Monarquía y Nobleza

Sancho I Garcés

Rey de Pamplona durante los años 905 a 926.

Sucedió en el trono a Fortún I Garcés, último rey de la dinastía fundadora del reino de Pamplona, la dinastía Arista, e inauguró la dinastía Jimena, cuyo nombre procede de su padre, el caudillo vascón García Ximénez. García Ximénez fue regente en el reino de Pamplona durante el periodo en el que Fortún Garcés estuvo cautivo en el Emirato de Córdoba.

Sancho Garcés llegó al trono con el apoyo del rey Alfonso III y del conde de Pallars. El monarca asturiano y el conde ocuparon Pamplona y forzaron a Fortún Garcés a abdicar.

Sancho Garcés I fue proclamado rey y Fortún se retiró como monje al monasterio de Leire. Para legitimar su posición, Sancho Garcés contrajo matrimonio con Toda Aznar, nieta del anterior monarca. Doña Toda era hija de Oneca y su segundo marido, Aznar Sánchez de Larraun, que era sobrino de Fortún Garcés.

Sancho I Garcés era un hombre destacado y reconocido por sus dotes militares. Su lucha contra los musulmanes había comenzado antes de llegar al trono y una vez en él, amplió las fronteras del reino recuperando e incorporando nuevos territorios; la Vasconia (Gascuña) le reconoció como rey y sus duques entraron a formar parte del reino, dominó sobre los pueblos de la tierra de Deyo, recuperó las tierras de la Ribera navarra y de la Rioja y se apoderó del condado de Aragón.

Bajo su gobierno se produce la consolidación y la expansión de la monarquía pamplonesa, expansión que pudo desarrollarse gracias a las alianzas mantenidas con los monarcas Alfonso III y Ordoño II. Con el fortalecimiento de este reino los astur-leoneses lograban la creación de un territorio al Este que hacía de freno a los ataques de los musulmanes, lo cual favorecía la defensa de su reino.

La Jornada a Vasconia Mayor es un episodio poco conocido que aparece en los Cartularios de las iglesias de Auch y de Léscar. En ocasiones ha sido confundido con la expedición del rey Sancho Abarca. La jornada del año 906 parece ser que fue una expedición realizada con el fin de allanar ciertas dificultades y establecer un nuevo orden en esas tierras. El año 864 había muerto el duque Arnaldo, cuyo nombre subsistió posteriormente en los llamados sueldos arnaldeses. Arnaldo fue el último duque amovible de la Vasconia y con su muerte se abrió un problema sucesorio. Finalmente le sucedió Sancho el Corvo que, según algunos autores como Moret, era hijo del rey de Pamplona Sancho Garcés I.

La frontera entre cristianos y musulmanes abarcaba desde las orillas del Ebro riojano a Huesca. Esta zona estaba dominada por dos jefes musulmanes reconocidos por su valía; uno de ellos era el jefe de la familia Banu Qasi, Lupo ibn Muhammad, con plaza en Tudela. Los Banu Qasi eran una familia muladí de ascendencia visigoda, convertida al Islam durante el dominio musulmán. Estaba asentada en la frontera vascona del Ebro, entre la Ribera de Navarra y las tierras de la Rioja, y estaba a su vez emparentada con la anterior dinastía de monarcas pamploneses, los Íñigo o Arista. El otro jefe musulmán era Muhammad ibn al-Malik, más conocido por al-Tawil, que tenía su plaza en Huesca. Las dos fronteras eran inseguras y en ellas podían producirse ataques militares.

Por otro lado, Lupo estaba casado con una hija de al-Tawil, al-Sayyida, formando una alianza entre las dos familias.

El año 907, cuando apenas llevaba Sancho Garcés dos años de reinado, Lupo ibn Muhammad comenzó a levantar distintos puntos defensivos y fortificaciones, y según la información transmitida por Ibn Idari y al-Udrí, llegó a acampar cerca de Pamplona. En este lugar levantó un castillo, denominado en las fuentes "Horiz" o "Harain". El jefe de la familia Banu Qasi murió el 30 de septiembre, en una emboscada del rey pamplonés, y su ejército infringió una grave derrota al musulmán. Según el relato de al-Udrí, los musulmanes que sobrevivieron a la batalla se refugiaron en el monte Hawda, donde Sancho Garcés les cercó durante varios días. Según un informante de al-Udrí, Sancho les prometió el aman y dejarles el camino libre pero, al salir de su refugio, el monarca mató a parte de ellos y llevó a otros como prisioneros.

