el realismo social propio de la literatura española de los 50, Antoñana conjuga el vanguardismo faulkneriano con la tradición literaria autóctona. (Martín Nogales, 1989).

Como ha destacado Romera: "Pocos narradores españoles -excepción hecha, quizás, de Juan Benet- han sabido construir un universo narrativo tan propio no sólo en temas, personajes y referencias, sino incluso desde la propia ficción geográfica." (en Mata, 2002). Con un estilo literario que abunda en detalles naturalistas, el empleo de imágenes simbólicas y la recreación de personajes desoladores, Antoñana compone una literatura realista y testimonial, intencionalmente crítica y desesperanzada, de la que emana una visión desolada del hombre.

  • IRIBARREN, Manuel. Escritores navarros de ayer y de hoy. Pamplona : Gómez, 1970.
  • MARTÍN NOGALES. «El año de Pablo Antoñana», en Anuario de Diario de Navarra. Pamplona, 1997.
  • MARTÍN NOGALES, José Luis. «Escritores navarros», en Cincuenta años de novela española (1936-1986), Barcelona : Promociones Publicaciones Universitarias, 1989.
  • MATA INDURÁIN, Carlos. «Panorama del cuento literario navarro del siglo XX», en Príncipe de Viana núm. 216, enero-abril 1999, Pamplona : Dirección General de Cultura.
  • MATA INDURÁIN, Carlos. «Panorama de la novela histórica en Navarra», en SARALEGUI PLATERO, Carmen; CASADO VELARDE, Manuel (eds.): Pulchre, Bene, Recte. Estudios en homenaje al Profesor Fernando González Ollé. Pamplona : Eunsa, 2002.
  • MATA INDURÁIN, Carlos. Navarra. Literatura. Pamplona : Gobierno de Navarra, 2002.
  • YERRO, Tomás. Escritores navarros actuales. Antología I y II. Pamplona : Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1990-91.

Junto a la bibliografía que se adjunta, a este autor se han dedicado los siguientes estudios críticos: Moreno, Víctor: Pamiela, núm.4, 1984; Yerro, Tomás: "Pablo Antoñana, perro solitario de la literatura española" en Pasajes, Pamplona 1987, pp. 117-50; Martín Nogales, José Luis, en prólogo a La vieja Dama y otros desvaríos (Pamplona, Gobierno de Navarra, 1993); Muro, Antonio: "Tiempo de Historia en Relato Cruento de Pablo Antoña", Príncipe de Viana, núm. 17. (1996) y tesis doctoral sobre este autor presentada en la Universidad de Navarra; Sánchez-Ostiz, Miguel: Pablo Antoñana, el jinete solitario.

"Fragmentos de conversación daban detalle y pormenor de tropas acuarteladas, motín en un regimiento de artillería, un guardia civil sin graduación pone el caño de la pistola en la nuca (o la sien) de su coronel y le raja el cráneo, que estalla como una calabaza hueca. La noticia es truculencia y un espeso vaho de humo de tabaco quemado convierte el espacio en profundidades acuáticas donde las figuras flotan, se borran y disuelven volviéndose espectrales. Las mismas voces son ajenas y extrañas como si aquello fuera una sesión de hipnotismo.

Padre había abandonado la fetidez de su despachito y presidía todo aquello. Recibía a las gentes dándoles la mano. Alzado en un pequeño trono de humo y oscuridad se había vestido (como un disfraz) de un gesto digno y austero que ya no abandonaría en lo que quedó de noche. Se le había mudado el rostro, el talante y hasta la misma disposición de las manos que dejaron de ser de campesino atalajando el caballo. Ahora parecía más a un melancólico coronel retirado que al dueño de una casa de labranza.

La casa se había convertido en un cuartel o caserna, extremo evidente pero inexplicable.

Madre se le acercó para colocar la pulpa de sus labios en su oído.

"¿Qué hace esta gentuza aquí?"

Dijo "gentuza" y padre al moverse en la oquedad clavada en el humo se manchó fugazmente de luz.

"Esto es cosa muy seria. Es la guerra."

La guerra. Madre tenía los ojos mojados y también su memoria".