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Aguirre, Lope de

Conquistador y rebelde en América. Nacido en Oñati, Gipuzkoa, en 1511 ó 1515 y muerto en Barquisimeto, Venezuela, en 1561.

Fue hijodalgo, con cierta cultura, posiblemente de familia de escribanos como sugiere Juan Carlos Guerra. Cuando Lope de Aguirre llegó a Sevilla, el Consejo de Indias ponía restricciones y la Casa de Contratación, fundada en 1503, exigía fianzas y otros requisitos para viajar a América. En aquel tiempo llegaban a Sevilla las fabulosas noticias sobre los tesoros del Perú. Hernando Pizarro había llegado con el quinto real del tesoro de Atahualpa: barras de oro y plata, diademas, planchas preciosas, vasos sagrados, ídolos, vajilla. Lope de Aguirre, en plena juventud, pues apenas contaría veintiún años, se encuentra en aquel mundo de aventureros, soldados, mercaderes y ambiciosos de todo orden que esperaba embarcar para América. Las restricciones, como ocurría otras veces, desaparecen, pues Rodrigo Durán, contador de D. Pedro de Heredia, reclutaba hombres para su gobernación de Nueva Lombardía. Entre los 250 escogidos se cree figuraba Lope de Aguirre.

Pasó al Perú con la merced de regidor de una futura ciudad, hacia 1536 ó 1537. En el Cuzco, entre otras actividades, ejerció la de domador de potros. Intervino en la fundación de La Plata. Chuquisaca, y residió en Charcas. Su participación en las guerras civiles no está clara, aunque parece que estuvo al lado del rey. Participó en la entrada de los Chunchos con el capitán Pedro de Anzures o Peranzures. En 1544 estuvo al lado del virrey Blasco Núñez Vela que había llegado de España con órdenes de implantar las Nuevas Leyes, suprimiendo las encomiendas y dando libertad a los indios. Estuvo en el complot con Melchor Verdugo para libertar al virrey encarcelado por la Real Audiencia. Ante el fracaso, huyeron de Lima a Cajamarca, donde empezaron a reunir gente para auxiliar al virrey. Ayudado por el oidor Álvarez, Blasco Núñez Vela había huido por mar a Tumbez y formaba un pequeño ejército, creyendo que todo el país se levantaría para agruparse bajo el pendón real. Cerca de dos años duraría su resistencia a Gonzalo Pizarro y su maestre Francisco Carvajal, el célebre "demonio de los Andes". Finalmente fue vencido y muerto en Añaquito, en la región de Quito, el 18 de enero de 1546.

Melchor Verdugo y Lope de Aguirre se habían ido a Nicaragua embarcando en Trujillo con 33 soldados y pertrechos. Melchor Verdugo había nombrado capitanes a Rodrigo de Esquivel y Nuño Guzmán, sargento mayor a Lope de Aguirre y contador al P. Henao. Este iría más tarde en la expedición de Ursúa a Omagua y El Dorado.

En 1551 Lope de Aguirre aparece de nuevo en el Alto Perú, en la ciudad de Potosi. El juez Francisco de Esquivel prende a Lope de Aguirre por infracción de las leyes protectoras de indios que prácticamente no se observaban. No atiende las razones de Aguirre ni su alegato de hijodalgo y manda azotarlo públicamente. Herido mortalmente en su orgullo, Aguirre espera hasta que el juez termine su mandato. Temiendo la venganza de Aguirre, éste huye y cambia constantemente de residencia. Aguirre lo persigue a pie hasta Lima, hasta Quito y de nuevo hasta el Cuzco. En tres años recorre 6.000 kilómetros, a pie, descalzo, tras las huellas de Esquivel. La soldadesca sigue con interés esta tenaz persecución. La venganza se cumple en el Cuzco, en la misma mansión del ex-magistrado. Esquivel echaba su siesta en la biblioteca, siempre con la cota puesta por temor a Aguirre. Le acuchilló las sienes y aún volvió a buscar el sombrero que había olvidado. Favorecido por sus amigos que lo habían tenido oculto, se fugó del Cuzco teñido de negro, refugiándose donde un pariente suyo en Guamanga. En 1553 pasa a Charcas e interviene en el complot de Sebastián de Castilla. Condenado a muerte, se esconde durante un año, ayudado por un indio amigo suyo. En 1554, con motivo de la rebelión de Hernández Girón, Alvarado pregona un perdón para todos los que se alisten en su ejército al que se acoge Lope de Aguirre. De la batalla de Chuquinga contra Hernández Girón sacó una cojera incurable que lo llevó al ostracismo. Estos años de quietud hasta 1559 son un descanso antes de la gran aventura de su vida. En este año, acompañado de su hija Elvira, Lope de Aguirre desciende del Cuzco a la Ribera del Mayo, afluente del Huallaga, donde se prepara la expedición de Pedro de Ursúa.