Tras la muerte de Lupo ibn Muhammad, éste fue sucedido inmediatamente por su hermano Abd Allah. El nuevo jefe Banu Qasi se estableció en Tudela y, en relación a los vascones, siguió la misma política que su padre. El territorio que controlaba en el año 908 comprendía buena parte de la Rioja y Ribera de Navarra y las comarcas de Tarazona y Borja.

La peña de Deyo, hoy Monjardín, estaba coronada por un castillo-fortaleza edificado sobre la roca viva. Era una edificación vascona que se perdió en las primeras guerras contra los musulmanes. Tras distintos sucesos políticos y militares la fortaleza pasó a manos de la familia Muza, e Ismael, rey de Tudela y nieto de Muza, la entregó a Abd Allah como pago por su libertad.

El castillo suponía una barrera que cerraba el paso hacia la llanura que se extiende desde la cuenca del Ega hasta el Ebro. Era prácticamente inaccesible a través de las rampas rocosas de la ladera Norte, pero se podía llegar a él por el Oeste. Por este lado, la cuesta que conduce hasta la cumbre amplia y larga es más lenta, y en este punto, los musulmanes habían separado los muros de la fortificación de la explanada a través de un profundo foso cortado de lado a lado. En el interior del fuerte se encontraba la guarnición, y un pozo, probablemente de construcción romana, proporcionaba agua de forma permanente.

El ejército del rey Sancho I Garcés se dispuso a recuperar la plaza. Según Moret, el monarca visitó previamente el monasterio de Irache, situado a los pies de Montejurra, para encomendar la toma de la fortaleza a la Virgen. Los hombres de Sancho Garcés llegaron al castillo por el lado occidental y saltaron sobre el foso. Los tiradores asaetearon a los defensores que se atrevían a asomarse al exterior. El ejército pamplonés arrinconó a los defensones en su interior y éstos acabaron por rendirse y entregar la fortaleza.

Tras la victoria, el rey Sancho cumplió su promesa e hizo donación a perpetuo, al monasterio de Irache y sus monjes de la regla de San Benito, del castillo de Deyo y de los pueblos del valle de San Esteban. Desde este triunfo Sancho añadió al título de rey de Pamplona, "el de Deyo".

Entre los años 910 y 912 se suceden nuevos monarcas. En el año 910, mientras Sancho Garcés avanzaba hacia el Ebro, moría en León el rey Alfonso III. Tras su fallecimiento se produjo la división del reino entre sus hijos; León quedó para García, Asturias para Fruela y Galicia para Ordoño.

Por otro lado, en el año 912 murió en el al-Andalus el emir Abd Allah, primer marido de Doña Oneca. Fue sucedido por su nieto Abd al-Rahmán III, el cual tomó posesión del poder y se hizo cargo de los asuntos de gobierno.

En estos momentos la Rioja se convierte en una tierra codiciada por castellanos, leoneses, y sobre todo por el rey Sancho Garcés, que veía en esta tierra una prolongación de su territorio.

Tras la conquista de la fortaleza de Deyo se iniciaron los preparativos para recuperar las tierras llanas que se encontraban bajo dominio de los musulmanes.

En el año 910 bajaron las fuerzas montañesas en dirección hacia Logroño y barrieron a los enemigos de la comarca de Los Arcos, Sansol, Torres y Viana. Tomaron rápidamente la fortaleza más occidental, la de Armenta, fortaleza que debió estar ubicada en el cerro de Cantabria. Las acciones de reconquista de los territorios dominados por los musulmanes comenzaron cosechando triunfos, si bien el Ebro se observaba como una frontera casi insuperable. El ejército de Sancho Garcés bajó río abajo y logró recuperar, una tras otra, todas las localidades de la ribera. Quedó bajo su control la región en la que se asentaban villas tan importantes como Mendabia, Lodosa, Cárcar, San Adrián, Azagra y Milagro. Al llegar al punto de confluencia de los ríos Arga y Aragón con el Ebro, los vascones se detuvieron. Durante un tiempo se ocuparon de reorganizar la vida de estas tierras y de construir fortificaciones en ellas. Los musulmanes que habitaban estas tierras fueron en su mayor parte expulsados de los pueblos. Arrasaron sus mezquitas y restauraron las antiguas iglesias. Desde estas fechas el río Ebro se convierte en la frontera entre vascones y musulmanes, y ahora, a ojos de los vascones, el objetivo inmediato eran las tierras ricas y fértiles de la Rioja y la ciudad de Tudela, cabeza del señorío de los Banu Qasi.

