Políticos y Cargos Públicos

Ybarnégaray, Jean

Deportista y personalidad política bajonavarra nacido en Uhart-Cize en 1883, en el seno de una familia acomodada. Hizo sus primeros estudios en Larresore y los de Derecho en Burdeos, estableciendo despacho en Saint-Palais y Baiona.

Visitó también a las autoridades y a elementos políticos del otro lado del Bidasoa para interesarles por la causa de los Aliados. Diputado en 1914. Acabada la guerra, es reelegido frente a Garat, alcalde radical de Baiona. En 1924, siendo Vicepresidente de Jeunesses Patriotes, vuelve a serlo y con más votos aún que la vez anterior; a su mitin del 26 de octubre acude un gentío dificil de superar y es apoyado en él por el obispo Gieure y el sacerdote Berguey, mitin que se repetirá al año siguiente. Su éxito radicaba en un exacto conocimiento de las dosis de clericalismo y vasquismo necesarias para conmover a una opinión tradicionalista, rural y despolitizada que sigue el lema eskualdun fededun.

Amén de ganarse el apoyo del clero antirrepublicano, supo hallarse en las sociedades vasquistas, como la de Estudios Vascos/Eusko Ikaskuntza, de la que fue Vicepresidente de 1921 a 1929, y hacerse popular con actos como la fundación de la Federación Francesa de Pelota de 1921 y la inclusión, que él obtuvo, de este deporte en la categoría oficial de los Juegos Olímpicos de París de 1924. El 17 de setiembre de 1925 participó en el Homenaje a Axular organizado por Eskualtzaleen Biltzarra. Al año siguiente constituye la Unión Catholique. Todo este trajinar no le impide obtener, desde 1926 a 1929, el título de campeón francés de pelota y fundar en Argentina, el 19 de mayo de 1929, la Federación Internacional de Pelota Vasca, formada originariamente por Francia, España y Argentina, acto al que asistieron, un oriundo vasco, Horacio B. Oyhanarte, Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, y un vasco nativo, Ramiro de Maeztu, Embajador de España.

Sus cotas de popularidad pueden medirse por los votos que obtiene en 1932 (83,3%) y en 1936 (85,5%). Es en los años 30 cuando prima en Ybarnégaray el antiparlamentarismo sobre cualquier otra motivación política. Al estallar el affaire Stavisky su actuación es fundamental en las sangrientas jornadas del 5-6 de febrero de 1934 y en la fascistización de un importante sector de la opinión de derechas. Daladier tiene que dimitir, pese a contar con la mayoría, lo cual provocó una formidable movilización de las izquierdas francesas. Croix de Feu de Ybarnégaray e izquierdistas chocan en toda Francia, destacando los disturbios del 5 de abril de 1935 en los que los manifestantes impiden que Ybarnégaray tome la palabra en Baiona.

La victoria del Frente Popular obliga a Ybarnégaray a reagrupar a sus adeptos y radicalizarse constituyendo en la Asamblea un grupo claramente profascista afiliado (Vicepresidente) del Parti Social Français del Coronel La Rocque (1936). Al estallar la guerra civil española de 1936 no disimula su profranquismo que demuestra, de hecho, al ser nombrado, en junio de 1940, Ministro del Gobierno del Mariscal Petain (Min. de Ex-combatientes y de la Familia) hasta setiembre del mismo año. No sólo consiguió fomentar en el País Vasco de Francia la hostilidad contra los refugiados nacionalistas y republicanos sino que adoptó medidas persecutorias contra ellos, tales como el internamiento en el campo de Gurs, la clausura de la Delegación del Gobierno Vasco de París y la del periódico "Euzko-Deya".

Posteriormente (1944), sus reflejos de patriota francés le hicieron oponerse a los alemanes por lo que éstos lo deportaron al Tirol durante un año y cuatro meses. Ello le valió que, al acabar la guerra, el Tribunal de la Liberación le absolviera aunque, pese a su intento electoral de 1951 junto a Tixier Vignancourt, tuviera que abandonar la política. Murió en París el 25 de marzo de 1956. En la revista "Gure Herria",en el artículo en el que se daba la primera comunicación de su muerte, puede leerse:

"Il y avait si longtemps que le Pays Basque avait été habitué à être réprésenté par M. Ybarnégaray que pour beaucoup sa fin semblait emporter une partie de l'édifice euskarien, une partie de cette entité si pure et si erratique que les basques nous formons dans l'immense amalgame moderne".