Teólogos

AZPILCUETA, Martín de

Doctor Navarro. Jurisconsulto y teólogo navarro, célebre en Europa por su importante labor tanto en terreno de la docencia como en el de las letras y derecho canónico. Nació en Barasoain, el día 13 de diciembre de 1492 y murió en Roma el 21 de junio de 1586. Viste el hábito de canónigo regular de la orden de San Agustín en Orreaga / Roncesvalles, Navarra. Estudió teología en Alcalá y jurisprudencia en Toulouse (Francia) donde huyó al sobrevenir la reconquista de Navarra por el rey Fernando el Católico, ya que su familia fue fiel al rey legítimo destronado. Fue profesor de derecho canónico en la Universidad de Cahors y luego en el mismo Toulouse. Se le nombró consejero del Parlamento de París, cargo que no aceptó. Al volver a su tierra, en 1523, se ordenó sacerdote. Fue nombrado catedrático de derecho canónico en la recientemente reformada Universidad de Salamanca, a la que el año siguiente llegó, también procedente de Toulouse, Francisco de Vitoria. En esta Universidad enseñó durante 14 años. En el año 1538, el rey de Portugal solicitó a su yerno, Felipe II, la presencia de Azpilcueta en la Universidad de Coimbra. Allí pasó a desempeñar la cátedra de prima de cánones durante 16 años, hasta su jubilación. Uno de sus alumnos fue Covarrubias de Leiva. Rechazó el obispado que le ofreciera el rey de Portugal y también el arzobispado de Santiago. En 1561, cuando todavía no había experimentado tiranteces con el rey de España, éste le ordena que tome la defensa de Fray Bartolomé de Carranza Miranda, arzobispo de Toledo preso en Valladolid por la Inquisición bajo la acusación de herejía, encargo que ha de costarle más de un sinsabor debido al autoritarismo de Felipe II y a los intereses turbios del Dr. Simancas, su rival en el proceso. Sin ir más lejos, debido a una Consulta que dirigió a D. Felipe y que exasperó enormemente a este monarca, fue condenado a arresto domiciliario y a no contestar consultas, el 13 de junio de 1562, a pesar de seguir sustentando la defensa de su conciudadano Carranza. En el año 1565 incurre en nueva ira real por razones oscuras entre las que pueden barajarse la de haber visitado al legado pontificio de Pío IV "sin ser llamado", la de violar el secreto real o la de ser acusado de ser "francés". El Dr. Navarro se defiende de las tres acusaciones en un vibrante Memorial. Años después, el 21 de octubre de 1567 obtiene autorización para marchar a Roma donde ha de ventilarse el proceso de Carranza. Cuenta ya con 75 años de edad y ha tenido que detenerse en Avignon gravemente enfermo. La atmósfera romana parece, sin embargo, infundirle nueva vida. Es nombrado miembro del Tribunal Supremo de la penitenciaría y consultor de los Papas Pio V, Gregorio XIII y Sixto V, que lo colman de honores. En 1570, el Papa Pío V quiso nombrarlo cardenal, a lo que se opuso Felipe II, como consta en documentos fehacientes reproducidos por Arigita y por Goñi Gaztambide. A. Lambert en su "Dictionnaire d'Histoire et Géographie Ecclésiastiques" da como razón de esta oposición la sospecha del monarca de que Azpilcueta fuera un partidario tardío del rey legítimo de Navarra, Juan de Albret. El mismo Azpilcueta, en su divulgada autodefensa Carta Apologética al Duque de Albuquerque recoge las cuatro principales acusaciones que se le hacían: I.°. Declarar injusta la posesión de Navarra por el rey de España. 2.° Que el rey le odiaba y no le había dado ningún cargo en la Corte. 3.° El ser navarro y perteneciente a una familia partidaria de los Albret. 4.° El ser amigo de Francia y de su cultura. Los principales artífices de su no nombramiento fueron el embajador de España en la Santa Sede, Juan de Zúñiga, y el cardenal Pacheco. En su lugar fue nombrado el arzobispo de Tarragona, Gaspar Cervantes. Dos años después, en 1572, el Papa deseó nuevamente nombrarlo cardenal; Felipe II escribió al embajador rápidamente: "si tal entendiese, lo procurase desviar por todas las vías posibles, por que no conviene en ninguna manera que éste sea cardenal", logrando impedir nuevamente el nombramiento. A los 94 años de edad y 19 de estancia romana muere el Dr. Navarro gozando de extraordinaria fama internacional y pésima en la Corte. Dejó una importante serie de obras sobre derecho canónico que conocieran, entre 1590 y 1617, nueve ediciones: 2 en Roma, 3 en Lyon, 3 en Valencia y I en Colonia. Otras obras importantes fueron: Comentario resolutorio de usuras, Estella, 1565, dedicado a "D. Carlos, príncipe de Castilla... para mayor declaración de lo que ha tratado en su Manual de Confessores", Estella, 1565: resumen de los modos comunes de pecar contra cada mandamiento. Manual de Confessores y penitentes, Estella, 1566: "este manual grande se podía decir doctrina cristiana de todos, memorial y repertorio resolutivo necesario a las conciencias para los doctos. Confesionario perfecto para confesores, espejo de acero grande y claro para penitentes". De Reditibus eclesiasticis, versión latina en 1568. De música el cantu figurato. Il silenzio necessario nell'altare, nel coro et altri luoghi ove si cantano i divini uffizi. Varios informes y contestaciones a consultas, entre ellos Informe al rey Felipe II sobre franciscanos conventules y terceros en España ("Estudios franciscanos", I9l2, XXVI), etc. Se le atribuye también el Memorial de agravios contra Paulo IV. Figura en el Diccionario de Autoridades de la lengua castellana por su perfecto dominio de la misma. Políticamente, es interesante su enraizada concepción de la soberanía popular, posición defendida en un célebre debate en la universidad de Salamanca contra impugnadores de la talla de un Francisco de Bobadilla, prefecto de la universidad, o de un Dídaco de Alava, profesor de derecho canónico de la misma. Su tesis fue: El reino no es del rey, sino de la comunidad, y la misma potestad regia por derecho natural es de la misma comunidad y no del rey, por lo cual no puede la comunidad abdicar totalmente de ese poder. Tesis defendida cuando aún no se había apagado la voz de los comuneros ejecutados después de sangrienta guerra. Su misma conducta fue un continuo enfretamiento a los aires absolutistas que soplaban sobre Europa y en especial sobre la península, tenaz oposición que estalló con el proceso de Carranza y le hizo avecindarse en Roma sin esperanzas. Durante toda su vida fue consultado por reyes, ministros, cardenales y papas, tanto en cuestiones políticas como religiosas: Bula de la Santa Cruzada, reforma de los cabildos, Bula In coena domini, etc. Barasoain, su pueblo natal, fue dotado por Azpilcueta de un hospital, última señal de su amor a Navarra cuyo nombre había de acompañarle a la posteridad. Una segunda edición de su obra Consiliorum sive responsorum volumen secundus..., fue publicada en Lyon, 1694. Ref. Ver CUERPO C. BIBLIOGRAFIA.

Idoia ESTORNÉS ZUBIZARRETA