Monarchy and Nobility

Sancho VI Garcés

Rey de Pamplona (1150-1194) conocido con el sobrenombre de "el Sabio".

Accedió al trono con alrededor de quince años de edad, tras la muerte de su padre, García Ramírez "el Restaurador". Su madre era Margarita de l'Aigle Rotrou, primera mujer del rey García Ramírez, y tuvo como hermanas a Margarita, que fue esposa del rey Guillermo I de Sicilia, y a Blanca, esposa del que sería posteriormente Sancho III de Castilla.

Sancho VI heredó el reino en una situación financiera delicada y bajo la amenaza de los reinos de Castilla y Aragón-Cataluña. A comienzos de su reinado la posición política de Pamplona era un tanto precaria; Sancho era reconocido rey bajo la tutela castellana, y sus relaciones con la Santa Sede se veían afectadas por la no aceptación del testamento de Alfonso I "el Batallador". Este monarca constituyó herederos de los reinos de Pamplona y Aragón a las órdenes militares del Sepulcro del Señor en Jerusalén, del Hospital de los pobres de Jerusalén y del Templo de Salomón, si bien, a su muerte en 1134 fue proclamado rey de Pamplona García Ramírez, padre de Sancho VI. La Santa Sede no aceptó de buen grado su investidura y negó a los reyes de Pamplona su condición de realeza, tratándolos de duques. El conflicto se fue mitigando por medio de sucesivas concesiones económicas a las órdenes afectadas.

Durante su reinado Sancho VI llevó a cabo una labor de consolidación de los núcleos urbanos, promoviendo el asentamiento de población con la concesión de fueros y cartas puebla, así como el fortalecimiento del sistema defensivo del territorio.

Por otra parte, bajo su gobierno se dio un proceso de redefinición de la institución de la monarquía y de su sentido ideológico, desarrollándose la territorialización de la autoridad real. En este proceso de territorialización se fueron sustituyendo las referencias al "rey de los pamploneses" por las del "rey de Navarra", y el anterior reino de Pamplona tomaría oficialmente la denominación de "Reino de Navarra" en el año 1162.

Falleció el 27 de junio del año 1194 y le sucedió en el reino su hijo Sancho VII "el Fuerte".

Los intentos de los monarcas de Castilla y Aragón por asimilar a sus reinos las tierras del reino de Navarra tenían su más claro precedente en los acontecimientos sucedidos en 1076 tras el asesinato de Sancho Garcés IV "el de Peñalén".

No fue la única ocasión en la que los reyes de Castilla y Aragón mostraron sus propósitos, y la intención de repartirse el reino volvió a tratarse entre ellos el 22 de febrero de 1140, en el pacto de Carrión. Por medio de este pacto aragoneses y castellanos acordaron de nuevo el reparto de los territorios de Navarra. El rey castellano Alfonso VII quedaría con Marañón y las tierras navarras a la izquierda del Ebro que habían pertenecido a su abuelo Alfonso VI, y el conde Ramón Berenguer de Cataluña y Aragón con las tierras que habían pertenecido a Aragón en tiempos de Sancho Ramírez y Pedro I. Igualmente acordaron repartir el condado de Navarra, territorio por el cual los anteriores reyes aragoneses prestaron homenaje a Alfonso VI. De este condado, el castellano se quedaría con una tercera parte, la más próxima a sus dominios, y las dos terceras partes restantes, con la ciudad de Pamplona, quedarían para Berenguer. Por estas tierras el catalán también debería prestar homenaje al rey castellano. A los pocos años Alfonso VII creó en la Rioja para su hijo Sancho, futuro Sancho III de Castilla, el reino de Nájera (1149), y Ramón Berenguer IV llevaba a cabo una guerra de desgaste en la frontera con Navarra.