El 16 de septiembre de 1560 zarpa la expedición, con tres bergantines, varias chatas, 300 soldados y centenares de indios. Aquella tropa heterogénea alucinada por las noticias que propalaban los indios brasiles sobre las riquezas de Omagua y el Dorado iba en busca de tesoros como los de Cajamarca o ciudad de Méjico y de buenas tierras que poblar. El gobernador Ursúa designa alférez general al hidalgo sevillano Fernando de Guzmán y tenedor de difuntos a Lope de Aguirre. Este cargo consistía en cuidar los bienes de los que morían durante la expedición. Bajaron por el río Huallaga hasta el Amazonas. A fines de noviembre estaban en el territorio de Machifaro donde se detuvieron durante un mes. El descontento de los soldados ya se manifestaba al no encontrar ni rastro de las riquezas prometidas. Ursúa gobernaba blandamente, entretenido con su amante, la bella Doña Inés de Atienza. Llevaba también consigo a su primo Martín Díaz de Armendáriz y al tudelano Juan de Cabañas como secretario.

El profesor D. José Ramón Castro encontró en el Archivo de Protocolos de Tudela los documentos referentes a una reclamación al Consejo de Indias sobre la muerte de este expedicionario. A fin de año la expedición estaba en el pueblo de Mocomoco. Ya se hablaba abiertamente de volver al punto de partida. Pero Aguirre, que gozaba de gran ascendencia entre los soldados, prepara la muerte de Ursúa que ocurre el primero de enero de 1561. Con este suceso Lope de Aguirre es nombrado maestre de campo, cargo que le arrebata Alonso de la Bandera. Aguirre se desembaraza de él y recobra su puesto.

Lope de Aguirre ya está organizado, tiene a su alrededor una guardia escogida y feroz que a una señal suya maneja la espada, el arcabuz o la terrible aguja. Fernando de Guzmán es nombrado general de la expedición, pero Aguirre controla las armas y es el más fuerte. El 23 de marzo hace proclamar a Guzmán príncipe del Perú, Tierra Firme y Chile. Firman el acta inspirada por Aguirre 186 capitanes y soldados. A este documento se le ha llamado Acta Primera de la Independencia de América. Por ella y por arenga subsiguiente de Aguirre, se desnaturalizan de su rey Felipe II. Se discute si es éste un gesto arcaizante o acto precursor que interesa hasta al mismo Simón Bolívar, según cuenta La Croix en el Diario de Bucaramanga.

La idea de muchos expedicionarios de desandar camino hasta el punto de origen es materialmente imposible. Lope de Aguirre lo sabe y canaliza este descontento y este deseo de volver al Perú, pero por Panamá, apoderándose de la flota y levantando a todos los descontentos de la zona. Para esto tiene que llegar al Atlántico y a Venezuela. Impone una disciplina de hierro y construye dos nuevos bergantines. En todos estos proyectos de Lope de Aguirre contaba siempre el porvenir de su hija Elvira que llevaba consigo. Parece que el príncipe y su corte conspiraron para suprimir a Lope de Aguirre que se adelanta una vez más. Como paso previo, manda matar al capitán de la guardia de Guzmán, Lorenzo de Zalduendo y a su amante D.ª Inés de Atienza. Al otro día, 22 de mayo de 1561, elimina al príncipe, al P. Henao y a los principales de la corte. Lope de Aguirre es ya el caudillo de los "marañones".

