Militares

Ursúa Díez de Armendariz, Pedro de

Célebre conquistador navarro nacido probablemente en el valle de Baztan, en la torre familiar de Arizkun hacia 1520 (las crónicas difieren respecto al lugar exacto de nacimiento). Muere asesinado en 1561 cuando dirigía una expedición por los ríos Marañón y Amazonas.

Era hijo de Tristán de Ursúa (Orsua) y Enríquez de Lacarra, Ezpeleta y Veraiz, y de Leonor Díez de Armendáriz (Aux) y Veraiz, parientes, baztanés beamontés y tudelana de la familia Agramont respectivamente. Como sus apellidos lo indican reunió en sí los más floridos linajes de Navarra, familias de caballeros y guerreros siempre destacados en la vida política del Reino de Navarra. Debió de recibir una buena educación que incluiría latín y humanidades.

Tras embarcar en Sevilla, llega con 24 años cumplidos (Zudaire: 1980) a Cartagena de Indias en 1545, cuando ya su hermano Miguel, el primogénito había heredado la torre de Ursúa. Acompaña a su primo -o tío- el licenciado Miguel Díez de Armendáriz, gobernador de Nueva Granada. En calidad de lugarteniente suyo en Santa Fé, toma posesión imponiendo su autoridad por medio de destituciones y encarcelamientos de gobernantes locales a fin de hacer cumplir las leyes de Indias. Participa en el aplastamiento de la rebelión de Gonzalo Pizarro (1546-1548).

Sus expediciones se extendieron desde el actual Panamá hasta la inmensa Amazonía. En 1549, en una expedición hacia el interior de los Andes, funda Pamplona, en el valle de Zubía (Nueva Granada), ciudad de la actual Colombia célebre por su universidad en cuya Plaza de Armas se levanta una efigie a la memoria del navarro. Conquista zonas ricas en minas de oro y piedras preciosas (1551). La pacificación de los indios muzos le proporciona gran fama en Indias, formando en torno a él una leyenda aureolada de todas las virtudes y méritos, sin que por ello le falten detractores. En 1553 funda también, en tierras del valle de Tumunga, Tudela de Navarra (Tudela de Muzos), fundación que no prosperó por la devastadora acción de los indígenas. En 1551 recibió el nombramiento de Justicia Mayor de Santa Marta, guerreando incansablemente contra los nativos taironas, hasta 1553 en que, estando herido y enfermo, el nuevo oidor lo destituye.

Debido a las dificultades con las nuevas autoridades que lo declaran fuera de la ley, entre 1555-1558 lo encontramos en Panamá desde donde envía dinero para desempeñar la casa y mayorazgo de Ursúa. Allí conoce el virrey de Perú, Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, que le encomienda la represión de una insurrección de cimarrones negros capitaneados por su rey, Bayamo, al que auxilian los piratas. Su campaña culmina con la celada traicionera que tiende a Bayamo al que capturó y envió a Lima.

En 1558 llega al Perú, donde el Virrey, marqués de Cañete, ambicionando el oro de la legendaria tierra de El Dorado, le escoge entre muchos, para capitanear la expedición hacia esas fabulosas tierras de las que Ursúa tenía antiguo conocimiento por el relato de la fracasada expedición hecha en 1541 por Felipe de Huten. Hacía años que El Dorado se había convertido en su idea fija, máxime tras el descubrimiento de los yacimientos de oro y diamantes de Minas Geraes en Brasil. Recibió el título de gobernador, capitán general y juez de todas las extensiones que descubriera entre los Andes y el Atlántico. Con un presupuesto de 200.000 pesos, de los que sólo obtuvo 15.000, tuvo que hacer frente a la construcción de naves, la contratación de pilotos, capitanes y soldados, el abastecimiento de alimentación, caballeros, etc., en un clima enrarecido por los soldados que habían participado en las revueltas de Gonzalo Pizarro y Carvajal, en tiempos del presidente Pedro La Gasca "El Pacificador".

Uno de los objetivos de la expedición, y no el menor, era el arrastrar a los restos de la revuelta que amenazaban la estabilidad y asentamiento definitivo del virreinato (y el del inmenso Río de la Plata), cosa que Cañete juzgó podría llevar a buen puerto el flamante capitán. Ursúa contaba con los soldados y compañeros de sus anteriores campañas, con parientes como su primo Martín Díez de Armendáriz y con su secretario, el pamplonés Lorenzo de Zalduendo. La inmensa tarea tropezaba con otro obstáculo de primera magnitud, la envidia que entre algunos suscitaban los amores de Ursúa y la bella Inés de Atienza que conoció en Trujillo en 1559 y que participaba, asimismo, en la expedición (era hija de Blas de Atienza, uno de los primeros conquistadores del Perú y viuda del capitán Francisco de Mendoza). Ver Peru.

El día 26 de setiembre de 1560 unas 300 embarcaciones -piraguas, chatas, balsas y dos bergantines- sueltan amarras en las orillas del río Huallaga. El embarque del ganado fue un desastre ya que las naves se desfondaban y uno de los bergantines se quebró en pedazos; sólo embarcaron 27 caballos. Tres meses y cuatro días le quedaban de vida. El cronista y expedicionario Francisco Vázquez expone los condicionantes que iban a desencadenar la tragedia:

"Iba mal quisto (Ursúa) con la mayor parte del campo que eran ruines y mal intencionados, porque no les dejaba robar y atar indios, rachearles y matarles a diestro y siniestro"... "y quisieron decir que (Dª Inés) le había hecho mudar de condición y aunque le había hechizado, porque de muy afable y conversable que solía ser con todos, se había vuelto grave y desabrido y enemigo de toda conversación".

Muchos de los alistados lo habían hecho por huir de la justicia.

