Politicians and Public Officials

Legazpi Gurruchategui, Miguel López de

Gobernador y capitán general de Filipinas (Zumarraga, 1500 ó 1505. Manila, 20 de agosto de 1572). Fueron sus padres Juan Martínez de Legazpi y Elvira de Gurruchategui. La casa natal existe en Zumarraga, cerca de la vía férrea; su nombre es Jauregi, literalmente "palacio", en lengua vasca. El virrey de Méjico, Luis de Velasco, en una de sus cartas al rey, lo señala como "hijodalgo notorio de la casa de Lezcano". En 1527 se hizo cargo de la escribanía de Areria (Gipuzkoa), vacante por la muerte de su padre. La confirmación de su cargo por el rey (12 de abril de 1527) fue publicada en Boletin de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, 1974, n.º 1-2, p. 257, por S. I. Areria era una de las tres alcaldías mayores de Guipúzcoa. De ella se hace mención en la escritura de la restauración y dotación de la catedral de Pamplona del año 1027, como valle habitado perteneciente a la misma diócesis. Primitivamente la componían los Concejos de Lazkao, Olaberria, Itsaso y Arriaran. Con el tiempo se agregaron Gabiria, Zumarraga y Ezkio, que se separaron en 1661. Si en 1528 Legazpi se encuentra ya en Méjico, su escribanía de Areria habría sido fugaz. En Méjico fue secretario del cabildo -ayuntamiento-, alcalde y alto empleado de la Casa de la Moneda de la capital. Desde 1528 a 1564, en 36 años, había amasado una cuantiosa fortuna. Estuvo casado con Isabel Garcés de quien tuvo nueve hijos, cuatro varones y cinco féminas. Su casa era una de las principales de la capital. Su hijo Melchor de Legazpi, en un Memorial dirigido al rey, entre otras observaciones dice: "Muchos hidalgos y caballeros pobres que iban de estos reinos iban sin conocerle a su casa por la antigua costumbre que de ello siempre en ella hubo y porque a las personas tales siempre en ella se les dio de comer y vestir y lo necesario. Lo cual ha sido cosa muy notoria y sabida en todo aquel reino". Cuando Legazpi partió con su expedición a Filipinas era ya viudo y tenía muchos nietos, llevando consigo a uno de ellos. Felipe de Salcedo, joven que cumpliría importantes cometidos. Viendo la escasez de recursos para la buena marcha de la expedición, Legazpi allegó todos sus bienes, vendiéndolos, excepto su mansión de la capital azteca. En aquella época de los grandes descubrimientos esto era normal: las jornadas o expediciones eran generalmente negocios bien montados, donde participaban la corona, los particulares, los soldados y la iglesia.

Las expediciones de Magallanes-Elcano, 1520; Loayza, Elcano, Urdaneta, 1525; Alvaro Saavedra, 1527; Hernando Grijalva, 1535, y Ruy López de Villalobos, 1542, no habían logrado su objetivo, la vuelta de Molucas y Filipinas a Méjico por el Gran Golfo, nombre dado en aquel tiempo al Océano Pacífico. Y pasan varios lustros hasta que, en 1559, el rey Felipe II escribía dos cartas decisivas. Una al virrey de Nueva España -Méjico-, encomendándole despachar dos naos al descubrimiento de las islas del Poniente hacia los Molucos, "para que se entienda si es cierta la vuelta y que tanto se gastara enella". La otra fue dirigida a Fray Andrés de Urdaneta.

"El rey: Devoto Padre Fray Andrés de Urdaneta, de la Orden de Sant Agustin: Yo he sido informado que vos siendo seglar fuistes en el Armada de Loaysa y pasastes al estrecho de Magallanes y a la Especería, donde estovisteis ocho años en nuestro servicio. Y porque ahora Nos habemos encargado a Don Luis de Velasco, nuestro Visorrey de esa Nueva España, que envie dos navios al descubrimento de las islas del Poniente, hacia los Malucos, y les ordene lo que han de hacer, conforme a la Instrucción que se le ha inviado; y porque según la mucha noticia que diz que tenis de las cosas de aquella tierra y entender, como entendeis bien, la navegación della y ser buen cosmógrafo, sería de gran efecto que vos fuesedes en los dichos navios, asi para lo que toca a la dicha navegación como para el servicio de Dios Nuestro Señor y nuestro. Yo vos ruego y encargo que vais en los dichos navios y hagais lo que por el dicho Visorrey os fuere ordenado, que demás del servicio que hareis a Nuestro Señor yo seré muy servido, y mandaré tener cuenta con ello para que rescibais merced en lo que hobiere lugar. De Valladolid a 24 de Setiembre de 559 años = Yo el Rey = Refrendada de Eraso = Señalada de Birviesca = Don Juan Vázquez Agreda Jaraba."