Al morir García Ramírez "el Restaurador", Alfonso VII, su hijo Sancho y Ramón Berenguer se reunieron en enero de 1151 en Tudején para tratar, entre otros asuntos, de reafirmar el acuerdo de repartirse el reino de Navarra. Los términos señalados para uno y otro monarca son prácticamente los delimitados en el pacto de Carrión. Sin embargo, el monarca castellano apoyó al sucesor en el trono de Pamplona frente a las aspiraciones aragonesas de reparto. Las cláusulas referentes a Navarra de este tratado del año 1151, conocido como Pacto de Tudején, fueron renovadas en mayo del año 1157 en Lérida, y en febrero del año 1158 en Nájima entre Ramón Berenguer IV y Sancho III.

Los monarcas de Navarra y Castilla se reunieron en Soria el 2 de junio de 1153. Allí acordaron el matrimonio de Sancho "el Sabio" con la hija del emperador, Sancha. De esta forma se forjaban unos lazos de parentesco y amistad que distendían al menos temporalmente el peligro de reparto del reino. El tratado de Soria también conllevaba, el reconocimiento de vasallaje al emperador y la entrega a Sancho III de Nájera, heredero de Castilla, de Artajona, Larraga y Cebror en el centro de Navarra. Estos territorios constituían la dote que el padre de Sancho VI, García Ramírez, otorgó a su segunda esposa Dª Urraca, hija natural de Alfonso VII. Urraca una vez viuda los conservó bajo su dominio y, al retirarse a Asturias, los cedió a su hermano Sancho III. Durante esos años el reino de Artajona creció con la incorporación de territorios en manos de tenentes o gobernadores que se coaligaron a la monarquía castellana, entre ellos el gobernador de la ciudad de Olite, Ramiro Garcés. Sancho VI por su parte, quería eliminar la presencia castellana en su reino y sobre todo, hacerse con las posesiones de Artajona.

En el año 1156 volvían a aliarse aragoneses y castellanos. Sancho VI se dirigió contra los aragoneses aprovechando la ausencia de su rey, que se encontraba en la Provenza. Recuperó la plaza de Fontellas y realizó una campaña de saqueo que llegó a las puertas de Zaragoza. Pero pronto inició las gestiones para conseguir la paz. Al regreso de Ramón Berenguer, el aragonés aumentó la presión sobre ciertos señores navarros para que se desvinculasen del rey navarro y éste trató de congraciarse con Alfonso VII. En el escenario político de ese momento era el emperador castellano el que tenía la última palabra, y por otro lado, necesitaba entablar buenas relaciones con él ya que estaba a punto de contraer matrimonio con Sancha, matrimonio que se celebró en 1157. La contrapartida de estas gestiones fue reconocer la dependencia castellana de Artajona.

En 1157 murió el emperador Alfonso VII, sucediéndole Sancho III "el Deseado", y Sancho VI reconoció en Soria el vasallaje al nuevo emperador, ratificando también el compromiso de matrimonio con Sancha. Tras la celebración de la boda, el monarca castellano reintegró a Navarra los dominios de Artajona, Larraga y Cebror.

Sancho III murió aproximadamente al año de comenzar su reinado, en el mes de agosto de 1158, y dejó el reino de Castilla en manos de su hijo Alfonso VIII, que contaba entonces con 3 años de edad. La tutela del menor y la regencia del reino durante su minoría fue objeto de disputas entre las familias Castro y Lara, familias que tuvieron fricciones desde el primer momento, y el rey Fernando II de León. En agosto del mismo año moría Ramón Berenguer, a quien sucedió su hijo Alfonso II "el Casto", también menor de edad y bajo tutela. En el año 1162, los tutores del rey aragonés, temiendo una posible agresión por parte del rey navarro, acudieron a Fernando II de León y se dispusieron bajo su protección. Asimismo confirmaron la alianza que habían establecido con Inglaterra para salvaguardar sus intereses en Francia.

Los dos reinos enemigos de Navarra se encontraban ahora inmersos en cuestiones internas, coyuntura que Sancho VI aprovecharía para recuperar las tierras de la Rioja y la Bureba. La disputa entre el antiguo reino de Pamplona y Castilla por estas tierras tenía su origen en la ocupación de territorios del reino de Pamplona por parte del rey castellano Alfonso VI en 1076, ocupación que se produjo tras el asesinato del Sancho Garcés IV en Peñalén.