El cabecilla musulmán de Huesca al-Tawill movilizó a gentes armadas de su pequeño reino y se introdujo por el camino Sos-Lumbier en dirección a Pamplona. El cronista Ibn Idhari relata que el 11 de mayo de 911, durante el mes de ramadán, al-Tawill llegó al castillo de Hiçn el-Berber, incendiando los alrededores y destruyendo las iglesias de la región. Su intención era la de reunirse con su aliado tudelano Ibn Lupo para luchar juntos contra Sancho Garcés, pero después renunció a ir al encuentro de su aliado y a atacar Pamplona, y se retiró a su castillo de Charat Kachtila o Xara Kashtila. Este castillo estuvo probablemente situado entre Isuerre y Urriés, junto a Sos, lugar que sería fronterizo de moros y vascones. Sancho Garcés contraatacó acercándose hacia este lugar. La noticia de que Sancho se aproximaba llegó a oidos de al-Tawill y éste huyó con algunos de sus hombres más allegados. Según el cronista Ibn Idhari, ante esta huida los soldados de la guarnición del castillo perdieron la calma y fueron derrotados. Abd Allah ben Lupo, al conocer que al-Tawill había tenido miedo a un encuentro con Sancho, se dirigió a atacar el castillo de Hiçn Lawaza (Luesia), castillo que formaba parte de las posesiones de Sancho. En esta plaza mató a algunos de sus defensores. De regreso se encontró con un grupo de jinetes enviados por Sancho. En su enfrentamiento con ellos, el musulmán mató a varios e hizo algunos prisioneros.

Tras la muerte en el año 912 del emir de Córdoba Abd Allah, se inició un momento propicio para avanzar sobre los territorios fronterizos. Mientras Abd al-Rahmán III se hacía con el poder, el rey Sancho cruzó el río Ebro con su ejército por la zona alavesa. Tomó la ciudad de Nájera, fue avanzando siguiendo el Ebro y, asegurando los territorios conquistados, se dirigió a la vertiente del Duero, zona que la que también se encontraba el rey Ordoño II de León. Los dos monarcas, vinculados a través de distintas alianzas parentales, actuaron cubriéndose en las operaciones ofensivas y en las maniobras de distracción.

El rey Sancho consiguió liberar del dominio musulmán, y por medio del pago de tributos, el monasterio de San Millán, ubicado en la sierra de su nombre. Su ejército logró conquistar Logroño, Alcanadre, Ausejo, Calahorra, Alfaro y todas las plazas importantes hasta las cercanías de la ciudad de Tudela. Ladearon las faldas del Moncayo y tomaron Tarazona y, subiendo hasta la confluencia del Tera y del Duero, llegaron rápidamente a las mismas fuentes del Duero en la sierra de Urbión. Su poder se extiende hasta el lugar de Garray, la vieja Numancia, población situada a las puertas de Soria. Las tierras vascas al Norte de la Rioja se hallaban bajo dominio de los astur-leoneses y su recuperación era imposible sin romper las buenas relaciones entre ambos reinos; quedaban bajo los astur-leoneses los valles de las cuencas del Tirón y del Oca, hasta los valles de los ríos alaveses Bayas y Zadorra.

Los avances pamploneses provocaron una fuerte reacción en Córdoba. Por otro lado, el rey García de León, llegado al trono en el año 910, entró en la Rioja Banu Qasi en marzo del año 914. Llegó a sitiar el castillo de Arnedo y según el cronista ibn Idhari murió en este sitio.