Como consecuencia de las dos cartas del rey Felipe II, dieron comienzo los preparativos para la expedición. Pero hubo dos factores que retrasaron el viaje, la atracción de la Florida con su oro y la legendaria Fuente de la Eterna Juventud, fantasías difundidas tras las expediciones de Ponce de León y Pánphilo de Narvaez y su tesorero Alvar Núñez Cabeza de Vaca que, con tres supervivientes más, había llegado a Méjico en una marcha de 18.000 km. Esto originó un alistamiento de dos mil soldados para una expedición a Florida. A esto había que sumar la enfermedad y muerte del virrey. A pesar del atraso de cinco años que estos factores originaron, Fray Andrés de Urdaneta, experto navegante y conocedor de hombres, había propuesto a Legazpi, y conseguido su nombramiento de general de la expedición como persona de sangre noble y caballero de calidad, muy estimado en la ciudad de México.

Ocupa este documento no menos de 24 pp. en cuarto (Publicado en Colección de Diarios y Relaciones para la historia de los Viajes y Descubrimientos, V. Instituto Histórico de Marina, Madrid, 1947). Es todo un código de normas de organización, comportamientos y controles, sin olvidar el buen trato a los naturales.

"Primeramente ireis al dicho puerto de la Navidad á donde se juntarán hasta trescientos o trescientos cincuenta hombres, entre soldados y marineros, que por orden del dicho Visorrey (D. Luis de Velasco) -ya difunto- en nombre de S. M. y a costa de su Real hacienda se han hecho para ir la dicha jornada, y los Capitanes y Oficiales dellos; y llegado al dicho puerto, en presencia de los Oficiales de Su Magestad que estan nombrados y señalados para la dicha jornada, que son, Guido de Labezaris, Tesorero, y Andrés de Cauchela, Contador, y Andrés de Mirandaola, Factor, y ante Escribano que dello dé fé, os entregareis -recibireis- ante todas cosas, de cuatro navíos que estan en dicho puerto que por mandato de Su Magestad y del dicho muy ilustre Visorrey en su real nombre se han hecho, nuevamente; los dos grandes y los dos pequeños; que el mayor dellos es la nao Capitana nombrada "Sant Felipe", en que vos el dicho General habeis de ir, y la otra nombrada "Sant Andrés", que es la Almiranta, y el Patax nombrado "San Juan de Letrán" de que va por Capitán Juan de la Isla, y el otro Patax nombrado "San Lucas", de que va por Capitán Hernán Sanchez Muñoz este no se presentó y Legazpi nombró en su lugar a D. Alonso de Arellano-, que es el menos; con sus bateles, esquifes, velas, jarcias, cables, anclas y todos los demás aparejos y cosas pertenecientes a los dichos navíos sin que falte cosa alguna, asentándolo todo por inventario y haciéndoos cargo dello; el cual entrego os hará en nombre de S. M. el Bachiller Martinez Allide, Mayor de la ciudad y Provincia de Mechuacan, que está en dicho puerto de Navidad por Juez proveedor de dicha Armada. Habiéndoos entregado en los dichos navíos y todo lo demás perteneciente a ellos señalareis é nombrareis por Pilotos, Maestre, Contramaestres y Escribanos dellos a las personas que os paresciere de mas confianza, habilidad y experiencia".

En este minucioso documento se le encarga toda la organización interna de cada nao, no olvidando los asientos sobre los sueldos asignados. Respecto a armas y alimentación.

"Iten: os encargareis en el dicho puerto, antes que os hagais a la vela, de toda la artillería mayor y menor, arcabuces, municiones, armas ofensivas y defensivas, y otros peltrechos que S. M. tiene en él, y de dos fraguas y las herramientas y negros oficiales dellas, y de todos los bastimentos que se han hecho para dicha Armada, asi de bizcochos, cecinas, tocinos, vino, aceite, vinagre, pescado, quesos, habas y garbanzos, como de otras cualquier cosas, asentándolo todo por escripto é haciendo inventario dello, particularmente de cada cosa por sus géneros, en un libro que en vuestro poder habeis de tener firmado de vuestro nombre y de los dichos Oficiales de S. M.".