Los reinos de Navarra y Aragón alcanzaron hacia 1162 un acuerdo de paz por trece años, y la situación se volvió propicia para una posible intervención de Sancho VI en Castilla. Además, una vez fallecido Sancho III, el monarca navarro se veía liberado de su vasallaje hacia el monarca castellano. Inició la penetración en tierras riojanas en octubre de 1162, ocupando en primer lugar Logroño. El gobierno de esta ciudad fue otorgado a Pedro de Arazuri, el cual gobernaba también en Tudela. Posteriormente fueron cayendo una tras otra varias plazas de la Rioja como Entrena y Pazuengos, y al otro lado del Ebro, Ausejo, Resa, Autol, Quel y Ocón. Las operaciones duraron hasta marzo del año 1163 y las tropas en su avanzada debieron ocupar, entre otros lugares, Grañón, Cerezo, Treviana, Miranda de Ebro, Salinas de Añana y Briviesca, acercándose hasta las proximidades de Burgos. El rey navarro se hizo con casi toda la Rioja y la Vieja Castilla a excepción de Nájera y Calahorra, plazas que eran defendidas respectivamente por el vizcaíno Lope Díaz de Haro y por el conde Gómez González. Consiguió alcanzar las tradicionales fronteras de Montes de Oca, y por el Oeste, recuperó Álava con Estíbaliz, Divina y la tierra de Durango.

Los reinos musulmanes de la península se encontraban en un periodo de inestabilidad política en el que el predominio almorávide iba cediendo paso al dominio almohade. En esta época los reyes musulmanes respondían ante el califa Abu Yaqub Yusuf, atemorizados por su poder, a excepción del rey de Murcia y Valencia, Ibn Mardanis, conocido entre los cristianos como Lope "El Lobo". Este rey, para mantener su independencia frente a otros poderes, estableció distintos pactos con los reyes cristianos, negoció con ellos ayudas militares y, salvando ciertos enfrentamientos con el monarca aragonés, mantuvo buenas relaciones con ellos. Así, cuando alrededor del año 1162 Lope fue atacado por Yusuf, el rey de Murcia y Valencia volvió a dirigirse a los reyes cristianos solicitándoles auxilio. En estos momentos, solamente Sancho "el Sabio" se encontraba en condiciones de poder prestarle ayuda y el monarca navarro acudió a Murcia. Las fuerzas cristianas prestaban su apoyo a Lope principalmente por dos cuestiones; por una parte Lope frenaba la expansión almohade, y por otra, recibían del musulmán importantes cantidades de dinero como pago por sus servicios.

La minoría de edad de Alfonso VIII de Castilla favorecía las actuaciones políticas del rey de Navarra y, mientras durase esta situación, Sancho VI podía mantener fuera de peligro la integridad territorial del reino. En octubre del año 1167 los reyes de Castilla y de Navarra firmaron en Fitero una tregua por diez años, tregua que finalmente distendió las relaciones entre ambos reinos por un periodo de seis. Su ruptura sobrevino en 1173, cuando el monarca castellano, ya mayor de edad, quiso recuperar la Rioja con ayuda del rey aragonés.