"Otros porque públicamente se había anunciado que juntaba gente, no para la Jornada, sino para alzarse y volver al Perú"... "pero, al descubrir la real intención de Pedro de Ursúa, querían abandonar por su incapacidad para ser capitanes a quien la gente obedeciera".

Poco había de durar con vida el navarro en tamañas circunstancias; Lope de Aguirre ("tenedor de difuntos" de la expedición) prepara la revuelta.

"Partió -relata Vázquez- el Gobernador deste pueblo de Machifaro bien descuidado de la traición que le habían ordenado los tiranos, pasada la Pascua de Navidad, y fue aquel día a otro pueblo desta provincia de donde determinó enviar a un Sancho Pizarro. Estaba este pueblo sin gente, alzado por temor de nosotros en tierra adentro, y allí esperó al dicho Pizarro. Y en lo que allí nos detuvimos acabaron los conjurados de concertar su maldad y la afectuaron, porque la noche de Año Nuevo, día de la circuncisión del Señor y primero de año de 1561, a las dos o tres horas de la noche, se juntaron con el dicho Fernando de Guzmán hasta 12 destos traidores, dejando prevenidos otros amigos y secuaces que en oyendo su voz y apellido acudieron con sus armas y fueron al aposento del gobernador y, hallándolo solo, como solía estar, acostado en su cama, le dieron muchas estocadas y cuchilladas, y él se levantó y quiso huir y cayó muerto entre unas ollas en que se guisaban de comer".

Lope de Aguirre controla las armas y es el más fuerte, por lo que consigue hacerse con la jefatura de la expedición. Según constata Caro Baroja,

"si la ida a América supuso un final trágico para Pedro de Ursúa, puede decirse que para su linaje fue motivo de engrandecimiento y aumento de honras. Porque en el siglo XVII vemos que miembros de él, incluso con su mismo nombre, siguen mereciendo la confianza de los reyes de la casa de Austria, y que después, fundidos con otras familias, pasan a constituir parte de esa nobleza española, ya bastante desarraigada de la tierra natal y cubierta de marquesados, condados, etc., un tanto "desorientadores".

Flor y nata de la nobleza navarra, Ursúa era, según Aguilar y Córdoba, un

"mancebo de 35 años cuando lo mataron. De mediana estatura y de complexión delicada. Tenía los miembros bien proporcionados al tamaño de su persona. Tenía el rostro alegre y hermoso. La barba taheña (rubio rojizo), bien puesta y poblada. Era gentil hombre aunque mediano. Tenía buena plática y conversación. Mostrábase afable y compañero con sus soldados. Preciábase de andar pulido y aseado y éralo él de su condición. Tenía mucha gracia en todas sus cosas. Especialmente en sus palabras con las cuales era tan persuasivo que con ellas traía a su voluntad a los que comunicaba. Trataba bien y comedidamente a sus soldados mostrándose en castigarlos más benigno que áspero y cruel".

Como corresponde a la misoginia de la época, Aguilar atribuye a Inés de Atienza el cambio en la conducta de Ursúa durante la travesía. El inca Garcilaso lo describe también como

"hombre de toda bondad y virtud, gentilhombre de su persona y agradable a la vista de todos".

Lope de Aguirre, sin embargo, en su célebre carta a Felipe II lo califica de francés mejor que navarro,

"mal gobernador, tan perverso y vicioso y miserable que no le pudimos sufrir".

La concibió al hallarse huido en Colombia, antes de pasar a Panamá. Esta dama casó en 1582 con Gaspar López de Zamora, corregidor de indios de Bogotá.

Las fuentes sobre este mitologizado personaje se hallan dispersas. Existen varias Relaciones de la Jornada de Omagua, obras de Pedro de Monguía, Gonzalo de Zúñiga, bachiller F. Vázquez, Custodio Hernández, Pedrarias de Almesto, Ortigosa y anónima descubierta por el investigador aragonés Emiliano Jos. También hay que citar a Juan de Castellanos con su Elegía IV y El Marañón de Diego de Aguilar y Córdoba. La bibliografía es inagotable; citemos:

  • Arteche, J. de: Lope de Aguirre. La tragedia del fuerte caudillo de los Marañones. San Sebastián: 1951
  • Campo, L. del: Pedro de Ursúa. Conquistador español del siglo XVI. Pamplona: 1970
  • Caro Baroja, J.: Pedro de Ursúa o el caballero, "El señor inquisidor y otras vidas por oficio". Madrid: 1968
  • Cabases Hita, L.: Nueva Pamplona. El legado de Pedro de Ursúa, "Navarros en América: cinco crónicas". Pamplona: , Gobierno de Navarra, 1992
  • Eleizalde, I.: Navarra en las literaturas románicas. Pamplona: t. II, 1977.
  • Garcilaso, Inca: Historia General del Perú. Segunda parte de los comentarios reales de los Incas
  • Irigaray, J.: Amazonen deia. Izpegi: 1992
  • Jos, E.: Ciencia y osadía sobre Lope de Aguirre el peregrino. Con documentos inéditos. Sevilla: 1950
  • Ramos, D.: El mito de El Dorado. Madrid: 1988
  • VVAA, Academia Errante: Lope de Aguirre descuartizado. Auñamendi, 1963
  • Viñes, H.: Pedro de Ursúa. Aspectos de una mitificación, II Congreso General de Historia de Navarra, Anejo 13-1991
  • Zudaire Huarte, C.: El capitán Pedro de Ursúa, señor de Ursúa, "Príncipe de Viana" nº 158-159, 1980.

La literatura -J.R. Sender, M. Otero Silva, Uslar-Pietri, Ciro Bayo, A. Posse- y el cine -Herzog, Saura- han inmortalizado, además, el trágico final de este fabuloso navarro.