Sigue la Instrucción sobre "todas las mercaderías y rescates" que había comprado en la ciudad de Méjico Ortuño de Ibarra, Factor y Veedor, asentándolo todo por escrito, "y haciendoos el cargo dello por inventario".

De todo lo que va en la dicha Armada.

"Dareis una copia de todo entrego o cargo, firmado por vuestro nombre, á los dichos Oficiales de Su Magestad que van en la dicha jornada, haciendoles cargo de todo lo susodicho por ante escribano, para que ellos como tales Oficiales, tengan la cuenta y razón, que son obligados, en sus libros, como de hacienda real para la dar con pago, casa y cuando que por vos les fuere mandado, y por esta Real Audiencia... y quedare asentado en vuestro libro y firmado de los dichos Oficiales, al pie del dicho entrego, de como rescibieron la dicha copia...".

Distribución general de armas, municiones, bastimentos, mercaderías y todo lo demás. Porque es necesario que:

"vaya repartido en los dichos navios, segun el porte dellos y la gente que ha de ir en cada uno, lo cual se remite a vuestra prudencia y buen cuidado, mandareis que todo se reparta por la orden que os paresciere y mas vieredes que convenga, como se confía en vuestra persona, entregándolo por inventario a los Capitanes y Maestres, y personas que de mas confianza os parescan, haciendo vos y los dichos Oficiales cargo por escripto particularmente de lo que a cada uno dellos les mandaredes entregar poniendo, por géneros cada entrego por si: el de los navios y aparejos dellos en una parte y el de artilleria y municiones, y armas, en otra, y el de los bastimentos en otra, y el de las mercaderias y rescates en otra; y que asi quede asentado y firmado de vuestro nombre, y de los dichos oficiales, y de las personas a quien se hiciere el dicho entrego en vuestro libro y el de los Oficiales, para que en todo tiempo este claro y haya buena cuenta y razón; y mandareis que cada navio haga registro de todo que en el fuere, desde el casco hasta la menor cosa, como se usa y pratica en la navegación de las Indias".

"Al entrego que se hiciere de la artilleria y munición, arcabuces y de todas las demás armas y pertrechos, mandareis que se halle, juntamente con vos y los dichos Oficiales de Su Magestad, y los Maestres, artilleros y personas a quien se hiciere el tal entrego, Martin de Goiti, que va nombrado por Capitán de la dicha artilleria, por ser persona de confianza y cual conviene para el efecto, al cual mandareis dar otra memoria de todo lo que va en la dicha Armada tocante a la dicha artilleria, armas y municiones, y a cuyo cargo es cada cosa, para que pueda tener cuenta con todo ello pues es anejo y concerniente al dicho cargo de Capitán de Artilleria. Realizado el entrego segun las instrucciones, Legazpi debe mandar una copia y nómina de todo ello firmada por él y los nombrados oficiales de todos los responsables de cada cosa, por intermedio del Bachiller Martinez, a la ciudad de Mejico. Que entregará estos documentos a los Oficiales de Su Magestad. Y que ellos lo tengan en su poder, en la caja de las tres llaves, para enviarlo a S. M. y su Consejo de Indias".

De los trescientos o trescientos cincuenta hombres, entre soldados y gente de mar se debe de hacer un detallado censo. Deberá reunir a toda la gente.

"Y juntos todos hareis hacer reseña y alarde general de todos los que van en la dicha Armada y tomareis la lista y nómina dellos, declarando sus nombres, de donde son, y cuyos hijos, y la edad y señas que tienen, y cuales van por soldados y cuales por marineros, y los oficiales que llevan, y el socorro, o sueldo que a cada uno se hubiere pagado, porque como sabeis a los Capitanes y soldados se ha señalado, a cada uno, su socorro por todo el viaje y los marineros van a sueldo conforme al asiento que con cada uno se ha tomado, y de todo ello tomareis la razón en el dicho libro que en vuestro poder habeis de tener firmado de vuestro nombre y de los dichos oficiales, y mandareis que ellos asimismo la tomen en los suyos por la misma orden y que la tengan en su poder; y la copia de todo, segun es declarado, entregareis al dicho Bachiller Martinez para que la entregue a los O. Reales de dicha Nueva España".