El 19 de diciembre del año 1168 Sancho VI y Alfonso II de Aragón firmaban un tratado en San Adrián de Sangüesa o Vadoluengo por el que ambos monarcas establecían una paz por 20 años, pero este tratado también tenía como objeto las tierras de los dominios del rey Lope de Murcia. Sólo un mes y medio antes el aragonés había firmado una tregua con Lope. Se encontraba entonces en el señorío de Albarracín, dominio que anteriormente había dependido de Lope, Pedro Ruiz de Azagra, señor de Estella y de Valtierra. Bajo el reinado de García Ramírez este personaje había acudido a prestar colaboración por parte de Pamplona al rey castellano en la campaña de Almería. Ya en el reinado de Sancho VI había entablado buenas relaciones con el rey Lope; el rey de Murcia pagaba las soldadas cristianas e incluso permitía a Ruiz de Azagra instalar colonias cristianas en determinados lugares estratégicos. Llegó a cederle la iglesia de Santa María de Albarracín y permitió el establecimiento de una colonia formada principalmente de navarros. El tratado firmado entre el Sancho VI de Navarra y Alfonso II de Aragón, desde la perspectiva navarra servía para legitimar las posesiones que Ruiz de Azagra iba adquiriendo en tierras de Lope. Estas adquisiciones a su vez supondrían un punto de enfrentamiento con el rey aragonés, el cual tenía como objetivo de sus conquistas a Santa María de Albarracín.

En el año 1173 el rey navarro se encontraba en una situación comprometida y Alfonso VIII de Castilla aprovechó la ocasión para entrar en la Rioja. En primer lugar ocupó algunas plazas en las inmediaciones de Miranda de Ebro, en la Vieja Castilla. Ya en la Rioja tomó la ciudad de Grañón, situada sobre un afluente del río Tirón, cerca de Santo Domingo de la Calzada, y también Pazuengos. Antes de llegar a estos lugares había ocupado algunas localidades como Ameyugo, Santa Gadea, Portilla, Treviana y Cerezo. En julio tomó Quel, en las proximidades de Arnedo, y en septiembre se adentró hasta Artajona, llegando después a la misma Pamplona.

Al año siguiente, el 18 de enero de 1174, la alianza entre Aragón y Castilla se estrechó con la boda en Zaragoza del rey Alfonso II con doña Sancha, hermana del rey castellano. En la primavera de ese mismo año los monarcas de Castilla y Aragón acordaron atacar conjuntamente al reino de Navarra y el monarca castellano dirigió una incursión a Pamplona. En ella cercó durante dos días a los navarros en la fortaleza de Leguín, próxima a Urroz. En julio de 1176 realizó otra incursión hacia el interior del reino; pasó el Ebro por Calahorra y se adentró de nuevo hasta Leguín, ocupando su castillo. El 22 de agosto la expedición regresó a Nájera.

Los daños y gastos provocados por las incursiones bélicas sumían a los navarros en una situación insostenible. El 25 de agosto de 1176 los monarcas Alfonso VIII de Castilla y Sancho VI de Navarra se entrevistaron entre Nájera y Logroño. Acordaron establecer una tregua por siete años y resolvieron disponer sus diferencias bajo el arbitraje de Enrique II Plantagenet de Inglaterra. El monarca inglés no era un intermediario desinteresado en las cuestiones políticas entre Navarra y Castilla. En primer lugar, era suegro de Alfonso VII, ya que su hija, la princesa Leonor, contrajo matrimonio con Alfonso VIII de Castilla en septiembre de 1170. Por otra parte, la reina Leonor, madre de Leonor infanta, era duquesa de Aquitania y Poitou, y la infanta Leonor fue dotada por sus padres con Gascuña, territorio fronterizo con Navarra por el Norte. El poder de Castilla hacía su presencia por el flanco Norte y, a los enemigos tradicionales de Aragón y Castilla se añadía la complicidad de Inglaterra. A pesar de todo ello, las circunstancias obligaban a Sancho VI a intentar restablecer la paz.

El fallo del arbitraje se fijó para el 9 de marzo del año 1177 y los embajadores de Navarra y Castilla acudirían en esta fecha a la corte inglesa para recibir su sentencia. Como garantía de su compromiso, ambas partes dispusieron tres de sus más renombrados castillos como fianza; los castellanos dispusieron los castillos de Nájera, Arnedo y Cellorigo, y los navarros los castillos de Estella, Funes y Marañón. La sentencia, que ordenaba la devolución de las conquistas hechas durante el reinado de Alfonso VIII, fuesen conquistas o recuperaciones, no fue del agrado de ninguno de los dos reyes. Aceptando esta resolución el rey castellano recibiría Logroño, Navarrete, Entrena, Autol y Ausejo, y el navarro Leguín, Portilla y el castillo que tenía Godín. Igualmente el fallo ordenaba guardar los siete años de tregua firmados anteriormente y la entrega por parte del rey castellano a Sancho de 3000 maravedíes anuales durante el periodo de diez años.