En estos momentos la familia Banu Qasi se encontraba fraccionada a causa de rivalidades internas. En el verano de ese mismo año, su jefe Abd Allah ibn Lupo, de Tudela, tomó la fortaleza de Calahorra, lugar que había sido recién conquistado por los pamploneses. Su hermano Yunus fortificó las plazas de Valtierra y Caparroso con el fin de protegerse de las fuerzas de Sancho Garcés, y Yusuf, otro de los hermanos, destruyó Falces, Alfaro y Arnedo, lugares que estaban bajo el poder de Abd Allah.

Al año siguiente Sancho I Garcés llegó con sus tropas a tierras de Tudela. Según la opinión de Lacarra, sus tropas se encontraban asentadas en tierra de las Bardenas. Los pamploneses tendieron una emboscada a los Banu Qasis y en julio cayó prisionero el propio Abd Allah ibn Lupo. Ante esta situación de peligro, tomó el poder en Tudela Mutarrif, otro de los hermanos de Abd Allah. Mutarrif se dirigió al castillo de Valtierra a ver al hijo de Abd Allah, Muhammad, y posteriormente rescató a Abd Allah. Consiguió su rescate por medio de un albarán, a cambio de entregar los lugares de Falces y Caparroso y de dejar como rehenes a su hija Urraca -hija que casó después con Fruela II de León- y a su hijo Fortún -hijo que acabaría con convertise al cristianismo-.

A los dos meses de este episodio Abd Allah ibn Lupo murió en Tudela y le sucedió su hijo Muhammad. Muhammad, celoso del poder que había adquirido su tío Mutarrif, le asesinó a traición el 31 de marzo de 916.

El emir Abd al-Rahmán III, posteriormente primer califa de Córdoba, observaba la acción expansiva de su rival y pariente Sancho Garcés y la subida de los leoneses, encabezados por el rey Ordoño II, hasta la comarca de Gormaz, Duero arriba. Los dos monarcas cristianos, también parientes y aliados entre sí, temían una reacción del emir musulman, el cual había pasado a la ofensiva desde el año 916. Este mismo año se dirigió a León arrasando las tierras a su paso y el año 917 condujo a su ejército hacia San Esteban de Gormaz, donde fue derrotado por los leoneses. Con estos movimientos las fronteras extremas de los reinos pamplonés y leonés prácticamente convergían por la parte de Gormaz. Las guarniciones de las fortalezas y plazas fuertes emplazadas en esta línea se encontraban en alerta y mantenían una vigilancia ininterrumpida.

Los enfrentamientos anteriores entre el reino de Pamplona y el Emirato de Córdoba eran amortiguados por el pequeño Estado semi-autónomo de los Banu Qasi, aliados o enemigos del reino de Pamplona según las circunstancias, pero esta familia había sido vencida y estaba ahora sometida a las decisiones de Córdoba. La frontera de la tierra llana era ahora más accesible para el invasor.

Ante esta situación, Ordoño y Sancho estrecharon sus alianzas y Abd al-Rahmán se dispuso a organizar y preparar un potente ejército. La victoria de San Esteban de Gormáz animó a los reyes cristianos a lanzar una nueva ofensiva y en la primavera del año 918 irrumpieron en tierras del emirato; unos se dirigieron hacia Talavera, sobre el Tajo, y otros hacia las cercanías de Nájera y Tudela. Asolaron sus sembrados e incendiaron, en tierra Banukasi, la mezquita del arrabal del castillo de Valtierra. Saquearon Nájera y Tudela y tomaron Calahorra, Arnedo, Carcar y Viguera. Estas plazas, una vez fortificadas, contituían una importante barrera defensiva para las tierras de la comarca del río Ega.

Abd al-Rahmán III últimaba los preparativos con el hachib Badr ben Ahamad para que éste partiese como jefe de una expedición de castigo sobre ambos reyes. Esta expedición comenzó con la derrota cristiana de Mitonia, territorio probablemente ubicado al sur del río Duero. En esta batalla estuvo presente Sancho Garcés con su aliado y pariente el musulmán Fortún ibn Muhammad Abd-alMalik.

Tras los combates iniciales y el descanso invernal las operaciones se reanudaron en el siguiente verano. La expedición estaba dirigida esta vez por el general omeya Ishaq ben Muhammad al-Qurashí. Este general se acercó hasta la frontera leonesa y derrotó a los soldados de Ordoño, los cuales huyeron de forma precipitada. Abd al-Rahmán III no se contentó con el castigo infringido a esta parte de León y quiso atacar y dar un golpe decisivo al reino de Pamplona. Este reino, que contaba con el respaldo de tierras vasconas y aquitanas para él inalcanzables, había ido creciendo con la conquista de territorios. Abd al-Rahmán pretendía frenar todas las pretensiones del monarca Sancho y para ello condujo en persona la famosa "expedición de Muez".