"Hecho esto repartireis en los navios los Capitanes y soldados que en ellos hobieren de ir, conforme al número de la gente y al porte de los navios, como mejor os paresciere y vierdes que más convenga, llevando con vos, en la nao Capitana, al Capitán Mateo del Sauz, que vá nombrado por Maestre de Campo, y de dos Oficiales de la Real Hacienda, el Estandarte Real y Alferez general y los Gentilehombres a quienes se han dado ventajas para acompañamiento de vuestra persona y del Estandarte, y las demás personas necesarias; lo cual se remite como dicho es a vuestra prudencia y a la buena orden que en todo teneis, como de vuestra persona se confía".

En esta extensa y prolija Instrucción, donde todo se controla por triplicado, se reitera la plena confianza en Miguel López de Legazpi pero se le obliga a controlar todo, desde "el casco del navio hasta la menor cosa". Pero siempre, a su lado los Oficiales de la Hacienda Real. Se le da el poder de nombrar hasta en las cimas de la expedición: "En la nao Almiranta, nombrareis por Capitán della y Almirante de toda el Armada a la persona que más os paresciere". Resumiendo: A Legazpi se le arropa demostrándole una confianza absoluta y además se le rodea de una corte de gentilhombres. Y, con este panorama organizativo, sale la expedición.

La experiencia adquirida en las desastrosas expediciones desde Magallanes a López de Villalobos aconsejaban suma prudencia en el consumo de víveres, sabidas las dificultades de abastecimiento. La Instrucción de la Real Audiencia aconseja que vayan a buen recaudo, pues "el viaje es largo y que la vuelta hasta aquí -Méjico- no se ha acertado". Que se den las "raciones limitadas y concertadas, cometiéndolas a personas de toda confianza". Recalca: "...que no vayan en la dicha Armada, criados ni mozos de servicio superfluos". Y advierte, "y si más gente fuera, en especial de la inútil" que se acabarían los bastimentos con riesgo grave para el buen fin de la expedición.

La Real Audiencia de Méjico incorpora a la Instrucción dada a Legazpi para su Jornada sobre Filipinas, una Orden. A lo largo del extenso documento aludido el tono es deferente: ordenareis, dareis orden, etc. Pero en esta prohibición el lenguaje es más autoritario.

"Otrosi: no consentireis que por via ni manera alguna se embarquen ni vayan en los dichos navios, indios ni indias, negros ni negras, ni mujeres algunas, casadas ni solteras, de cualquier calidad y condición que sean, salvo hasta una docena de negros y negras de servicio, los cuales repartireis en todos los navios, como os paresciere".

"Otrosi: después de haberos entregado en la dicha Armada, como esta declarado, antes que os hagais a la vela del dicho puerto de la Navidad, hareis pleito homenaje, como Hijodalgo, y jurareis sobre los Evangelios por antel Bachiller Martinez, Proveedor de la dicha Armada, y Escribano que dello de fe... que usareis bien y fielente el dicho oficio y cargo de Gobernador y Capitán General, que en nombre del Rey nuestro Señor se os ha encargado, procurando en todo su real servicio y el acrecentamiento de su hacienda y patrimonio real, y que acudireis a S. M. y a esta Audiencia en su Real nombre, o a la persona que por su Magestad fuere mandado, con todos los descubrimientos y aprovechamientos que en cualquiera manera hicieredes y hubieres, como bueno y fiel criado y vasallo, y no a otra persona alguna, y que direte ni indirete no encubrireis ni hareis cosa en perjuicio de Su Magestad ni de su Real patrimonio, e hacienda y que de todo dareis buena cuenta y razón como de vuestra persona se confia. Luego que hayais hecho el dicho pleito homenaje, sucesive a él, hareis tomar juramento, en vuestra presencia y por ante Escribano que dello de fé publicamente, en un Misal, sobre los Evangelios, a los Oficiales de la Real Hacienda y a todos los Capitanes Caballeros y soldados que fueren en la dicha Armada, y de los pilotos, Maestres de navios y gente de mar, que os obedecerán como á Gobernador y Capitán General della, y que harán, guardarán y cumplirán vuestro mandado en todo y por todo, y que no harán motines, ni alzamientos, y seguirán vuestra derrota y bandera, y no se enagenarán ni ausentarán, por via ni manera alguna, del servicio de Su Magestad y de vuestra obediencia, en mar ni en tierra, so pena de perjuros e infames, e de caér e incurrir en pena de desleales y traidores y que como, contra tales, se pueda proceder contra cualquiera que lo contrario hiciere; y que asimismo obedecerán a vuestros capitanes, en vuestro nombre, en mar y en tierra, so las dichas penas".