El conflicto entre Sancho VI y Alfonso VIII no se resolvió completamente con el arbitraje de Enrique II y el año 1179 ambos reyes volvieron a establecer un acuerdo de paz por el que se comprometían a aceptar la sentencia dada por el monarca inglés. Por medio de este acuerdo establecieron la entrega de los lugares de Logroño, Entrena, Navarrete, Ausejo, Autol y Resa por parte del rey navarro a Alfonso de Castilla.

La cesión de tierras efectuada a Castilla por parte de Navarra, cumpliendo la paz de 1179, era un acto arriesgado y favorable a los propósitos castellanos de introducirse en el reino de Navarra. En estos momentos el monarca creía que la mayor amenaza procedía de la frontera occidental con Castilla y no de la frontera con Aragón. Además, las relaciones entre Castilla y Aragón se estaban deteriorando por cuestiones fronterizas entre ambos reinos. Bajo estas circunstancias Sancho VI se propuso consolidar el sistema defensivo del territorio prestando atención especial a las fronteras occidentales del reino. Se añadieron a las fortalezas existentes de Portilla, Buradón, Laguardia y San Vicente una serie de tenencias que fueron encomendadas a las personas más cualificadas del reino. La primera línea del sistema fortificado se dispuso en la fortaleza de Portilla, el río Zadorra, la fortaleza de Arganzón, la de Zaitegui (1188), las peñas de Urkiola y Anboto, y como retaguardia el castillo de Aitzorrotz en el valle de Léniz (1184). La segunda línea estaba formada por la fortaleza de Buradón, frente a Haro, la sierra de Toloño, Treviño (1181) y Vitoria cerrando el circuito (1184). Una tercera línea era formada por Laguardia, Punicastro, por las plazas situadas en los brazos del Ega de Marañón, Arlucea (1181) y Antoñana (1181), y la de Santa Cruz de Campezo en la confluencia de ambos brazos. Seguía esta línea defensiva por la sierra de Entzia y Urbasa, y constituía la retaguardia la plaza de Estella.

La política de fortificación de la frontera con Castilla vino acompañada de la fundación de villas y de la concesión de fueros para atraer pobladores a los núcleos de nueva fundación. Estos fueros otorgaban una serie de privilegios y franquezas a los moradores que pasaban a residir en dichas localidades, entre ellas, el derecho a ser juzgados por autoridades concejiles de la villa y no por poderes señoriales. Sancho VI inició esta política de concesiones el año 1164, dando a Laguardia el fuero de Logroño. De la población de Laguardia, elevada ahora a la categoría de villa, el fuero se extendió a San Vicente de la Sonsierra (1172), a Antoñana y a Bernedo (1182). Estella, que había recibido su fuero en 1090 de manos del rey Sancho V Ramírez, fuero basado en el de Jaca, obtuvo el mismo año de 1164 la confirmación de éste en su versión extensa. La población de Villaba también recibió el fuero de Jaca, en 1184, a través del que disfrutaban los habitantes del burgo nuevo de San Nicolás de Pamplona. Entre los fueros concedidos durante este periodo destacan los otorgados a San Sebastián (1180) y a Vitoria (1181), fueros que posteriormente fueron extendidos a otras poblaciones. El de San Sebastián estaba basado en el de Jaca y en el extenso de Estella, mientras que el de Vitoria en el fuero de Logroño.

