Composers

Arrieta y Corera, Emilio

Si bien su nombre completo era Juan Pascual Antonio Emilio Arrieta y Corera, era conocido como Emilio, siendo uno de los compositores más destacados del siglo XIX hispánico en la zarzuela y la ópera. Nació en Puente la Reina el 20 de octubre de 1821 y murió en Madrid el 11 de febrero de 1894.

Como director del Conservatorio de Madrid ejerció una intensa labor, formando a un numeroso grupo de alumnos, entre los que se encontraban Chapí y Bretón, los cuales serán fundamentales para la música española del siglo XIX.

Bajo la protección de su hermana Antonia fue primero a Madrid y en 1839 a Milán a estudiar en el Conservatorio. Allí contactó de primera mano con lo mejor del panorama operístico italiano del momento, a través tanto de las clases de composición del discípulo de Paisiello Nicola Vaccaj como del ambiente inmejorable del teatro de La Scala. Allí fue también preceptor de Amilcare Ponchielli. En 1846 terminó sus estudios consiguiendo el premio de composición con la ópera Ildegonda, con texto del colaborador habitual de Verdi Temistocle Solera, estrenada allí con éxito.

De vuelta a Madrid se encontró con un panorama musical muy distinto, hasta el punto de que estaba por volver a Italia cuando fue nombrado en 1848 maestro de canto de la reina Isabel II. Los favores de la reina fueron fundamentales para el lanzamiento de su obra en España. De este modo Ildegonda, traducida al español, se estrenó en el Teatro del Real Palacio, con una tibia acogida del público. La reina, con todo, encargó a Arrieta una nueva ópera con texto de Solera, La Conquista de Granata, que acabó estrenándose bajo el nombre de Isabel la Católica. En 1851 termina su relación con la reina de una forma bastante brusca, y casi a la vez empieza a dirigir Arrieta sus miradas hacia la incipiente zarzuela grande. Con la ayuda de su paisano Gaztambide estrenó la zarzuela en tres actos El dominó azul, que obtuvo un gran éxito y donde aparecen ya las mejores cualidades del autor: belleza melódica, claridad en la caracterización musical de los personajes y situaciones dramáticas y excelente uso de la orquesta, con un resultado siempre elegante. En esta época destacan también sus artículos teóricos criticando el sistema educativo musical español mientras sigue componiendo zarzuelas de extensión considerable. En 1855 estrena la que será considerada su obra maestra, Marina, que en 1871 llegó a convertir en ópera. Con todo, su intensa producción musical tuvo que adaptarse a los gustos del público, produciendo varios títulos breves para los bufos Arderius entre 1866 y 1871.

Y todo ello compaginado con una intensa labor en el Conservatorio de Madrid, en el que enseñaba composición desde 1857 y del que fue director con la llegada de la Gloriosa revolución de 1868, para la que puso música al himno de García Gutiérrez Abajo los Borbones. Con todo, y a pesar del innegable apoyo político con el que contó en un principio, especialmente por parte de A. López de Ayala, su labor se prolongaría con la Restauración borbónica hasta su muerte en 1894. Bajo esta dirección se adoptó el diapasón normal, se creó una clase de conjunto instrumental, se mejoró el sueldo de los profesores, se instaló una gran biblioteca musical, se terminó la construcción de un gran salón-teatro y se recuperaron las clases de declamación.

Por lo que respecta a su estilo, se le suele caracterizar como el más italiano de los compositores españoles, en una época en que la influencia de ese país lo abarcaba todo en la música española. El italianismo se refiere sobre todo a la estrecha unión de música y poesía, marcando el límite, según Mª Encina Cortizo, de las aspiraciones dramáticas de la zarzuela, sin excesivo amaneramiento ni ampulosidad. Amplió, eso sí, las formas dramáticas del género, haciéndolo más ideal y poético. No pudo reformar un género demasiado joven aún, pero lo amplió con una mayor riqueza orquestal, reforzando las diferentes combinaciones tímbricas y recreando las situaciones dramáticas con una música más elaborada y elegante que la que se había utilizado hasta entonces. Además de una cincuentena de obras escénicas, compuso también para orquesta, voz y piano, prácticamente todas las posibilidades de la música vocal con acompañamiento instrumental e incluso instrumentos solistas en un amplio repertorio que va desde el piano y el violonchelo hasta el cornetín y el fagot.



  • Cortizo, Mª Encina, Emilio Arrieta: de la Ópera a la Zarzuela, ICCMU, Madrid, 1998.
  • Hay obras suyas en el archivo Eresbil.