Hay una Provisión de nombramiento de sucesor en su cargo de Gobernador y Capitán General que:

"Va metida en un cofre de acero algo prolongado, de largo de un palmo poco más o menos y de ancho de una mano y dos dedos, cerrado y clavado, envuelto en lienzo y sellado con tres sellos reales para que vos ni otra persona alguna no pueda saber ni entender el que asi va nombrado por tal General hasta que Dios haya dispuesto de vos. Y abierto el dicho cofre y vista la dicha Provisión conste quien sea el que asi va elegido y nombrado en vuestro lugar, se os encarga y manda que el dicho cofre cerrado y sellado lleveis en vuestro poder a muy buena guarda y recaudo hasta el tiempo de vuestra muerte, el cual mandareis que se entregue a los oficiales de la Real hacienda que van en la dicha Armada".

Para la apertura del cofre se requiriría la presencia de las autoridades ante el Escribano. Como la llave había sido quebrada debía abrirla un cerrajero o herrero. La persona nombrada debería cumplir los mismos requisitos y ceremonial que había realizado Legazpi al tomar su alto cargo. Por si la persona elegida falleciese también, existe un cofre menor que encierra otra Provisión Real con un segundo nombramiento y se deben cumplir las mismas disposiciones que en el anterior caso. Este otro cofre menor es "tumbado de largor de una sesma y de altor de seis dedos, sellado con otros tres sellos reales". Y se sigue el mismo procedimiento en caso de un segundo fallecimiento de la autoridad máxima de la espedición. El documento consultado va firmado por el Licenciado Balderrama, el Doctor Ceynos, el Doctor Villalobos, el Doctor Orosco, el Doctor Basco de Puga y el Doctor Villanueva.

El piloto mayor de la Armada Esteban Rodriguez en su conocida Relación nos dice que el día 19 de noviembre, domingo, se bendijo la bandera y el estandarte y todos los de la Armada, con juramento, prometieron tener por General al Señor Miguel López de Legazpi y hacer lo que por él fuere mandado. Y dice textualmente:

"Salimos del puerto de la Navidad, martes, cuatro horas antes del día, a 21 de noviembre, año de 1564, dos naos y un galeoncete y un patax; y la nao Capitana, era de porte de quinientas toneladas, nombrábase "San Pedro"; iba por piloto mayor Esteban Rodriguez, vecino de Huelva, y por su acompañado, Pierre Plin, francés; por Maestre Martin de Ibarra, vecino de Bilbao; por Contramaestre Francisco de Estibarribia; por Guardian Lucas Aragozés; por Despensero Pedro de Oliva; por Alguacil del agua Santiago de Gamica; llevan de marineros y grumetes y con dos pajes, sesenta y cinco personas. La nao Almiranta se decía "San Pablo"; seria de porte de cuatrocientas toneladas; iba por Almirante el Maese de Campo Mateo del Sas; por piloto Jaimes Fortun, y Diego Martin, de Triana; por Maestre Juan Maria, y por Contramaestre Pedro Juan; por Guardian Jorge; por Despensero Cristobal Martin; por Alguacil del agua Andrea, veneciano, El galeoncete se decía San Juan; seria de porte de ochenta toneladas; iba por Capitán Juan de la Isla y por Piloto Rodrigo de la Isla, su hermano, y por Maestre Julian Felipe, y por Contramaestre, Nicolas Rodriguez, de Huelva; por Despensero Juan Martin, de Huelva. El patax se decia San Lucas; seria de porte de cuarenta toneladas iba por Capitán Don Alonso y por Piloto Lope Martin, y por Maestre Nicolas, griego, y por Contramaestre Moreto; y tambien llevabamos un barco cubierto; iban en el cuatro hombres. En toda esta Armada, en las dos naos y galeoncete y patax y barco, iban ciento cincuenta hombres de mar y doscientos soldados. Llevaba el Capitán General Miguel López de Legazpi 16 gentilhombres; el Maestre de Campo llevaba una compañía de cien hombres; iba por Alferez mayor Andres de Ibarra, y por Sargento mayor Luis de la Haya, y por Alférez de esta Compañia iba Don Pedro de Herrera, y por Sargento Juan de Morones, Martin de Gilete, Capitán lleva otra compañia de noventa soldados; por su Alferez Francisco Ramirez; por Sargento, Gutierrez. Iban por oficiales de S. M.: Tesorero Guido de Labazares, y Contador, Andrés de la Rochela; por Factor Mirandaola".