Participaron en esta batalla las tropas de Ordoño II y las del rey pamplonés junto con los hombres de cuatro condes castellanos. Los castellanos se ocuparon de la defensa de las plazas importantes de la orilla derecha del Duero, y en particular las plazas de San Esteban de Gormaz, Osma y Clunia. Las primeras avanzadas pamplonesas se encontraban en tierras de Soria, cerca del río Duero. Este río hacía de frontera entre cristianos y musulmanes; los reinos cristianos se extendían a la derecha de este río y la orilla izquierda estaba bajo control del Emirato de Córdoba.

Según el cronista musulmán Arib ibn Saad, Abd-al-Rahmán III comenzó tomando los castillos de San Esteban de Gormaz, Osma y Clunia, y el 25 de julio movió a su ejército a Tudela, ciudad que era acechada por el rey Sancho. Una vez en Tudela, acudió a él el gobernador de la ciudad Mohammad ben Lupo, y el emir le ordenó que atacase Cárcar, lugar que había sido ganado por el monarca de Pamplona algún tiempo antes. Los hombres que defendían el castillo de Cárcar huyeron a su llegada y los musulmanes se apoderaron de él. Abd al-Rahmán se dirigió a otro castillo en Calahorra, el cual también había sido poblado y fortificado por Sancho. Este lugar era la residencia habitual del rey, si bien, encontró el castillo vacío, pues Sancho había salido con los suyos un día antes. El emir cruzó el Ebro y se enfrentó a los vascones. El ejército musulmán les infringió una grave derrota pero una parte de ellos sobrevivió y consiguió refugiarse en un castillo de las cercanías llamado Muyas (Muez: Valdejunquera). En esta fortaleza fueron sitiados por los musulmanes hasta su rendición. Los prisioneros fueron conducidos al campamento del emir y degollados en presencia de Abd al-Rahmán.

Tras cuatro días en este lugar, el emir se puso en camino hacia otro castillo que el rey Sancho había fortificado como defensa contra la gente de Viguera. Estaba desierto y ordenó su destrucción. Asimismo ordenó a los habitantes de esa zona que llevasen a Viguera mil almudes de trigo, y no se movió de allí hasta ver cumplidas sus órdenes y hasta haber avituallada la guarnición del castillo a expensas de los cristianos. Repitió la misma operación con otros castillos que halló a su paso. Mandó derribar aquellas torres o fuertes de las cercanías que podían ser utilizadas por los cristianos, sus huestes hicieron acopio de granos y trigo para su abastecimiento, y prendieron fuego a las mieses y plantíos. En este episodio, el obispo de Salamanca, Dulcidio, y el obispo de Tuy, Hermogio, fueron conducidos a Córdoba como prisioneros.

Además de la política de alianza con León, Sancho Garcés contaba con vínculos familiares y políticos con los cristianos y musulmanes de Aragón. El rey pamplonés era hijo de Dadilde o Dadildis de Pallars, hermana del conde Raimundo I de Pallars y Ribagorza. Por otro lado, era amigo de Fortún ibn Muhammad, musulmán que dominaba en Huesca, y de Amrus al-Tawil.

El condado de Aragón se reducía entonces a un territorio montañés regado por el curso alto del río Aragón y sus gobernantes se encontraban bajo la esfera carolingia. No se conoce si la incorporación de este condado por parte de Sancho Garcés se produjo pacíficamente o no, si bien, el conde Galindo Aznárez II (893-922?) reconoció la soberanía de Sancho Garcés sobre su territorio. El año 922 Sancho y el conde Galindo, escenificando la nueva arquitectura de poder en Aragón, celebraron junto con los obispos de Pamplona y Aragón una ceremonia por la que donaban al monasterio de San Pedro de Siresa derechos del valle de Hecho.

Posteriormente Andregoto Galíndez, hija del conde aragonés Galindo Aznárez II, contrajo matrimonio con el hijo de Sancho Garcés I y futuro rey de Pamplona, García Sánchez. El hijo de ambos, Sancho Garcés II, será a su vez rey de Navarra y Conde de Aragón (970).

