Monarchy and Nobility

Fernán González

Fernando Gundisalviz.

Conde gerente de Álava y Castilla (916?-970).

Su filiación genealógica es problemática. Se le supone hijo de Gonzalo Fernández que sería conde de Burgos (Fuero de Brañosera). Según otras tradiciones sería hijo de Gonzalo Núñez, hijo de Nuño Núñez (Rasura). Originariamente viven paralelos los condados de Álava y de Castilla, aquél bajo la familia Bela y el segundo bajo los Nuños y sus sucesores los Fernández. Pero el condado de Castilla también había estado bajo la familia Belasca desde su primer conde Ruderic ben Bilasch, como le llama el historiador al Makkari. Era una familia afecta a los reyes de Pamplona. Un golpe de Estado traspasa el poder a los Núñez. De la familia Belasca, vasca de origen, pasa el condado a los ascendientes de Fernán González, Conde de Lara, que llega a dominar en toda Castilla.

Su titularidad de conde gerente de Álava tiene sus antecedentes. Álava había sido siempre parte principal y fronteriza del viejo Ducado de Vasconia, durante la monarquía goda. Al sobrevenir la invasión musulmana es parte de la llamada Galia Comata, en nuestro caso, los vascones bajo influencia franca. De ahí que le digan los cronistas "país de los francos". En 919 aparece como conde de Álava y de Vizcaya Monnio o Momi que en una escritura de Valpuesta se dice Monnio Vigilaci (18 de mayo de 919). Su filiación a la familia Bela es manifiesta en ese Vigilaci patronímico. Está casado con D.ª Belasquita, hija de Sancho I Garcés de Pamplona. En 929, Álvaro Harrámeliz, conde de Lantarón, tierra entonces castellana y no alavesa, casa con la princesa Sancha de Pamplona, viuda de Ordoño II de León, y desde este preciso momento de la boda se titula conde de Álava. En 931 se calenda una escritura del rey de Pamplona figurando como conde Álvaro Harrámeliz en Álava. Al año siguiente muere Álvaro y su viuda Sancha casa con el conde castellano Fernán González. Este, desde ese preciso momento, figura como conde gerente de Álava y Castilla, junto a su mujer la condesa D.ª Sancha. Como puede observarse la titularidad del condado de Álava recaía, también, sucesivamente en sus consortes Ordoño II de León, Álvaro Harrámeliz y Fernán González. En donación de Ferro y su mujer Amuna, de propiedad en Salinas de Añana (entonces Castilla), al monasterio de Arlanza (22-6-932) dice: "et in Álava, et in Castella Fredinando Gundesalviz comitatu gerente...". Fernán González, como conde de Castilla, se supeditaba al rey de León Ramiro: "...regnante principe Ranimiro" (940).

En 944 tiene lugar la donación a San Millán al monasterio de Santa María de Pazuengos: "ego Fredinando comes nutu Dei, cum uxore mea Sancia Comitesa". En 947 subordina a San Millán el monasterio de San Juan de Ziauri, junto a Haro: "una cum uxore mea dilectísima Sancia". En 948 subordina a San Millán el monasterio de San Martín de Grañon: "totius Castilla comes". En 948 domina en Valdegobia (hoy Álava, entonces, no). La rebelión de Fernán González contra Ramiro II de León termina con el casamiento del heredero leonés con Urraca, hija del conde castellano.

No se sabe qué pasó a raíz de la muerte de Sancia Comitesa, pero sí que estalla la guerra con Pamplona y que apresado el conde en sus dominios, en Zirueña (959), se lo lleva a la capital del reino vasco. Sospechamos que a la muerte de Sancha, se suscitó la titularidad originaria alavesa que el rey de Pamplona reclamaría para su reino. Fernán González estuvo preso sucesivamente en Pamplona, Clavijo y Tovía, siempre dentro del reino vasco. Desde entonces se ve Álava reincorporada al Reino. (Escritura de 983 de Sancho II Garcés). Fernán González había adoptado una actitud belicosa contra los musulmanes y por eso ahora, en 961, Al Hakam exigía al rey pamplonés la entrega del prisionero, pero no sólo no lo hizo sino que le dio la libertad. Desde ese momento no se ve más como conde de Álava ni a él ni a su hijo Garci Fernández su sucesor. Al salir de la prisión casa con Urraca, princesa navarra. Se vislumbra la existencia de un pacto. Castilla entra en la órbita vasca como lo prueba el apéndice de donación de Okoizta, cuya fecha no se conoce pero que se calenda, inequívocamente, de esta forma: "Regnante Sancio rex in Pampilona, comite Lupe Sarrazinez in Divina, Aurivita Didacoz in Estivaliz, Álvaro Sarrazinez in Murielles (Morillas), saione de comite Nunnu Balza, decano de episcopo Oveco presbiter de Bergale, comite García Fredinandiz in Castella".

Desde 959 se titula en todas las escrituras simplemente conde de Castilla. Cierta escritura citada como de 969 es indudablemente de 944. Este famoso conde llevó a Castilla a días de gran esplendor, como la derrota musulmana de Simancas (939) y la de San Esteban de Gormaz (955), en las que intervino de manera decisiva. Es curioso que en Simancas actuaran coaligados leoneses (la vanguardia), vascones (el centro) y alaveses y castellanos (retaguardia) agrupando a estos últimos en un mismo lugar. Fernán González murió en 979 y le sucedió su hijo García Fernández. Álava vuelve definitivamente a ser parte del Reino vasco. Unos pocos años más tarde, en 983, se otorga la donación de la villa de Badaguas de Sancho II Garcés Abarca y su esposa D.ª Urraca e hijos a D. Sancho de Atarés donde se dice "Regnante domino Santio rex in Pampilona sive in Aragone unatim cum Álava".

Extenso poema de 752 estrofas conservado en un manuscrito del siglo XV. Narra, no solamente las luchas de su héroe contra los musulmanes, sino las que sostuvo contra el rey de Navarra hasta caer prisionero suyo en 959 en Cirueña. Es una obra del mester de clerecía compuesta por un autor anónimo en el siglo XIII, verdadera epopeya a la independencia castellana. Se supone que el autor fue un monje del monasterio de San Pedro de Arlanza, influido por Berceo. El lector se sume en un ambiente guerrero y heroico. Algunos episodios se hallan muy logrados como el de la prisión del conde en Castroviejo y su liberación por su esposa, la vasca D.ª Sancha. La historia y la leyenda se hallan combinadas en medio de un gran fervor castellanista, pero falseándose, a veces, los datos históricos. Como muestra de su estilo sirvan de ejemplo estas dos estrofas:

Cuando vio D. Fernando al rey venir guarnido,
entendió que l'avia del pleito fallecido;
"Santa María, val, ca yo so confondido,
creindo m'por palabra yo mismo so vendido".
El Conde dio grand voz, como si fues tronido,
diz: "Devia ser agora el mundo destruido,
con este mal engaño que re a cometido;
lo que m'dixo el monje, en ello so caído".