Debemos observar que Legazpi, en uso de sus prerrogativas, había cambiado los nombres de la Capitana y la Almiranta.

El domingo día 26 de noviembre, el escribano de la Armada, Hernando Riquel, leyó la instrucción que se había dado al general, con encargo de no abrirla hasta llegar a cien leguas de distancia del puerto de Navidad. Contenía una confirmación de las Instrucciones ya conocidas y Orden de ir directamente a Filipinas, siguiendo el rumbo de López de Villalobos.

El patache "San Lucas" embarcación de dos palos, antiguamente de guerra, que se destinaba en las escuadras para llevar avisos, reconocer las costas y guardar las entradas de los puertos, en este caso al servicio de la Armada de Legazpi- que era muy velero, se alejaba demasiado. Legazpi le ordenó que no se distanciara más de media legua por la proa de la Capitana. El piloto le contestó que no podía amainar pues la embarcación escoraba y se llenaba de agua. Previniendo casos de forzadas desviaciones, el general había ordenado lo que debían hacer si tal ocurría: "Volver a la altura de nueve grados, y aguardarse en el primer puerto diez días. Si al cabo de ellos no llegaba la Armada, debían proseguir por la misma altura, no sin dejar una cruz en punto visible, y al pie un botijo, con una carta donde se diera razón de lo ocurrido y de la derrota que llevaran". Este patache terminó desertando y navegando por su cuenta, volviendo a Méjico y con un mal fin.

El lunes 22 de enero de 1565, antes del mediodía avistaron tierra que los pilotos creyeron Filipinas. Pero el Padre Andrés de Urdaneta, más experimentado y conocedor, por no ser la primera vez que escalaba allí, aseguró ser las islas de los Ladrones -Guam-. Y así era realmente, pues los paraos llevaban velas latinas que, a los ojos de Urdaneta, los identificaba. Conocía también la índole de las canoas sin proa ni popa, de una velocidad y capacidad de maniobra extraordinarias. Dando grandes voces rodeaban las naos, invitando a ir a sus pueblos.

Bando de Legazpi. Se pregonó en estos términos: que ninguna persona de la Armada.

"Fuese osado de saltar en tierra sin su licencia y los que en ella saltasen no hicieran fuerza, agravio ni daño alguno a los naturales ni de ellos tomasen cosa ninguna, asi en sus bastimentas como de otra cosa, y que no les tocasen en sus sementeras ni labranzas, ni cortasen palma ni otro árbol alguno, y que no diesen ni contratasen con los naturales en cosa ninguna de ningún género que fuese, sino fuese por mano de los Oficiales de Su Magestad, que tenían cargo de ello, só graves penas, y a los Capitanes que lo consintieran, so pena de suspensión de sus oficios".

El martes al alba los naturales, más de 400, rodearon las naves con sus paraos, invitando reiteradamente a ir a sus pueblos, donde indicaban había mucho que comer. En sus embarcaciones llevaban cocos secos y verdes, plátanos verdes, batatas, arroz, pero de todo escaso. Además llevaban sus armas: "haces de varas tiraderas y hondas y piedras hechas a la forma de un huevo". La Relación describe su aspecto.

"Andan desnudos en carnes sin cubrir parte ninguna de sus cuerpos: son gente muy crecida, membrudos, bien dispuestos y de grandes fuerzas a lo que paresce; asimismo las mujeres son muy altas y ellas solamente traen un cordel atado por los muslos y en el cordel un poco de hierba o hojas de árboles con que cubren las partes vergonzosas y algunas las cubren con un petate hecho de hoja de palma. Llevan el cabello suelto y largo y lo cogen en el cogote".

Ninguno de ellos quiso entrar en las naves. Ante la insistencia de los marinos para que trajeran más cantidad de víveres.

"Comenzaron a traer petates fechos, fardos de arroz que al parescer tenían á tres almudes o a cuatro, y a más y menos, y los daban por clavos grandes, y como no entraban en las naos sino que desde bordo les echaban un cordel y en el atado un clavo, contentándose del, ataban al mesmo cordel el fardo de arroz, é haláronse muchos fardos llenos de arena y por cima había como dos dedos de arroz, que cubría el engaño y otros traían hierbas y piedras en medio porque pesasen, y destas hicieron muchas y graciosas burlas".

