Marinos

Gaztañeta Iturrivalzaga, Antonio de

Marino y constructor naval guipuzcoano. Mutriku, 8 de junio de 1656 - Madrid, 5 de febrero de 1728.

Antonio de Gaztañeta fue uno de los grandes navegantes de finales del siglo XVII y principios del XVIII, que intervino en numerosas expediciones y combates marítimos, y quien modificó las medidas de los navíos de la armada española de su tiempo. Así se refieren muchas enciclopedias y manuales de historia.



Pero José Mª López Piñero, uno de los historiadores de la ciencia españoles más respetados, decía que Gaztañeta había encabezado (junto con Francisco Seijas) el movimiento renovador de la náutica española. En realidad, López Piñero barría para casa, ya que Gaztañeta fue mucho más que un novator o un cosmógrafo -y mucho más, desde luego, que el militar enciclopedista-; de hecho, comenzó, y terminó, siendo eso, pero en el ínterin proyectó navíos y fragatas, destacando como constructor y arquitecto naval. Si algo hubo común en todas esas facetas, fue su experiencia, pragmatismo y preparación técnica.

Miembro de una familia de tradición marinera (comercial, por parte paterna; ballenera, por línea materna), natural de Mutriku (villa marinera por excelencia), Gaztañeta asimiló, desde niño, los conocimientos náuticos de sus progenitores. Aunque para los doce años se encontraba estudiando para piloto en Cádiz, la formación práctica, a decir verdad, le vino de su padre, a quien acompañó en más de una travesía. De sus viajes a las Indias heredó el manejo de instrumentos y cartas, además de una valiosísima experiencia marina.

Pronto tuvo, por desgracia, la oportunidad de demostrar esa capacidad; a la edad de 16 años, fallecía su padre, cuando ambos se encontraban en Nueva España, teniendo que pilotar el navío, de regreso a casa. Para 1684, en que fue nombrado piloto mayor de la Armada Real del Océano, había realizado en navíos y galeones, once viajes a América. Luego vendrían, en ascenso, títulos de capitán de Mar (1686), almirante real (1702) y comandante general (1717). En el campo de la marina, precisamente, publicó, en 1692, lo que sería su mayor aportación científica (aunque no significa que sea la más original): el Norte de la Navegación, el más importante tratado náutico español de finales del siglo XVII. Aunque inspirado en la obra de Guillaume Blondel de Saint-Aubin [Trésor de la Navigation (1676), 2ª ed.], tuvo el mérito de introducir, en la náutica española, importantes métodos, como el de la corredera [desarrollado por William Bourne (c. 1535-1582)] y el cuadrante de reducción (del propio Blondel). Asimismo, fue uno de los primeros en exponer la proyección o cartas esféricas, cincuenta años después de que las hubiese elaborado Alonso de Santa Cruz (1505-1567).

Los combates navales en los que tomó parte, o las expediciones y misiones en las que se involucró, permitieron que Gaztañeta viese y visitase navíos de otros países. De hecho, fue testigo directo del desarrollo que vivía Holanda, la fuente donde bebían las marinas de Francia e Inglaterra, que estaba experimentando nuevos tipos de barcos, para optimizar el comercio marítimo. El campo de la arquitectura naval fue su tema preferido; en especial, lo que llamó "nuevas formas" de navíos mercantes y de guerra. Un fin éste al que pudo dedicarse a partir de 1702, cuando fue nombrado Superintendente General de los Astilleros de Cantabria, y más tarde en astilleros vascos, como los de Zornoza, Pasaia y Orio. Fue éste un problema que le llevó a proponer el alargamiento de los navíos de guerra, en busca de velocidad y maniobra. Fue la suya una decisión audaz y pionera, ya que la mayoría de los marinos españoles no compartían sus opiniones: el capitán Francisco Antonio Garrote, por ejemplo, defendía la construcción de navíos de guerra que tuviesen las mismas proporciones y gálibos que los de comercio (idea originaria de los holandeses, con la que sucumbieron ante sus rivales). Y es que Gaztañeta, que junto con Francisco Seijas había sido uno de los líderes del movimiento novator en la náutica española, fue ante todo un hombre pragmático. Basaba sus ideas en la experiencia marítima, hecho en absoluto extraño, toda vez que pocos mejor que él, por sus viajes, conocían cómo se comportaban las naves en el mar. De hecho, tales proporciones fueron adoptadas por norma en España y América durante casi treinta años (es más, todos los Reglamentos de Marina del siglo XVIII adoptaron su método de despiece para marcar los robles en el monte).

Las demostraciones de sentido práctico abundan en sus escritos. Prueba de su enfoque pragmático son tres documentos que terminarían sentando las bases de la arquitectura naval española del siglo XVIII: Arte de fabricar reales (1687-91), en el que, a través de anotaciones meticulosas y farragosas, describía el proceso de construcción de varios barcos; Proporciones de las medidas arregladas a la construcción de un bagel de guerra (1712), en el que incluía los primeros planos de formas modernos que se conocían en España; y Proporciones de las medidas mas esenciales para la Fábrica de Navíos y Fragatas (1720), el documento que adoptó la Corona como Reglamento de Construcción, y que estuvo vigente hasta la llegada de Jorge Juan (1713-1773), en 1752. Por cierto, el manuscrito sobre el arte de fabricar reales incluye, por primera vez en la historia, el listado de todas las piezas del galeón, ordenadas según se procedía a su diseño y colocación. Y es que Gaztañeta, en lugar de entrar en disquisiciones teóricas, se esmeró en anotar lo que casi nadie había explicado antes: los trucos del gremio de constructores, los entresijos de la obra, los pros y los contras de la técnica.

En más de un aspecto, indudablemente las formas y, en particular, las proporciones, o los gálibos, y las características, sirvieron de modelo, casi de "espejo" para las armadas europeas. "Los navíos de Gaztañeta -como ha afirmado Francisco Fernández González, experto en arquitectura naval [en Antonio de Gaztañeta (1656-1728), pp. 34-5]- resultaron más fuertes que los de las otras naciones de su tiempo.... Estudiado y copiado por los ingleses [el Real Felipe], fue la base de los navíos de primera clase de T. Slade, como el Royal George de 1746 y el Victory de 1765.... Las obras de Gaztañeta de 1712 y 1720 definen un tipo de navío que supera a los descritos por Cornelis van Ijk en Holanda en 1697 y a los de Sutherland en Inglaterra, en 1711, y a los franceses de Bouguer, en 1746, y se adelanta a los de Duhamel de Monceau, en 1752. Son los progenitores de los navíos españoles que despiertan la admiración de Lord Collingwood cuando describe al Santa Ana como "a Spanish perfection"".