El rey Ordoño II combatió a los musulmanes junto con su primo carnal García, hijo del rey Sancho, en el valle de Guesalaz, al pie de los macizos montañosos de Andia. García había sido nombrado rey de Nájera desde su reconquista, pero esta ciudad había vuelto a caer en manos musulmanas. Los dos monarcas prepararon una acción conjunta y rápida sobre tierras riojanas. García volvió a cruzar el Ebro y recuperó la Rioja menos Nájera y Viguera, de forma que, entre los años 918 y 923, la zona riojana entre los valles de los ríos Najerilla e Iregua se encontraban en manos navarras. Posteriormente García volvió sobre estas dos plazas, acompañado esta vez del ejército leones; García sitió Viguera y Ordoño la ciudad de Nájera. Las dos plazas fuertes terminaron por rendirse; Nájera cayó a finales de octubre del 923 y Viguera poco después. Tras la victoria, Ordoño restauró el monasterio de Santa Colomba el 21 de octubre de 923 y el rey Sancho el monasterio de Albelda, en enero del 924.

En abril del año 924, Abd al-Rahmán III salió de Córdoba acompañado de un numeroso ejército con el fin de vengar las derrotas sufridas en los meses anteriores, en palabras de Arib ibn Saad, para vengar la muerte de los prisioneros de Viguera, Beni Lob y Beni Di-n-non. El emir irrumpió por la frontera vascona con un ejército más fuerte que en anteriores ocasiones. Las circunstancias se vuelven favorables al emir, pues fallece el rey Ordoño y su sucesor, Fruela II, no inició ni entabló conflictos militares durante su reinado.

La alianza entre Sancho Garcés y el rey astur-leonés se había estrechado alrededor del año 923 con la boda de su hija, la infanta doña Sancha, con Ordoño. Al poco tiempo moría el leonés y con su fallecimiento se debilitaba la fructífera alianza vasco-leonesa. Sancha contrajo matrimonio después con Álvaro Harraméliz y, tras enviudar una segunda vez, contrajo matrimonio con Fernán González. En estas tres uniones, doña Sancha aportó como dote la tierra de Álava. Con la muerte de Fruela II, sucesor de Ordoño II, se inició una época de luchas por la posesión del poder. En estas luchas que inhabilitaban al reino de León como aliado frente al futuro califa, el rey Sancho apoyó a su yerno Alfonso IV, casado con la infanta Oneca, frente a su hermano Sancho.

Según Arib ibn Saad, la campaña de Pamplona de Abd al-Rahmán III aconteció de la siguiente forma; el emir entró en tierra de Tudela. En este lugar se reunieron con él la poderosa familia de aquella comarca, los Togibies (Tuchibíes), y otros caudillos de frontera encabezando a sus respectivas tribus. Abd al-Rahmán entró después en Cárcar, creyendo que el rey Sancho se encontraría en este lugar. No obstante, el rey pamplonés había recibido noticia de su llegada y había abandonado la fortaleza. Desde allí el emir pasó al castillo-fortaleza de Peralta, que también estaba desierto. La guarnición de este castillo había dejado en su huida pertrechos de guerra y víveres. Los habitantes de los pueblos de las inmediaciones huyeron a otro pueblo llamado Zalaza y este pueblo, al igual que los castillos y fortalezas de la zona, fue incendiado. Tras permaner allí dos días, el emir se dirigió al castillo de Falces. Incendió sus arrabales y taló las mieses. Desde Falces condujo a sus hombres a Tafalla, lugar que contaba con uno de los castillos más fuertes de la zona y en él los musulmanes se hicieron con importantes bastimentos y provisiones. Desde allí se dirigió a Carcastillo y el emir quiso adentrarse aún más para atacar villas y lugares que los cristianos consideraban seguras. Salió de Marcuera con dirección a los valles interiores, mientras el rey Sancho esperaba una ocasión favorable para atacar.