Vemos que no les faltaba su sentido peculiar y provechoso del humor. Aunque no faltaron, por la desconfianza, agresiones a pedradas y algún muerto.

El sábado 5 de febrero de 1565, la escuadra navegaba hacia las islas del Poniente -Filipinas-. Diez días después llegaba a la isla de Samar, situada en el exterior del archipiélago, hacia Guam. El binomio Legazpi-Urdaneta había seguido parte de la ruta de Magallanes-Elcano de hacía 45 años. El alférez Mayor Andrés de Ibarra tomó posesión de la isla previo acuerdo con un indígena principal, usando los rituales de rigor. Los intentos pacíficos de abastecerse fracasaban a pesar del buen trato de Legazpi y de los obsequios repartidos. E1 20 de febrero de 1565 zarpó la escuadra y al día siguiente llegaba a Leite. A pesar de la hostilidad de sus habitantes, Legazpi tomó posesión de la tierra con toda solemnidad, levantando la acostumbrada acta. Las exploraciones del capitán Goiti, Urdaneta y el maestre de campo habían dado con un puerto llamado Carvallán a donde llegaron el día 5 de marzo. El problema del abastecimiento seguía grave. La política pacífica sólo daría frutos en Bohol.

Legazpi mandó juntar a las autoridades de la Armada el día 21 de abril, víspera de Pascua de Resurrección. Se trataba de buscar un lugar adecuado para plantar el campamento de invierno. "Después de platicado entre todos acordaron llegarse al Zubu, tierra muy poblada y abundante en alimentos. Pero, "si no quisiesen los naturales de la tierra dalles bastimentos por precios justos y usados y ser amigos nuestros, como el general pretendía, se le podrá hacer guerra justamente". Por medio de intérprete, Legazpi indicó a Tupas, rey o principal de Zubu, sus deseos de paz y amistad permanente y que traía un presente del rey de Castilla. Tupas temía caer en una celada, pues su padre había sido el factor del banquete-trampa donde habían sido liquidados treinta expedicionarios de Magallanes. El jefe nativo no se atrevió a subir a la nao de Legazpi. Al contrario, lanzó 2.500 hombres en son de guerra a la costa y a los paraos. De todas partes amenazaban con sus armas: "lanzas de hierro luengo y agudo, varias tiraderas, pavesas, alfanjes pequeños"... Tras esta algazara de primera fila, en la gente del poblado "todo era dar priesa en sacar su hato y recoger puercos, cabras y gallinas que andaban por entre las casas". Legazpi envió una embajada a tierra instándoles a establecer paz y amistad duraderas. Ante el fracaso de la tercera embajada, Legazpi ordenó el desembarco de tres bateles, a las órdenes del Maese de Campo, el capitán Goiti y Juan de la Isla. Y otro batel con los gentilhombres de su compañía. La nao Capitana disparó su artillería hacia los paraos embarcaciones pequeñas parecidas a los juncos de aquellos mares-. La Almiranta y el San Juan dispararon al poblado. No hallaron con quien pelear pues los nativos eran grandes corredores y se habían retirado con los alimentos. Como los techos eran de paja se quemaron un centenar de casas. Pero la armada seguía sin abastecerse. Casi todo el pueblo se había salvado del incendio y fue ocupado y registrado "y no se halló cosa que fuese de bastimento, ni de importancia, sino eran ollas, tinajas, cántaros de servicio, é algún millo -mijo- y muy poquito arroz".

Tupas y Legazpi se sangran para el seguro de paz. Un hecho notable fue el encuentro de una imagen del Niño Jesús en una choza donde vivía un esclavo, el marino de Bermeo Juan Camuz. Se supone procedía de la expedición de Magallanes. Era una imagen de Flandes, en su cajita de pino. Se venera actualmente en la iglesia que construyeron los Agustinos en Cebú con el nombre de Invención del Niño Jesús. El día 8 de mayo se hizo el trazado del fuerte para establecerse definitivamente. Ante los sucesos señalados, el rey Tupas se presentó, acompañado de Tamuñan, ante el gobernador Legazpi que los recibió en la Capitana. Nos dice la Relación Anónima, aunque se cree la escribió el secretario Lazcano: "El Gobernador se sangró el pecho en una taza y lo mismo el Tupas y Tamuñán, y sacada la sangre de todos tres se revolvió con un poco de vino, el cual se echó en tres vasos, tanto el uno como el otro lo bebieron todos tres, á la par, cada uno su parte". Y luego Legazpi les recordó los hechos del tiempo de Magallanes e informándoles sobre el poder del rey de Castilla, el más clemente y mayor de la Cristiandad, y sus obligaciones como vasallos.