Al menos una década antes el monarca navarro había otorgado el Fuero de los judíos. La población judía en Navarra constituía un grupo social con importante presencia en actividades económicas y comerciales. El ejercicio de estas actividades y en especial su libertad para realizar préstamos, práctica mal considerada dentro de la religión cristiana, había contribuido a forjar su reputación de pueblo codicioso y usurero. Sancho VI, según algunos autores tratando de mitigar la discriminación de la que eran objeto, pero también para asegurarse una población con importantes recursos económicos, confirmó el Fuero de los judíos de Nájera a la aljama de Tudela (1170), otorgado en el año 1121 por Alfonso I el Batallador, y lo extendió a la aljama de Funes (1171).

La desconfianza mutua que había ido creciendo en las relaciones entre Castilla y Aragón favoreció a Navarra. El rey aragonés Alfonso II y Sancho VI se reunieron el 7 de septiembre de 1190 en Borja. En esta entrevista acordaron establecer una alianza defensiva contra Castilla, acuerdo que ratificaron ese mismo mes en Daroca. Ambos reyes pusieron unos castillos en fianza, castillos que quedaron bajo la custodia de Fernando Ruiz de Azagra.

Por otra parte, en mayo del año 1191 los reyes Sancho I de Portugal, Alfonso IX de León y Alfonso II de Aragón, reunidos en Huesca, acordaron una alianza general contra la hegemonía de Castilla. Al mes siguiente, el 11 de junio, Alfonso II de Aragón acudió a Tudela para reunirse con Sancho "el Sabio". El 24 de junio el monarca navarro devolvió la visita al aragonés. Acudió a Zaragoza con su hijo, donde fueron recibidos con una gran recepción. Fruto de acuerdos posteriores, los dos monarcas aunaron sus ejércitos para entrar en tierras de Soria, si bien esta campaña contra Castilla no tuvo mayores repercusiones.

El cambio en las relaciones políticas y diplomáticas de los reinos vecinos daba un vuelco a la situación y ésta se hizo más favorable para Navarra. La coyuntura se hizo aún más propicia al concertarse el matrimonio de la hija del rey Sancho, Berenguela, con Ricardo I "Corazón de León", rey de Inglaterra. Si antes el apoyo de la monarquía inglesa se inclinaba hacia Castilla, ahora frenaba las intenciones castellano-aragonesas sobre el reparto del reino de Navarra.

El matrimonio entre Berenguela y Ricardo I de Inglaterra, que tuvo lugar el 12 de mayo del año 1191 en Chipre, proporcionaba a Navarra un aliado cercano. El rey de Inglaterra, también duque de Normandía y de Anjou, tenía bajo su dominio los territorios de Gascuña y Aquitania, de forma que el reino de Pamplona no limitaba con Francia.

Ricardo I participó junto con el monarca francés Felipe II Augusto en la III Cruzada a Tierra Santa y, a su regreso, Ricardo fue apresado por el duque Leopoldo de Austria en Viena, reteniéndole desde el 21 de diciembre de 1192 al 4 de febrero de 1194. Esta circunstancia fue aprovechada por el monarca francés, que quería recuperar los territorios que habían quedado bajo soberanía inglesa, para iniciar la conquista de Normandía. Las tierras aquitano-gasconas también se hallaban expuestas a la ofensiva del rey de Francia y además, el senescal de Gascuña se hallaba enfermo. Por otra parte, varios señores de Gascuña y Aquitania también quisieron aprovechar esta ocasión para liberarse del dominio inglés, y el senescal fue atacado por los condes de Périgord y de La Marche junto con otros barones gascones.

El príncipe navarro Sancho, primogénito de Sancho "el Sabio" y rey que gobernaría posteriormente como Sancho VII "el Fuerte", acudió en auxilio de su cuñado Ricardo. El infante navarro se adentró en Gascuña y en tierras del conde de Toulouse, llegando a las inmediaciones de esta ciudad.

En mayo del año1194 el infante Sancho volvió a luchar a favor de Ricardo I contra el rey de Francia. Participó en la toma del castillo de Loches (Indre et Loire) y en este lugar recibió la noticia de la muerte de su padre en Navarra. En esta campaña el príncipe de Navarra asoló las tierras de Godofredo de Rancón y del conde de Angulema.

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