A primeros de julio la expedición llega al Atlántico. El 21 del mismo mes está en Margarita, que toma por sorpresa. Sale de la isla a fines de agosto, después de haber escrito sus famosas cartas a Felipe II y al Provincial Fray Francisco de Montesinos. Envía a Pedro de Munguía para engañar al Provincial y quitarle el barco. Pero el enviado de Aguirre se pasa al otro bando y no vuelve. Este es el primer golpe a la moral de Aguirre. Munguía escribirá después una Relación acusadora, como todas, que le servirá de justificación y defensa.

A primeros de septiembre desembarca en Burburata. Tras una marcha agotadora por la sierra, abrasado por la fiebre, llevado en una hamaca por sus hombres, llega a Valencia del Rey. Su tropa ha podido desembarazarse de él pero no lo ha hecho. Por lo visto aún cree en aquella prometedora vuelta al Perú. El 22 de octubre entra en Barquisimeto. En las casas desiertas están fijadas las cédulas de perdón. Los soldados se burlan pero secretamente las guardan y desertan. La defección culmina cuando el capitán Tirado se pasa con su caballería.

Venezuela había vivido días de terror ante la llegada de Aguirre. El mismo gobernador, Pablo Collado, había huido. Sólo algunos viejos conquistadores organizan la defensa. Lope de Aguirre le escribe una de sus famosas cartas que también ha llegado a nuestros días. El 27 de octubre, abandonado de sus marañones, mata a su hija Elvira:

"porque cosa que yo tanto quería no viniese a ser colchón de ruin gente".

Pide que no lo maten antes de declarar. Pero es muerto de dos arcabuzazos. Su cuerpo hecho cuartos y repartido por diversas ciudades de Venezuela.

La personalidad de Lope de Aguirre puede parangonarse con la de su contemporáneo Francisco de Carvajal, el "demonio de los Andes", maestre de campo de Gonzalo Pizarro. El final de sus vidas ofrece algunas analogías. Su producción epistolar ha sido estudiada, aunque no lo suficiente, por algunos autores actuales. Encontramos en las cartas de Aguirre más capacidad de síntesis, desenfado más agudo y una rebeldía a ultranza. Pero en este paralelismo aparece un rasgo que los diferencia esencialmente. Carvajal, según el coetáneo Agustín de Zárate, amenazaba de muerte al que se atreviera a intentar la relación de sus hazañas. En cambio Lope de Aguirre procura por todos los medios a su alcance dar publicidad a sus hechos y a sus peticiones de justicia. Para hacer llegar al rey Felipe II su famosa carta se vale del cura de Margarita D. Alonso Contreras. Sus dotes de gran psicólogo no le fallarán al elegirlo. En Contreras ha visto al prototipo de clérigo honrado y bueno. Ante el altar de Nueva Valencia del Rey le hace jurar el cumplimiento de su encargo "por Dios, su Santa Madre y los Cuatro Evangelios". La carta llega a su destino y ha llegado a nuestra época, arrugada y maltrecha, probablemente por la cólera del monarca más poderoso de su tiempo. El aspecto físico de Lope de Aguirre debía ser insignificante y quizá lo más sobresaliente en él era su mirada fiera, su rapidez en actuar, su habilidad para domar potros y dirigir la construcción de barcos y las dotes oratorias, epistolares y notariales. Las cartas de Lope de Aguirre están publicadas en Lope de Aguirre Descuartizado, Colección Auñamendi Anexa, t. 1-2.

Entre los numerosos testimonios de las personas que vieron a Lope de Aguirre transcribimos la declaración de Cristóbal Gil, vecino de Tocuyo ante la Audiencia de Santo Domingo, que se hallaba en Margarita cuando llegó Lope de Aguirre a la isla. Nuestra transcripción está adaptada al castellano actual y dice así:

"preguntado que qué persona es el dicho tirano, dijo, que es hombre de hasta cuarenta y cinco años, chico de cuerpo, flaco de rostro y rehecho de cuerpo, moreno, barbado ya que encanece".

Otra declaración mencionada por Jos en Ciencia y Osadía... dice:

"...en el puerto de la Margarita estaba el tirano con dos o tres escuadrones vestidos de blanco, y llevaban una bandera grande negra y un estandarte azul y otro amarillo. Decían que tenían rey y viva Lope de Aguirre".