Al entrar los musulmanes por la garganta estrecha hacia el valle del Ega, los cristianos bajaron de los montes y se entabló una escaramuza entre los dos ejércitos. Los musulmanes se volvieron contra el enemigo hasta obligarlos a refugiarse en un monte alto. Los musulmanes treparon monte arriba dando alcance a los cristianos y continuaron hasta llegar a tierra llana, donde se hicieron con mucho ganado y bastimentos. En este episodio falleció Yacob ben Abi Halad ben Al-toberi y algunos soldados de la guardia del sultán, mientras que los pamplones tuvieron muchas pérdidas. El emir marchó hacia Lumbier y desde allí hasta Leguin, saqueando y tomando lugares y arrasando los castillos a su paso. Entró a Pamplona, ciudad que se encontraba desierta. Allí Abd al-Rahmán mandó que se derribasen casas, edificios y la iglesia de la ciudad. Partió después en dirección a Sagra Cais o la Peña de Cays (Peña de Echauri), lugar en el que Sancho había edificado otra iglesia. Los musulmanes se dispusieron a arrasarla cuando apareció Sancho con intención de defenderla. Sus hombres fueron de nuevo atacados por los musulmanes y los derrotaron. Destruyeron la iglesia e incendiaron el pueblo.

Abd al-Rahmán llevó después a su ejército a la Mahalla o estación militar de Aseria, y en el camino volvieron a ser atacados por los pamploneses en el puerto o desfiladero llamado Hercala (Heraclea Hercúlea), puerto de paso estrecho y dificultoso. Los cristianos fueron de nuevo ahuyentados. El emir se trasladó a su campo en la alquería de Mañeru, y desde allí a la Mahalla de Badi-x-xarra, próxima a San Esteban (¿San Esteban de Gormaz o de Deyo?), lugar en el que Sancho se había asentado. Llegaron los hombres del emir a Di-x-xarra, y en este punto los cristianos volvían a esperarles en las cumbres de los montes. Sancho había reunido todas sus fuerzas y además había solicitado auxilio a sus vecinos de Alava y Al-Calaá. En este encuentro volvieron a vencer los musulmanes. Ahuyentaron a los cristianos y acamparon en el asentamiento del monarca pamplonés. Abd al-Rahmán quiso partir con dirección a Calahorra, si bien, Sancho regresó al mismo lugar. Entonces el emir envió contra él un cuerpo de caballería que hizo huir al monarca. Los musulmanes se cobraron otra vez la vida de muchos de sus enemigos.

Después de estos enfrentamientos el emir condujo sus huestes a Calahorra. Encontró la ciudad desierta y la mandó destruir. Desde allí se encaminaron a uno de los castillos musulmanes de esa zona fronteriza, al castillo de Valtierra, y el emir ordenó dejar en este lugar los ganados y víveres que habían ido acopiando. Partió hacia Tudela, ciudad en la que se detuvo algún tiempo, y finalmente regresó a Córdoba, después de cuatro meses de ausencia.

El rey acusaba ya los achaques de la vejez. Los años de gobierno y de luchas militares también habían minado su salud. Había conseguido la expulsión de los musulmanes de toda la Rioja, y a pesar de las expediciones del enemigo, sus fronteras seguían adentrándose en tierra musulmana. El monarca se retiró para descansar y pasar los últimos días de su vida a Pamplona. Enfermó con fiebres y desesperado comenzó una peregrinación en busca de una curación por los más afamados santuarios. Finalmente logró la salud en Usun. Agradecido por ello, el 28 de octubre de 924 donó junto con la reina Toda Aznárez al obispo de Oya (Deyo y Pamplona), el monasterio de San Pedro y el pueblo de Usun, sus tierras de Ul junto al río Onzella y las viñas que poseía en Arboniés.

El año 926 Sancho Garcés caía herido de muerte. Sus restos fueron depositados bajo una lápida de mármol en la iglesia del castillo de San Esteban de Deyo, lugar escogido por el mismo monarca. A este lugar acudieron todos los nobles del reino por muchos años para celebrar los funerales y actos de conmemoración del aniversario de su muerte, al menos durante los años en los que reinó su sucesor, su hijo García Sánchez I. En estos actos destaca la comitiva que procede de la Rioja. En el año 950 acudían a él don Tudemiro, obispo de Nájera; Dulquito, abad de Albelda; Diego, abad de Sojo; Ulmiro, abad de Santa Coloma; Estéfano, abad de San Millán de Berzeo; y Belasco, abad de Cirueña.

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