Precariamente asentado en Cebú este objetivo es básico para el éxito de la empresa. El día 1 .° de junio de 1565 la capitana "San Pedro" zarpó de Cebú al mando de Felipe de Salcedo Legazpi. La dirección del rumbo quedaba encomendada al cosmógrafo Fray Andrés de Urdaneta. La travesía duró cuatro meses. El escorbuto había hecho estragos en la tripulación, que llegó sin fuerzas ni para echar el ancla. Era el 8 de octubre cuando fondeó en Acapulco. Legazpi tuvo que sofocar un complot de los gentilhombres. Algunos de ellos se había negado a hacer la guardia al gobernador y otros incendiaron el campo. Después de una confesión de lo ocurrido, los culpables fueron ahorcados. El galeón "San Gerónimo" llegado de Méjico, en 1566, establecía la ruta definitiva. Más tarde, noviembre de 1566, llegó la nao "San Juan". La nueva vía abierta por Urdaneta funcionaba y consolidaba la posición de Legazpi que rechazó definitivamente a los portugueses y organizó la unidad del archipiélago bajo el nombre de islas Filipinas, se impuso desde 1565 en adelante. Fundó la ciudad de Manila el 24 de junio de 1571 , según los planos de Herrera, autor del proyecto de El Escorial. Murió pobre, rodeado de sus hombres de confianza, hijos de la tierra que lo viera nacer. No llegó a disfrutar de la Real Cédula con que Felipe II le nombraba gobernador vitalicio y capitán general de Filipinas, con 2.000 ducados de sueldo. Manila le levantó un monumento donde aparece con Fray Andrés de Urdaneta.

En 1947 el escritor José de Arteche denunciaba el estado ruinoso de su casa solar a punto de derrumbarse. Consultado don Marcelino Ocariz Izaguirre, secretario del ayuntamiento de Zumarraga, nos informa que fue totalmente restaurada en 1964, coincidiendo con el 4.° centenario del viaje de Legazpi. Asistiendo el ministro Castiella, el embajador de Filipinas y diversas autoridades guipuzcoanas, destacándose la intervención activa de don Mariano Ciriquiain Gaiztarro, secretario de la Diputación de Guipúzcoa, en la instalación del museo que existe actualmente. Zumarraga honró además a su ilustre hijo con un monumento conmemorativo. Y en el ayuntamiento existe un retrato de Legazpi pintado por una monja incógnita.

  • S. I. Miguel López de Legazpi, escribano de Areria. BRSVAP, Cuadernos 1.° y 2.°. Año XXX, S. S., 1974, p. 257
  • Tellechea Idigoras, J. Ignacio: Papeles Viejos, S. S., 1968
  • Núñez Cabeza de Vaca, Alvar: Naufragios y comentarios, Col. Austral n.° 304, Madrid 1942
  • Uncilla y Arroitajauregui, Fr. Fermín de: Urdaneta y la conquista de Filipinas. S. S., 1907
  • Ispizua, Segundo de: Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, Bilbao 1915, 6 vols. Vol. II, Cap. VII, "De América al Asia". Cap. IX. "Los vascos en Filipinas"
  • Arteche, José de: Legazpi. Historia de la conquista de Filipinas. Zarauz, 1947
  • Gorosabel, Pablo de: Diccionario Histórico-Geográfico-Descriptivo de los Pueblos, Valles, Partidos, Alcaldías y Uniones de Guipúzcoa. Bilbao, 1972. Edic. facsímil de l.ª edic. Tolosa, 1862, pp. 652-658
  • Relación... del piloto Esteban Rodríguez. En "Colección de Diarios y Relaciones...", op. cit.
  • Hemos consultado también las de Rodrigo de Espinosa y la presunta del secretario de Legazpi, Lazcano, referencia anónima. Y las posteriores Declaraciones de los citados pilotos y del contramaestre Fco. de Astigarribia en su viaje de vuelta a Méjico en la nao "San Pedro", al mando de Felipe de Salcedo Legazpi y el cosmógrafo Fray Andrés de Urdaneta. 464-486.